lunes, noviembre 03, 2008

Daniela D´orsay, mi Bella Amada Francesa...

Volví a despertar, me asomé al tragaluz y allí estaba otra vez, tal cual la dejé: En medio de la noche, reflejada contra la pálida luz de la luna...
Los ojos como estelas. Alta, grácil, como una grulla majestuosa. Elevada sobre una duna, con los cabellos ondeando al céfiro; una túnica traslúcida y aquellas manos largas y finas. Daniela D´orsay, mi bella amada francesa...

Aguardaba durante días abrasadores a que Rafat regresara con las piezas para reparar el blindado, los auxiliares de la cruz roja para atender mi herida de metralla, y el abastecimiento de fuel necesario para unirnos al resto del ejército inglés en la línea de Gazala. Odiaba el lugar donde me encontraba. Sólo estaba aquella arena amarilla que se filtraba por doquier, víboras del desierto, escorpiones, y aquel sol implacable. De momento disponía de dos cantimploras de agua, unas latas de raciones en conserva, y un aparato de transmisiones semi averiado, con el que no podía conectar pero sí escuchar los partes de guerra; y según discurría la cosa, la contienda estaba perdida. Así que más nos valdría poner pies en polvorosa cuando volviera. Ya que el Mariscal Erwin Rommel avanzaba imparable en un desierto que parecía conocer mejor que cualquiera de los torpes generales anglo americanos.

Al cuarto día comenzó a preocuparme el olor; no de mi herida, sino el de Carter, mi compañero de viaje. No... No lo eché de menos, me resultaba un ser grotesco y desagradable. Despreciaba sus estúpidos juegos de palabras, sus risotadas insulsas, sus actitudes groseras. Pero sobre todo que se burlara de mí y de mi querida Daniela alegando que me ponía los cuernos. Y, además ¡qué diantre! El cabrón había tenido suerte hasta en la hora de morir. ¿Que mejor que hacerlo cazado de un limpio balazo en la frente?

Fue al alba de la primera semana, creo. El simún barrió con fuerza el desierto, no se veía a dos palmos de distancia, cuando aquello. Esa cosa blanda y gelatinosa, rozó mi semblante. Traté de ver qué era y no pude. Me asusté. Sí, lo confieso, no suelo impresionarme fácilmente. Pero en aquel momento me sentí confuso y aterrado. Cómo pude abrir la escotilla de la tanqueta deslizarme a rastras y salir del interior, es un misterio. Desde luego – estaba claro – no pensaba quedarme allí dentro un instante.

Sin embargo, una vez fuera, fui consciente de algo esencial; había salido pero ya no era capaz de entrar. Quiero decir… el dolor de la herida, sin ninguna droga que lo aliviara, resultaba insoportable y me impedía desplazarme so pena de sentir que me dejaba el vientre en el intento. Aparte sentía las piernas adormecidas; sin duda algo afectaba a mi sistema nervioso o a mis órganos sensitivos. Aunque lo peor de todo no era haber salido, al contrario, me alegraba de haberlo hecho y poder respirar aire puro, sino que en mi precipitada huida hubiese tenido la pobre ocurrencia de tomar sólo una cantimplora.

Me recosté bajo la sombra que me proporcionaba la mole del blindado y desde allí no cesé de observar la cima de la duna. El lugar sobre el cual, por las noches, solía ver a mi amada...

