sábado, julio 12, 2014

La Historia de Luis Amengual

 imagen tomada de Internet


El siete de enero de mil novecientos setenta y siete, Luis Amengual, nada más despertar a una fría y desapacible mañana, percibió una emoción diferente, y supo que en su vida algo estaba empezando a cambiar. 
   Su primera resolución, sobre la que no albergó dudas, iba a radicar en una cuestión: para vivir ya no le iba a ser necesario continuar con su trabajo. 
   Sin hallar explicación a sus, tal vez confusos, aunque en todo caso genuinos sentimientos, vislumbró la razón: su etapa como ser humano carecía por completo de sentido. 

   


   Por contra, legítimas percepciones, le indujeron a un nuevo estado de ánimo, y ese cambio o disposición dio como resultado, que por primera vez en su existencia se sintiera libre de responsabilidades. Por explicarlo de algún modo, dichas sensaciones fueron, si no exactas, al menos en apariencia similares a las que —por citar un ejemplo— experimenta cualquier ser vivo en libertad. Sí, se vio —¿cómo expresarlo?— quizá la única manera de sugerirlo claramente sea decir: “como un animal.” Así fue. En concreto se percibió como un ser salvaje. Una bestia en cierto modo desorientada.    

   De forma compulsiva empezó a rascarse una oreja; algo, por otra parte, normal. Aún así, lo que le resultó inverisímil —por no decir ridículo— fue la forma en que lo hizo: con la palma de la mano extendida y las falanges de los dedos retraídas. Prosiguió desperezándose —proceder habitual y rutinario—. Sin embargo, lo que ahora llamó su atención, fue el hecho de que al estirarse, se dedicara a arañar con vigor la superficie de la mesilla de noche. Aunque lo que le terminó por impresionar, fue su bostezó. Para ser objetivos, si algo causó su inquietud, no fue el bostezo en sí, sino su resonancia. Ya que aparte de destemplada, la encontró fuera de lugar e incluso ¿similar a un rugido? 
   Su sorpresa ya no tuvo límites, y más cuando se dio cuenta de que de manera involuntaria, sin dejar de contorsionar el cuello, una y otra vez oliscaba. ¿Qué avivaba su percepción sensorial con aquella agudeza, y sobre todo, con qué sentido? Solo entonces tuvo plena conciencia: era capaz de husmear con una precisión asombrosa, inigualable en minuciosidad. En ese instante percibió algo: era un efluvio enrarecido que extendiéndose por la habitación saturaba sus papilas y le recordó al pescado rancio. La fetidez lo impregnaba todo. Desde el centro de su habitación hasta los rincones más inaccesibles. Rociaba los anaqueles, contaminaba la cama, el suelo, la nevera, y por extensión la cocina. Amengual no tuvo dudas; era el hedor que predominaba en el lugar donde vivía: un viejo y destartalado ático. Y supo algo más. Aquel matiz pútrido, no era sino el producto de la mugre acumulada durante meses debido a su dejadez y desidia. De todos modos, no le disgustó. Y en el fondo, sin explicarse el porqué, se sintió cómodo. 

   Trató de hacerse una idea sobre qué le estaba sucediendo. En qué género —si es que el dilema era aquel— se estaba transfigurando. Durante un intervalo intentó buscar una causa o razón que lo explicara todo: no la halló. Exhausto por la emoción y el esfuerzo mental que se obligaba a hacer, se preguntó:
  "¿A santo de qué me agobio?” —y continuó diciéndose—. “Si lo que en mi interior deseo es eso: ser una fiera,” --concluyó. "
    Aunque para ser sinceros, lo insinuara sin demasiada convicción. 
    En ese momento sucedió algo. Al descender del camastro lo hizo gateando. Vacilante se detuvo en medio de la habitación y tras unos minutos de incertidumbre, realizó un esfuerzo que lo llevó a ponerse en cuclillas, para finalmente incorporarse. Pues lógicamente aquella era su postura natural. Al mismo tiempo, pensó: 
 “¿Si esto me está sucediendo, tendría qué parecerme a una especie en concreto?” 
    Irrevocable, una respuesta se abrió paso: 
 “¿Por qué y para qué reproducir o imitar lo ya creado?” 
   Por último, de forma casi arrebatada, una conclusión sobresaliente iluminó su razón embriagándola de regocijo. 
 “Él no era una utopía, sino algo real y trascendente. Se trataba —con seguridad— de una novedosa especie evolutiva.” 
    Una sonrisa fatua iluminó su semblante y sin siquiera reconocerlo, por primera vez se consideró imprescindible. Dado que en su recién adquirido estatus, podría tratarse de un organismo insólito, decisivo en la evolución. 
   Desnudo se contempló frente al espejo de la cómoda de su caótica habitación, y en tanto observaba con congoja sus órganos genitales colgar como pingajos, percibió cada vez más solapado a su organismo su lado indómito. 
   Durante un fugaz instante, estimó. 
“¿Y si resulto no ser más que un animal repulsivo y ridículo? ¿Presentando un aspecto tan deplorable podré dar la talla y engendrar con éxito el nuevo y brillante género?” 
   No fue más que una abstracción, que de inmediato cedió paso a un sentimiento que de viril se transmutó en exaltado: 
“¿¡Por qué y para qué ser perfecto!? Si a fin de cuentas es lo que soy: ¡un depredador voraz y despiadado...!  

