miércoles, marzo 17, 2010

Independencia.


I
Nos pusimos en marcha temprano. Tras meses sin vernos pasamos una noche inquieta y apenas cesamos de fornicar en la tienda ubicada sobre la pared. Pero ahora era preciso continuar…

Liang Xu era bella y salvaje. No podía permanecer mucho tiempo junto a ella sin fornicar o pelearme. Entre nosotros no existían límites. Quizá por eso el sistema nos buscaba sin descanso. Habíamos desafiado a lo establecido en un mundo que proclamaba: “Elige libremente lo que quieras.” Yo elegí luchar y ¿por eso ya no era libre? Algo sonaba a chamusquina. Algo no funcionaba. Todos se creían libres y estaban sujetos, vigilados. Nadie era libre. Todo estaba cercado y lleno de ojos.

Liang era adorable y salvaje. Los mejores instrumentos contra el sistema eran mi cizalla y ella. Nadie como ella...
Día tras día atravesábamos fronteras, cortábamos cercos y penetrábamos en mundos libres y prohibidos. Eso era el capitalismo: Un mundo libre y prohibido. Una paradoja.

Había millones de habitantes libres que, sujetos al sistema, proclamaban que el socialismo había sido un fracaso pues no permitía más que aspirar a tener una bicicleta. Ahora, en cambio, podías aspirar a tener cuantas quisieras, pero como se destrozaban cada año, tenías que comprarte una nueva.
No sabía diferenciar qué era mejor, si aspirar a la eterna bicicleta o a cien mil motocicletas de papel...
Nosotros no éramos políticos. Apenas sabíamos lo que eso quería decir; lo habíamos olvidado. Nosotros éramos “rompe cercos.”

Me fijé en la complexión de Liang Xu. Durante la escalada libre ella iba siempre delante. En las paredes no había cercos; por eso escalábamos, porque allí éramos libres y únicos. A la mayoría de la gente no les agradaba sentirse únicos, preferían pertenecer a la masa. Actuar como la masa y hablar como la masa.
Nosotros no hablábamos; actuábamos. Liang estiró sus brazos de goma prendiéndose de lo inaprensible. Necesitaba estudiarla muy bien para poder repetirlo. Yo era muy bueno escalando pero ella, era genial. Ahí radicaba la diferencia abismal. Quisieron atraparnos en el sistema; su sistema. Nosotros no hablábamos. Ni concedíamos entrevistas a programas imbéciles. Descubrieron que filmarnos les salía barato y lo hacían cuando les interesaba.
Los helicópteros nos molestaban, por eso huíamos siempre. Durante días o meses nos perdíamos el uno del otro.
Aquella había sido la última vez, pero nos habíamos reencontrado de nuevo.
Liang realizó un giro de noventa grados sobre un saliente a más de trescientos metros del suelo. Había llovido y el mármol estaba resbaladizo; me costaba seguirla. Estaba seguro, ella era un arácnido: La reina de las arañas.

II
Antes de vernos me atraparon. Las manos de la masa me sobaron por primera vez en años. Sentí repugnancia y pavor; lloré y vomité. No quería decírselo. No debía enterarse de que acudí a aquel programa y hablé... sobre ella. Les conté que no era como los demás. Era pura. Un genio dedicado a su vida en las paredes. Nadie podía follarla excepto yo, porque jamás lo consentiría (eso último, no lo dije).
Me ofrecieron dinero por atraparla. Oro. Nunca había visto el oro. Era amarillo y brillaba más que mil soles. Me prometieron que si la atrapaba nos construirían un muro de oro donde podríamos vivir en libertad. Que no estaba bien ir de rascacielos en rascacielos, que comprendiera el significado de la palabra, prohibido.

III
¿Cómo hacerla bajar? Jamás la había visto en el suelo. Sólo yo descendía. Y ella... se alimentaba de huevos de los nidos que encontraba y de insectos, aunque de vez en cuando aceptaba alguna manzana. ¿Cómo explicar que existía un muro de oro sólo para nosotros? No lo entendería, lo material para ella nunca había existido; y ni siquiera tenía sentido. En cambio yo... lo descubrí cuando el niño me regaló la moneda y me explicó que con ella podría comprar. Desde entonces entraba en los supermercados con sigilo; nadie se fijaba. Descubrí el pan, la leche en tetra brik, la mermelada. Se lo llevé todo, y ella nunca quiso nada, lo dejaba caer con desprecio, excepto algunas manzanas y huevos.