Maldije cien mil veces mi pueril arranque patriotero. Me había dejado engañar como un imberbe. Bebiendo pintas de cerveza, aullando hurras a la patria, y a un honor que ni tan siquiera me había sido desenmascarado. Aunque luego, más tarde, en el campo de batalla, supe la verdad. ¡OH sí! Descubrí de qué materia está surtido el honor y también, donde puede quedar condenado. Cuando toneladas de bombas y metralla desahogan su armonioso concierto en “Do Mayor espeluznante”, y vomitas de puro terror. Sí, en Mersa Brega inauguré un glorioso historial de dignidad destripada por dosis de espanto. Allí perdí a Eric, a Tomy... Paul. A partir de ese momento dejé de evaluar. ¿Para qué evaluar? Menos indagar en los rostros de los recién llegados. Conocía de sobra la carga de miedo y desconcierto que soportaban. De modo que para qué preguntar nombres, prefería llamarlos de “tu.”
Comenzó una larga estampida con Rommel pisándonos los talones. Después vendría Trípoli, Cirenaica… y todo continuaba igual, con su imperturbable secuencia de derrotas, sangre, cañonazos, hierros, sudor, sangre, horizontes de lágrimas, puestas de sol ardiente, cuerpos despellejados, lamentos...
Conocí a los hombres del desierto; eran silenciosos en un lugar silencioso. ¿Alguien me puede explicar por qué hay que guardar silencio dentro del mismo silencio?
- “Tal vez yo pueda.” Contestó el deplorable Carter.
- A ver, dime.
- “Pues está claro. Porque el silencio en sí impone su propio y abrumador respeto.”
Y sonrió de forma estúpida. Aquello fue tal vez lo único razonable que salió de su boca en su insulsa vida.

Todo consistía en una carrera de repliegue de pozo en pozo; es decir, de oasis a oasis. Había muchos tipos de oasis. Los que conformaban un precioso vergel y todos conocían, por lo cual no eran aconsejables, pues sus aguas solían estar pulcramente envenenadas; y los pozos en sí. Un pozo solía hallarse perdido en medio de un erial de rocas, y era apenas divulgado por dos o tres malditos tuareg; los cuales, o estaban de nuestra parte o de la de Rommel. El juego maestro consistía en lidiar con los hombres del desierto. Aunque a menudo fueran ellos quienes lidiaran con nosotros: “engreídos hombres de una desbocada civilización en ruinas.” Los había que detestaban tanto a los alemanes como a nosotros. Y si cualquiera se perdía, ya podía ponerse a rezar para no encontrarse con una partida de camelleros. Pues por lo general, si nos apresaban a solas, no solían tratarnos como a dignos caballeros. Aparte de robar nuestros enseres, les agradaba despellejarnos y dejarnos morir, como quien dice, a fuego lento.

Durante días tuve la inexplicable sensación de que nuestra tanqueta navegaba. Resulta curioso como el desierto puede llegar a parecerse al océano. En la mar navegas sobre las olas y en el desierto lo haces sobre las dunas. Es igual. Había momentos en que el horizonte se reducía a una impresionante escala cromática de dunas danzando sobre dunas. Y si las observabas con detenimiento, te dabas cuenta del detalle. Jamás cesaban se moverse. E incluso unas a otras se atacaban con furia tratando de tragarse, y lo hacían. Las mayores devoraban a las diminutas. En cambio cuando soplaba el simún… cuando soplaba aquel maldito viento, todo era diferente. Si no nos deteníamos, acabábamos perdiéndonos y volver a reorganizarnos nos llevaba horas e incluso, días. No obstante al zorro nada parecía afectarle. Invariablemente surgía de la nada y moviéndose como pez en el agua nos hostigaba, nos desangraba, nos arrancaba las carnes… nos martilleaba con sus baterías...

