sábado, septiembre 11, 2010

Sesenta y ocho años después. Reencuentro.


Helena estaba echada sobre el diván de su habitación. Había tenido un mal día. En su proyecto de ingeniería no le cuadraban sus cálculos de geometría. Por ello, de forma compulsiva dibujaba en su cuaderno círculos concéntricos. Llevaría inmersa en ese estado cosa de media hora cuando se dio cuenta de que algo raro pasaba, o más bien no ocurría en el exterior. Un silencio apabullante dominaba el escenario de su habitación, la casa, y la ruidosa calle, cuatro pisos más abajo.
Con incertidumbre y aprensión se levantó abrió la ventana y la bruma la cubrió por completo. Era una bruma marina de color azulado que colapsaba e insonorizaba el espacio reinante en la Plaza de la Cebada, amortiguaba los pasos, silenciaba las conversaciones, apagaba los motores; una bruma que despedía un aroma salado, proveniente de un océano desconocido. Fluctuando entre ella como flores áureas, círculos dibujaban órbitas elípticas, ascendían y formaban esferas brillantes, originaban turbulencias en verde, se convertían en gemas o en humo flotante, planos, polígonos, poliedros, paralelas, perpendiculares, curvas...

Helena se mezcló con la bruma, desapareció en ella y caminando se internó en una superficie de tierra esponjosa hasta alcanzar la orilla de una playa de olas blancas y espumosas, se zambulló y comenzó a nadar con energía. Y no dejó de hacerlo hasta que llevada por el teorema de Pitágoras, alcanzó una isla sin cuadraturas de círculos, sin ángulos ni quebradas, donde finalmente pudo averiguar que sin la geometría es difícil vivir, pero no imposible; porque si bien sus manos no formaron el ángulo adecuado para recoger el agua de los manantiales, su boca si alcanzó unos torrentes de agua que fluían en paralelo, sus brazos forzaron un coco deforme que debería de haber sido elíptico, y finalmente, tras deambular por senderos de trazados inverosímiles, se acogió bajo la cavidad de una cueva y relajada descansó pensando que la tierra no era redonda sino de formas irregulares, no era una eterna forma geométrica, sino un cúmulo de líquidos y gases sujetos bajo una norma universal: La fuerza de la gravedad. Por ello llegó a la conclusión de que si se detuviera se desgajaría y pasaría a formar parte del cinturón de asteroides, y se durmió.

Cuando despertó a la mañana siguiente un muchachito de cabellos rubios vestido con un abrigo largo azul con su forro interior de granate, camisa y pantalón blanco y semblante de inocencia, le preguntó.

— ¿Qué haces en mi asteroide?

Desconcertada y un poco asustada, Helena comprendió que lo que había pensado había sucedido. Comenzó a cavilar y dedujo que la tierra había perdido su fuerza de gravedad y su masa. Luego su problema ya no atañía solamente a la geometría, dado que la gravedad no es en si sola. No existe masa sin gravedad y no hay gravedad sin masa. Son físicamente inseparables y mientras haya una o más partículas habrá gravedad.
Miró al muchachito, se rascó la mejilla y con algo de vergüenza, contestó.

— La Tierra perdió su fuerza de gravedad y su masa.

El muchacho puso cara de interés y preguntó donde estaba la Tierra. A continuación sacó una lupa y estudiando a Helena con cuidado, le dijo que describiera como era esa Tierra de la que hablaba.
Helena comenzó.

— Bueno... Se supone que es... era redonda, de colores sobre todo azules y luego marrones.

— ¿Por qué sobre todo azules? Le preguntó el muchacho.

Porque la mayor parte de su superficie está... estaba cubierta por océanos...

— ¿Y qué son los océanos? Prosiguió él cuestionando.

Sonrojada, Helena respondió con humildad.

— Bueno... Son masas... inmensas masas de agua.

— ¿Y qué es el agua? Insistió el muchachito.

Ella lo miró con asombro, pero sin atreverse a replicar, contestó.

—El agua es esencial para la supervivencia de todas las formas conocidas de vida, tales como plantas, árboles, animales y...

— ¿Flores?

— Sí... También.

Él la miró de forma intensa y dijo.