Descubrí a la mujer pálida y con cabellos rojos en un callejón. Me insinuó que por treinta monedas. No supe qué decir. Estuve meses haciéndolo y me enamoré. Por vez primera perdí a Liang quien continuó merodeando en las cimas de los edificios altos y fríos. En cambio, allá abajo, con Dress, me sabía arropado, hasta que se marchó y me dejó. Entonces me atraparon.

Ahora, hoy, me cuesta seguirla. Sé que estoy enfermo. Como sé que la he matado, a ella, a mi amor. Igual que Dress hizo conmigo. Y la quiero muchísimo. Ella es mi único amor. Siempre lo fue. Lo sé. Como sé que no existen los sueños con muros de oro. También ahora lo sé. Vivo en un mundo libre en el que está prohibido ser libre y donde la libertad está llena de cercos. Sólo aquí arriba somos libres. Sólo aquí, en el cielo, y cuando echemos a volar…

José Fernández del Vallado. Josef. 25 marzo 2008. Arreglos 17 marzo 2010.









Reacciones:

39 libros abiertos :

  1. Que bello escrito y reflexion metafórica...

    Me ha ecantado...


    ¡Por la esclava... libertad... !


    Abrazosssss

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  2. A veces sólo nos quedan paradojas que duelen...

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  3. es cierto , cuando volamos...pero hacen falta algo más que alas...
    que bello blog amigo.
    un abrazo

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  4. Soñamos y creamos nuestro mundo, buscamos la libertad y el amor perfecto. Volamos sin cesar en nuestro mundo, y dejamos de ser libres atandonos a cosas insignificantes, y se nos escurre el amor entre vuelo y vuelo, nos fallan las alas,necesitamos descansar, recuperar fuerzas, para volar de nuevo sin miedos.
    Un beso

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  5. Me ha encantado este relato.
    ¡cuánta verdad!! "Vivo en un mundo libre en el que está prohibido ser libre y donde la libertad está llena de cercos". Paradoja, al fín.
    Un abrazo.

    Preciosa la música que tienes..

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  6. Me ha encantado conocerte Josef, me ha gustado lo que leo de ti en tu perfil y este relato me parece sensacional. Hermosa metáfora que nos habla de la cárcel “libre” terrenal en la que vivimos la mayoría, y el conocimiento de que la verdadera libertad la encontraremos sólo poniendo nuestra mira en lo espiritual, en lo divino, en lo no visible.
    También me gusta mucho tu esbozo sobre los vericuetos del amor y el desamor.
    Escribes muy bien. Te sigo porque quiero conocer más tu obra.
    Un saludo muy cordial Josef

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  7. En verdad es un relato apasionante por la riqueza de sentimientos encontrados.

    La libertad hasta donde se puede decir libertad y no composición.

    Un saludo josef, creo que será José
    no?

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  8. Cuántas verdades juntas en este relato. Y esa libertad tan anhelada, buscada e irreal!
    Besitos,

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  9. Qué bella historia. La he leído varias veces. En ocasiones nos equivocamos, nos dejamos llevar por lo engañoso. Hay que recuperar a ese amor, al verdadero.

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  10. Libres ¿ Pero ahi existe el amor?

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  11. Intenso, con un dejo de melancolía, acompañado por excelente música y una ilustración increible.
    Adoro vover.
    Besos

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  12. Tremendo... me recuerda a una charla con una compañera de trabajo hace apenas dos días. No sé si me pasé de realista, pero, le aseguré que ninguno de nosotros es puro, que, todos contribuimos a este circo capitalista, aunque no veamos los programas del corazón.
    No se lo tomó muy bien, claro.

    Tu texto es eso. La pérdida. Al menos, para mí :D

    Un beso grande.

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  13. Mi querido Jose, que linda historia nos cuentas en este dia, la libertad que cosa mas apreciada por todos, y que cosa mas anciada, ellos la encontraban en las alturas, otros la encuentran volando,...mas pocos la encontramos en el corazon....

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  14. Nos dejamos llevar por el consumismo y el capitalismo, somos esclavos y cerramos los ojos ante nuestra perdida libertad...excelente cielo...te felicito por este gran relato, un abrazo

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  15. podemos volvernos esclavos en la rutina y en el tedio que se produce con la convivencia

    decir stop a veces es sano y reorganizar y armar los puzzles pendientes

    besitos de luz
    excelente relato,algo más reflexivo que de costumbre:=)

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  16. la libertad la tenemos que forjar cada uno de nosotros desde el interior....
    si hay que modificar,pues se modifica,hasta lograrla.
    no me gusta la esclavitud y por eso trabajo segundo a segundo..

    besossssssssss

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  17. Intenso y apasionante. Un gran relato Josef.
    Muuuuuuuuuuuuuuacks!