   El ocho de enero de mil novecientos setenta y siete, Luis Amengual se sacudió tras pasar la noche acurrucado bajo el fregadero. Entró en su habitación y colocándose en una esquina, sencillamente orinó. Esa mañana, según indicaba el recuadro en color rojo que aparecía enmarcando el número ocho de su calendario, era domingo. Amengual sintió por primera vez con apremio, una necesidad: hambre. Decidió que como todo depredador, tendría que capturar presas para alimentarse. Obviamente, lo haría a su manera. Aunque al cabo de unos segundos de meditación, alcanzó una resolución: aún no estaba capacitado para matar, ya que su instinto animal no se había desarrollado íntegramente. De modo que se dirigió a la nevera, y al abrirla encontró el último filete de carne macilenta. 
   Sin dilación comenzó a engullirlo, pero algo no funcionó, o pareció no ser aceptado por su organismo. Ya que aún más rápido y entre arcadas, lo devolvió. 
 “Menudo cretino” —se dijo—. “Me comporto como una alimaña ¡y yo no soy eso! Si no una especie superior!”  
   Con cierto grado de arrogancia ante su clarividencia, dedujo que algunas variedades expulsan la comida antes de ingerirla. Arrodillándose en el suelo, tomó la porción de carne con la boca y la masticó y tragó sin reparo. 

   El nueve de enero debido al vibrato del móvil, se desperezó bruscamente. Furioso se precipitó a cogerlo. Pero cuando quiso hacerlo, se dio cuenta: era incapaz de sostenerlo entre sus manos. De modo que poniéndose en cuclillas sobre la mesilla de noche, mantuvo el equilibrio a duras penas, y con dificultad acercó el oído al auricular. Solo así pudo escuchar la voz de Rosa, la secretaria del despacho donde trabajaba o había colaborado como agente de ventas de una empresa inmobiliaria en su periodo anterior.
   La dulce y serena voz de Rosa, había dejado de serlo. Desafinada le recordó que a esa hora debía asistir a una reunión con unos clientes, los cuales, aguardaban en la sucursal. Amengual quiso disculparse. Aunque al hablar en lugar de palabras, de su garganta brotó un gimoteo desquiciado. Volvió a intentarlo, e inmerso en un nerviosismo palpitante, apenas alcanzó a prodigar un comedido lametón al auricular. Pues Rosa en el fondo le agradaba y ahora no podía concentrarse en otra cosa que no fuera aparearse con ella. 
   Al no recibir respuesta, sulfurada, la voz insistió: 
 “¡Por Dios, Luis! Este no es momento de tomarse las cosas a guasa. Apresúrate. ¡Quiero verte aquí en menos de una hora! De lo contrario ¿lo sabes, no? Aunque no me guste, no tendré más remedio que decírselo a Pedro.” 
 Y colgó. 
   El individuo que atendía por Pedro era —o mejor dicho había sido— su director durante su infame periodo humano. Y ahora, al evocarlo, sus mandíbulas se contrajeron y sin esperarlo profirió un tenue e involuntario gruñido. Desde luego era un ser, aparte de presuntuoso desagradable, pensó. Recibirlo a mordiscos en la yugular sería un placer, y aún más presenciar cómo se desangraba. Y sin pensar, se encontró gorgoteando un amenazador gruñido al auricular. 
   A continuación, lloró de impotencia. Dado que esa mañana se sentía más animal que de costumbre, y no era capaz de pensar más allá de lo impensable; y, además, cuando se dispuso a salir, comprobó que su desconocimiento como animal del uso del picaporte le imposibilitaba abrir la puerta. Negándosele por tanto, la facultad de ser libre. Se plantó con ira junto a la entrada, y pese a ser un humano y atesorar en su interior el conocimiento del manejo de una simple puerta, de forma imperceptible un nuevo estímulo, una seducción animal innata en su intuición, se sobreponía a su perfil humano, hasta el punto de desbaratarlo y someterlo, limitando sus acciones y con ello el huso del raciocinio; y al nublársele de forma parcial la inteligencia, la reacción consecuente ocasionaba que se olvidara del uso del habla, la percepción de la belleza, el análisis de las palabras y su morfología y encadenamiento lógico para componer frases, y tantas cosas más necesarias... 
   Por ello, arañó con furor la superficie de la puerta hasta que las uñas le sangraron, la garganta se le quedó ronca de gimotear, y pese a la creciente sequedad de sus ojos, una lágrima floreció y deslizándose como una caricia por su mejilla, consiguió que turbado se detuviera. Aquella, era una clara evidencia de que su transformación aún estaba incompleta, pensó. 
 Y se preguntó: 
“¿Sería aún posible dar marcha atrás en el proceso?” 
   Se relajó. Se sentía cansado. En realidad estaba extenuado. Se recostó sobre la alfombra del salón, y transcurrió el resto del día dormitando. 