Sucedió después de aquel ataque alemán, en medio del simún. Nos dimos cuenta que habíamos perdido contacto con nuestro destacamento. Le pedí instrucciones a Rafat, nuestro guía, para que nos condujera al pozo de Ben – Asar. Intuía que estábamos cerca, y así parecía ser. A quienes no presentí aquel amanecer fue a los hombres del desierto. Apostados tras las dunas abrieron fuego contra la tanqueta. Carter tuvo suerte, ni se enteró. El primer balazo penetró por la mirilla y lo fulminó. Por fortuna tuve tiempo de localizarlos y un par de andanadas bien orientadas los alcanzaron de lleno. Menos al valeroso chico que cometió la locura de desplazarse hasta el blindado y colocar la anti tanque. ¿Fue un acto de valentía o de locura insensata? Lo abatí de dos disparos. Él, en cambió, mientras agonizaba, murmuró un “Al Hamdu Lellah” (gracias a Dios) y sonrió. Me di cuenta al ver en sus ojos el triunfo. De pronto estalló el universo y me desmayé. Cuando desperté Rafat estaba junto a mí; había tenido más suerte. Me había puesto una gasa en el abdomen y me escudriñaba impertérrito. Él no temía al desierto. Estaba en casa, y cerca estaba el pozo. Iría a por lo indispensable, me dijo. Le creí, creía en la palabra de los hombres del desierto. Si la concedían a otros hombres de su condición era férrea y sincera pensé entonces. Pero ¿y a nosotros? Éramos invasores de su desierto. De aquel lugar que creíamos el más seco y estéril del mundo. Y en el que, sin embargo, ellos podían vivir y desenvolverse con soltura. Porque al contemplarlo, su mirada no se topaba sólo con dunas y arena, sino con un laberinto repleto de accesos invisibles para nosotros que funcionaban como claves para acceder a un caudal de alimentos inagotable. Todo se basaba en aprender a observar. El interior de cada duna almacenaba secretos inconcebibles. Y, ahora, nosotros estábamos allí, para robárselos, debían suponer; y con razón. Ni pensarlo. No estaban dispuestos a dejarse engañar. Por eso, la mayoría admiraron a Rommel. Porque en el fondo él comprendió y descifró algunas de las claves secretas del desierto. Su desierto.

Permanecí mirando inmóvil, abrí y cerré los ojos varias veces. No. Esta vez no se trataba de un espejismo. Estaba allí. ¡La palmera! La punta de la datilera sobresalía de detrás de una duna. Había vaciado el agua de la cantimplora hacía horas y me hallaba sediento. Debía alcanzar el árbol. El pozo, mi única salvación, estaba a menos de cien metros. Pero no podía hacerlo a pleno sol o moriría abrasado y de sofoco. Sediento, con la lengua hinchada como un andrajo inútil, aguardé al atardecer. El sol comenzó a declinar, me sentí ligero y con fuerzas. Ya no veía la palmera, pero estaba en ese lugar. Tras la duna.
Comencé a arrastrarme. Sobre los antebrazos progresaba con mayor lentitud de la que inicialmente supuse. ¿Me hallaba tan mal? Creo que tardé cinco o seis horas cuando mi cabeza chocó contra algo. Por fin, el árbol. El agua estaría debajo. Tan sólo debía excavar. No tenía una pala. Me dio igual, sólo era fina y suave arena. Me concentré en sacar tierra; extraía sin cesar y mientras, pensaba en un baño colmado de agua.
De pronto me detuve y con aterrador desaliento fui consciente. No había palmera, solo una roca. Había abierto un hoyo inútil, de tamaño considerable, junto a un peñasco redondeado y macizo. Comencé a reír como un mandril con histeria y perdí el sentido.

Volví en mí y comprendí la situación; iba a morir. Miré al hoyo de soslayo, y en el fondo vi ¿el espejo? No, ¡era agua! Primero, en un susurro, canté, y a continuación lloraba y vibraba de alegría. ¡Lo había logrado! Había vencido. Me volví boca abajo dispuesto a saciarme y de pronto el silencio de la oscuridad se quebró con el angustioso piafar de un corcel. Enmudecí. Giré lentamente sobre mí, y allí estaba otra vez, en medio de la noche. Reflejada contra la pálida luz de la luna.
Los ojos como estelas. Alta, grácil, como una grulla majestuosa. Elevada sobre una duna, con los cabellos ondeando al céfiro; una túnica traslúcida y aquellas manos largas y finas. Daniela D´orsay, mi bella amada francesa...