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  18. Vivimos en un mundo que se llama libre y cada es más cárcel.
    Limitaciones, prohibiciones, vigilancia por todas partes, videocámaras, controlados informáticamente, saben si votamos, saben que decimos, saben que pensamos.

    El Gran Hermano era broma comparado con ésto.

    Saludos.

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  19. Gracias por tu visita y tus palabras, yo un poco ausente editando mi primer libro de poemas, pero poco a poco volvere a mis visitas a mis lecturas en los blogs tan interesantes como el tuyo.
    Un beso
    Marisel

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  20. Un excelente sistema por lo visto!
    abrazo!

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  21. Los muros de oro... por mucho oro que tengan siempre serán muros, y, claro, son contrarios a cualquier libertad.

    Abrazos

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  22. Mi querido Josef, tu cuento me ha encantado!!!!

    Realmente, ¿qué tan fieles somos a nuestros principios?
    ¿Cuánto oro o cuántas manzanas cuesta hacernos voltear un poco y "probar" el mundo?
    ¿Qué tanto de lo que hay en el mundo vale la pena para renunciar a las alturas y a la libertad?...

    Y tu música, por Diosss!! siempre lo digo, pero de verdad, es genial.. tienes un gusto exquisito, exquisito...

    Siempre produces explosiones en mi interior. :)

    Besazo mi estimado!

    ¡Salta Valiente!

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  23. Otras vidas, otras costumbres, distintas formas de pensar y actuar...
    Me encantó la canción que sonaba mientras lo leía ;)
    Besos

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  24. Lleno de sentimientos, de amor y de carceles de oro.
    Un abrazo amigo, como siempre superandote

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  25. La libertad es el valor más preciado del ser humano.
    Un abrazo

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  26. Muy bueno Josef!! Me ha encantado tu post. Un gusto haber llegado a tus letras.

    Un saludo.

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  27. Profundas reflexiones que te hacías hace 2 años y que a día de hoy has tenido que retocar por el suceder de los días. Me ha gustado mucho lo de "vivo en un mundo libre en el que está prohibido ser libre..." así es tristemente...

    Besos Josef. Feliz San José.

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  28. Tu post me recuerda a un libro que leí hace poco, como lectura obligatoria. "Un mundo feliz", de Aldous Huxley. Resulta realmente difícil atenerse a las propias convicciones si no están grabadas a fuego en el corazón. Nosotros mismos debemos colocarnos el hierro candente.

    Un abrazo, amigo mío

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  29. Un relato lleno de magia y melancolía... a veces somos esclavos de nuestros sueños libertarios.
    Un besito.

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  30. Planea en las letras de tu relato un ambiente a lo Orwell.
    Hoy hasta se televisa la libertad y se paga con picos de audiencia.
    A veces como Judas la vendemos por algunas moneda de oro.
    ¡Libertad divino tesoro, te vas para no volver!;)
    Tu entrada daría para múltiples reflexiones.
    Buen relato.

    Un abrazo

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  31. Un relato que da mucho para pensar. ¿Somos realmente libres?
    Al final todos en mayor o menor medida estamos atrapados en el sistema.

    Besos

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  32. Felicidades en el día de San José y de los padres (si es que lo eres).
    Abrazos

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  33. Yo me habría quedado -sin dudarlo- con Liang Xu. ¿Para qué tanto oro? El objetivo era (es) ser feliz, sentirse libre. Él ya era libre.

    Maldito oro. Maldito él, que no supo darse cuenta a tiempo.

    Me quedo, con permiso. Un abrazo.

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  34. Es difícil no dejarse atrapar por lo que nos rodea. Incluso en las alturas es difícil mantenerse libres y cuando el oro está por medio...

    Un abrazo

    PD: Este relato me parece que te lo he leído anteriormente.

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  35. Un placer siempre venir a tu blog a leer tus relatos, Josep, aunque en realidad, venía a felicitarte, porque hoy es el día de los José, muchas felicidades, amigo.

    Un beso.

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  36. un mundo fantástico que nos enseña muchas verdades.
    bicos,

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