— Desde luego los mayores sois muy raros – y añadió. – Pero... ¡De acuerdo! Te quedarás en el planeta. Tu trabajo consistirá en no darles agua a las raíces de los baobads. Así no crecerán.
Y cruzando los brazos sobre la espalda, con cierta emoción en su voz, agregó.

— Mañana admiraremos juntos nuestro primer atardecer... y buscaremos esa Tierra que has perdido, ¿te parece?

— ¡Sí!

— Pero no será el primero ni el último. Podremos ver muchos más… ¡Ah, y una cosa!

— ¿Qué?

— Si las llevas, ponte gafas de sol.

Helena de repente supo quien era su ilustre acompañante, y se sintió muy feliz. Siempre había pensado que el Principito era una creación del aviador francés, Antoine de Saint Exupéry. Nada más lejos de la realidad.


José Fernández del Vallado. Josef. Septiembre 2010.
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Reacciones:

19 libros abiertos :

  1. Ainssssss.... que recuerdos.... cuantas veces habré leido el Principito, jajaja....
    Muuuuuuacks!

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  2. Original y bonito, con tu historia he puesto un buen punto de inicio al fin de semana.

    Me ha gustado mucho y aprovecho para mandarte un saludo ( no original, pero espero que bonito)...

    Buen fin de semana.

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  3. WoW me ha gustado mucho... me llevo una buena sonrisa...

    Abrazos...

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  4. Bonita historia, amigo.

    Un beso.

    PD.- ¿Te animas a participar en la convivencia del día 8 de octubre? sólo tienes que decírmelo, y publicar un tema ese día que trate de la convivencia, nos estamos uniendo muchos blogs.

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  5. Que bonitos esos recuerdos históricos ,y a el estar para poder recordarlos es un gran ilusión.

    Apoyo a María te animas seguro que será un escrito excepcional.

    Un saludo

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  6. Qué hermosa historia Josef !! ;)))
    Qué inocencia y sabiduría la de los niños ;)))
    Gracias por esta dulzura de nota !
    Un beso o 2 !

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  7. La imaginación y las ganas de "entender" lo que nos rodea, son inmensas. Por fortuna el ser humano posee de ambas a raudales.

    Un beso, Josef

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  8. ¡¡Qué hermoso era ese libro!! Y yo, pese a todos los años que han pasado, todavía me aplico alguna de sus máximas, como la de que el tiempo libre hay que utilizarlo para ir sin prisas a la fuente a beber, no ir deprisa y corriendo a a fuente a beber para luego tener tiempo libre. Han pasado N años y todavía creo que es una frase fundamental.

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  9. Cuantos recuerdo hermosos trae El Principito y cuanta ternura tu relato.
    Esperanza y ternura.
    PD: me alegro que hayas dejado la silla tu también!!!

    Besos y gracias por estar presente siempre!

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  10. ¡¡que sorpresa ya de vuelta!!
    como veo con una historia realmente hermosa.
    Feliz comienzo de semana
    Primavera

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  11. Que relato hermoso... No se cuantas veces he leido "El Principito", soñando y acompañando su viaje... todo un hallazgo esto, muy bueno, para estar escrito por alguien "grande".

    Un Abrazo

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  12. Mmmmmm....nada más lejos de la realidad...o tal vez...nada más cerca....

    Besos y feliz semana. ;)

    Arwen

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  13. Ruego se me excuse. He estado guerreando. Un descansito, me recupero y, en breve, vuelvo a su calle.

    Un abrazo.

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  14. Ruego se me excuse. He estado guerreando. Un descansito, me recupero y, en breve, vuelvo a su calle.

    Un abrazo.

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  15. Que hermoso tu relato, me gusta esta faceta, es como una caricia al alma, Hay tantas cosas que no se deben dejar en el camino a pesar del tiempo vivido. Bello, muy bello.

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  16. ya te fuiste, ya volviste, ya esciribste, ya te leí.

    conmovedor relato, mezcla de fantasía, nada menos que el principito y realidad... ¿o es sólo fantasía? ¿o será todo real? ¡tengo un lío!

    biquiños,

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  17. Josef, magnífico homenaje que has hecho a ese adorable "Principito", a ese libro que está lleno de encanto y que en cada frase esconde un tesoro.

    "Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones." ...

    Besos!

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