Está vez el corcel no se limitó a disolverse. Al contrario, comenzó a descender. Galopaba con elegancia y ella, envuelta en aquella tela de satén traslúcido.
Una vez junto a mí, se detuvo. Su mano larga, preciosa y quebradiza, surgió de debajo de la tela y se me ofreció. Admirado, realicé un esfuerzo ímprobo, pero no baldío. Empleé minutos, quizá un cuarto de hora, y logré alzarme sobre ambas piernas. Con deleite tomé la mano la besé y descubrí aquel tacto frío y blando adherido al instante sobre mis labios. Pasé una mano para secarme la boca y la hallé cubierta de larvas; blancas y repugnantes. Entonces lo supe. Daniela D´orsay, mi bella amada francesa ¡estaba muerta!
Proferí un lamento angustioso. Y aquella mano, revirtiéndose en piedra caliza me rechazó. Comencé a efectuar equilibrios al borde de la zanja. No duró siquiera un instante. No quise hacerlo, fue un acto reflejo. Miré directamente el rostro y como si me insertaran alfileres el rayo punzante penetró en mis pupilas y vislumbré las cuencas oscuras de la muerte. Perturbado, perdí el equilibrio, y me precipité en la fosa medio anegada: La cabeza bajo el agua, las piernas paralizadas. Y no pude hacer otra cosa sino beber; tragar agua y más agua y así perecí: ahogado. Saciado de sed a reventar en el desierto más árido del mundo.

Y mientras lo hacía, pensé en bajeles desorientados, océanos de plata irascible, y en como habría discurrido mi vida junto a Daniela D´orsay, mi bella amada francesa...


José Fernández Del Vallado. Josef. Arreglo: Nov 2008.







Reacciones:

49 libros abiertos :

  1. Tus relatos son tan variados que a veces tengo la sensación que te has reencarnado mil veces.

    Mi aplauso admirado.

    Saludos.

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  2. ¿Y tu no has estado allí? Por que tus descripciones son como si lo hubieras vivido.

    Pero que angustía he pasado con lo temprano que es.

    Saludos

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  3. Como dice luz de gas, es como si lo hubieras vivido y no sólo eso si no que nos haces vivirlo a nosotros ;)
    Muuuuuacks!

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  4. Claro que he estado en el desierto. En la frontera de Argelia con Marruecos, hace ya unos años. Disfruté como un enano y vi algunos de los paisajes más alucinantes que he presenciado en mi vida. Lo de la guerra, lo extraigo de películas, libros sobre el Afrika korps que leía antes. Lo de las costumbres; soy un aplicado alumno de geografía e historia en la UNED, y aunque ya casi no asisto a las clases ese es uno de mis puntos fuertes. Saludos!

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  5. Me encanta tu forma de escribir, nos sumerges en tus relatos y en el mundo que describes, de un modo admirable.

    Fantástico.

    Un abrazo.

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  6. El beso de la fría muerte en el ardiente desierto...

    Muy bueno el texto, felicidades

    Saludos

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  7. Josef... ya no dejás de conmoverme con tus textos...

    Bello, bello!

    Besitos!

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  8. Me he sentido como en casa, Josef... Todo y lo terrible que puede llegar a ser el desierto, tiene, porque lo conoces, lo conocemos ambos, esta magia que no le podemos negar, Un palmeral un oasis y una jaima acogedora, sin fantasmas Josef... Un té oloroso para reponerte...

    Me ha captivado tu relato... Mucho...

    Besos.

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  9. Después volveré.. para mi ración de lectura.. antes de irme a la cama..hasta luego........

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  10. Todo cuento tiene algo de verdad y de mentira que se entremezclan para crear una nueva historia.. como dice Lara, lo fundamental es que nos haces vivir esa historia como propia.. gran trabajo!..

    PD: Lamento no haber pasado más a menudo por tu blog, poco tiempo libre y problemas con el internet son una muy mala combinación.. =S

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  11. Qué bella (sí, bella) muerte para justificar toda una vida...

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  12. Da gusto perderse en cada una de tus historias... cada vez relatas mejor! Felicidades

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  13. No dejas de sorprenderme, que joio, que sabes escribir sobre todo. Una descripción magnífica y el final genial.
    Besitos varios.

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  14. Tremenda historia, me pusiste el vello de punta, sentí la viscosa caricia de la muerte y su pestilencia en el marco del desierto...

    Eres un genial narrados Josef, te felicito.

    Besos, amigo :)

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  15. Fascinante, muy buen relato. Un beso

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  16. Incansable al desaliento...

    De dónde sacas tanta energía?

    :-)

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  17. Tu narración es tan clara que cuando se lee parece que se está viviendo en primera persona.
    Saludos.

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  18. Senti el desierto, el desaliento, la muerte. Genial.

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  19. Hola! me he dejado este relato para un momento que tuviera mucho tiempo y poder disfrutarlo, y me ha encantado.Has hecho que vivamos el desierto ,la desesperacion del protagonista por sobrevivir, que el pobre no sobrevive..pero claro no podía tener otro final lo entiendo,a ver quien sobrevive asi en medio del desierto..

    Besitos

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  20. Como siempre no pude parar de leerlo. Tiene un ritmo que atrapa desde el principio. Un gusto leerte José!
    Abrazos

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  21. Jose,todo lo tuyo atrae

    y absorbe!

    Magnífico

    Besos

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  22. El desierto como laberinto me recordó a una breve historia de Borges, una venganza de un rey que llevaba a quien lo engañó metiéndolo en un laberinto, a conocer otro laberinto, ese más vasto y hostil que es el desierto. Se te dan bien las historias bélicas. Un abrazo.

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  23. Al leer el relato por primera vez, sólo pensé en la variedad en tus narraciones. Eres capaz de llevarnos de crucero, de trasladarnos a una historia de violencia o de introducirnos en el desierto. Y al final tengo la sensación que todas esas historias reconducen hacia ideas comunes.

    Un abrazo.

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  24. Me encanta leer tu relato y oir por debajo la música que suena, es la banda músical de tus historias que acompaña a la perfección al texto.
    Saludos

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  25. Das tanto lujo de detalles, sumerges tanto en la historia, que, aunque literaria, parece un retazo autobiográfico...

    :) Un beso.

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  26. Devoro con avidez tus relatos, éste también lo viví como si estuviera allí...

    Besos borrascosos

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  27. No dejo de aplaudir tus inspiraciones, me encanta como escribes, lo haces muy bien es super inspirador...

    Felicidades..!!!

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  28. Hola Moderato creeme que estoy de acuerdo contigo en tu comentario. El pueblo en Estados Unidos claro no todos,son faciles de persuadir y sobre todo con la prensa EEUU que estaba mas que vendida al gobierno de Bush todo por no ser tachados de anti-patriotas. Por ello cuando a mi me dicen que Bush engaño al pais, les digo lo que pienso de lo facil que fue persuadirlos y como al no leer o ni siquiera investigar cada ciudadano por su cuenta es tan facil venderles cualquier cosa y los ciudadanos comprar todo lo que te vendan.

    En realidad vivir aca y ver como a veces la gente piensa o siente es un poco dificil porque aun siguen creyendo en la supremacia, que son lo mejor, y no ven en realidad como funciona el sistema. Creeme vivi en una dictadura, luego bajo un gobierno comunista que en realidad nunca lo fue. Vivi de cerca lo que es estar en el medio de dos sistemas tanto Capitalista como Comunista y aprendes mucho cuando no eres fanatico y tratas de ser objetivo.

    En fin siempre me gustan tus relatos tanto por la capacidad de llevarlo a uno de la mano a otro lugar, como por la calidad literaria.

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  29. Muy interesante tu relato, lo que escribes se lee de maravilla, se deja leer y no sólo se deja, te atrapa. Un afectuoso saludo.

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  30. Dios!!!!!!!!
    cómo describís cada minuto, cada lugar!!!!!!!!!!!!!!!!!
    entre la realidad y el espejismo, entre la verdad y la ilusión...
    genial!!!!!!!!!

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  31. alguna vez te he dicho que me encantan tus escritos?, principalmente la forma en que lo haces!!

    un beso!

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  32. Un interesante relato, perfectamente estructurado, como siempre. Tus letras son atrapantes.
    Un beso grande.

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  33. No podría ser de otra manera..la muerte..siempre tan inoportuna

    Un beso..un café??

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  34. Una historia atrapante con un final inesperado. Me gustó mucho.
    Saludos!

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  35. Como siempre tu historias so fascinantes. Un beso

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  36. Tal vez el relato hace traspasar las sensaciones de todo caminante perdido en lo árido de un desierto.Con la llegada de la muerte,los síntomas irreflutables del final.
    Eso de las dunas en movimiento me hizo ahondar en la vida silenciosa que llevan.

    Impecable para mi...como siempre.
    Un beso...no mejor dos.;)

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  37. Mientras leía, temía este desenlace, pero no cejó mi esperanza de hallar un final feliz.

    Magnifico relato con riqueza mayúscula de palabras.

    Un abrazo

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  38. Leer tus escritos, es disfrutar de la buena lectura, la que tú nos proporcionas, la que tú haces compartir con todos nosotros, escribes extraordinariamente bien, y para mí, es un placer siempre leerte. Te doy las gracias por seguir, por compartir tus escritos.

    Un beso muy grande, amigo mío.

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  39. eres un cazador de intencionalidad y emocionalidad potente
    sabes atrapar a quien te lee de pe a pa
    ese ritmo casi vertiginoso es todo un acierto
    FELICITACIONES!!!

    muakismuakis acá volviendo del sur

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  40. Gran descripción de ambiente, sentimientos y situación. Precioso y conmovedor. Un saludo

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  41. Uuuuff, qué fuerte, morir ahogado en medio del desierto. Me ha encantado. Escribes de maravilla.
    Besos felinos.

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  42. Muchísimas gracias por haberte pasado y sobre todo porque comentarios como el tuyo me alentan a seguir escribiendo.. aunque meramente lo haga como forma de escape...
    Tu historia es fascinante, así que te seguiré leyendo, te linkeo para no perder tu dirección.
    Un besote

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  43. Hola, moderato...

    Ya nos hemos presentado formalmente y sabes? me arrepiento de no haberme pasado por aqui... las hitorias que leo de sobrada imaginacion y mejor pluma me hacen palidecer de envidia...pero seguiré leyéndote!

    Besicos

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  44. ante todo, y perdón por salirme del contexto, pido disculpas no contestar a tu comentario en el que me pedías de dónde había sacado el baner de 'vótame' al 20 minutos. he estado desconectado de la blogosfera por motivos laborales...
    ese gif me lo hice yo mismo.... si estás interesado mándame u email y te digo...
    un abrazo

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  45. Me gusta leerte Moderato. Lástima no tener más tiempo para no perderme ningún post.
    Me habían dicho que el desierto es mágico y parecer ser verdad....


    Un beso

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  46. Como siempre me surpreeendes con tus relatos...tan distintos entre ellos que es como si tuvieras la experiencia de vida de muchos hombres...
    Abrazo enorme!

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  47. Querido amigo

    Por motivos complicados que he tenido de salud y bastantes problemas personales, no he podido estar cerca de ti
    Solo darte las gracias por tus saludos y tu compañía todo este tiempo
    Todo esto ha sido lo que me ha mantenido alejada de la Net sin poder contestar los saludos pero si he leído todo lo que me has envidado y gracias por sentirte cerca

    Mil gracias y desde mi corazón te envío todo mi cariño
    Voy un poco mejor, y hoy me he dado fuerzas para saludarte y enviarte todo mi cariño

    Un abrazo grande y sigo contigo apoyando todo lo que haces
    Mil besitos, mil abrazos y mil disculpas
    Que estés muy bien

    Como siempre logras encantar con tus letras, te he extrañado
    Gracias

    Verena

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  48. Querido:
    Tú jamás dejarás de asombrarme.Un relato humano, conmovedor, tan bien escrito!
    Porqué no te mudas para acá?!
    Un abrazo, lleno de admiración.

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  49. realmente me has impresionado con tu relato Josef, por cierto tu nombre parece ser el nombre de un conde de lejanas tierras

    Te agradezco la visita y te doy la bienvenida a las osuridades de mi cripta, yo estaré por aquí leyendote cada vez que tenga oportunidad de romper mi hibernación habitual, a tal fin ya me apunte entre tus honorables seguidores

    fue un placer

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