   El diez de enero, debido al apetito y la sed, se despertó muy temprano. Jadeante recorrió la buhardilla hasta la nevera y con desesperanza comprobó que no podía abrirla. Esa mañana percibió con claridad como ambas tendencias: la de animal racional e irracional, rivalizaban entre sí. Pero esa lucha interna, de poco o nada le podría servir si quería obtener los alimentos necesarios para la supervivencia. Claro que, finalmente, obtuvo una recompensa. Dado que la tapadera del urinario había quedado abierta, y pudo beber agua, con el inevitable bouquet a orín. 
   Algo más tarde, se sorprendió ensayando un esbozo de ataque y captura. Acción que llevó a cabo esgrimiendo como blanco el sinfín de revistas pornográficas que durante su época de funcionario, había ido apilando en desorden bajo la mesa camilla. Necesitaba desarrollar sus mandíbulas. Aunque las encías acabaron por resultar vulnerables y comenzaron a sangrar. Después, repartiendo lametones a diestro y siniestro, se encaramó sobre la mesa de la cocina y contrariado, apenas logró relamer diminutas migas de pan. 

   El once de enero recibió otra llamada. Era su jefe. El aguafiestas llamaba para despedirlo personalmente, y de paso, comunicarle que pasara por la oficina a retirar sus efectos personales. 
    Empezó de la siguiente manera: 
 “Señor Don Luis Amengual, debido a su repentina falta de ética, y teniendo en cuenta su actitud rebelde y de desidia ¡queda despedido! Ah, y por cierto. Váyase olvidando de recibir un céntimo del finiquito. ¡Me oye...! ¿Presta atención...? —y todavía se atrevió a añadir—. Cómo sabe, fue lo acordado en el precontrato que usted mismo rubricó de su puño y letra. ¡Conteste por favor! Sé que está ahí... Vamos, sea razonable y maduro. Yo sé que cuando se lo propone, sabe hacer su trabajo. Demuéstreme que estoy equivocado. ¿O no lo estoy? De acuerdo. Como quiera. Si así lo prefiere, allá usted...” 
  Y colgó. 
   Mientras aullaba inquieto sobre el auricular Amengual terminó por orinarse. 
 “El jefe. ¡Era un miserable! ¡Llevaría el caso a magistratura y entonces se vería quien era más listo!” 
       Seguidamente olvidó sus sentimientos humanos. En realidad lo olvidó todo. 
    Más tarde evacuó en un rincón. Luego dio una vuelta por la cocina olisqueando rastros que le guiaran hasta inadvertidos restos de pitanza. No tuvo éxito. Hasta que la oportunidad le brindó una pieza inesperada: una reluciente cucaracha, que tras una breve persecución logró capturar y devoró con ansiedad. 

    El doce de enero alguien llamó por el contestador. Amengual puso con torpeza su “mano o pata” sobre el interruptor del telefonillo y escuchó la voz de Rosa. Guardó silencio. Puesto que de repente y por primera vez se sintió avergonzado. Al menos en lo tocante a ese aspecto, su lado humano continuaba intacto. 
 “¡Luis, Luis! ¿Estás ahí? Contesta, di algo. ¡Soy yo, Rosa! Sabes... Te echo de menos. Y además... Pedro. ¡El cerdo! Ahora que no estás ¡se propasa! Y... y... el otro día me quiso... ¡Figúrate Luis...! ¿Luis...? Cliiik...” 
 Y se interrumpió. 
   Después de oír aquello un lloriqueo quejumbroso afloró de la garganta de Amengual... 
   
   El trece de enero se despertó tiritando y supo que tenía fiebre. Pues al palparse la nariz comprobó que estaba reseca y caliente. Cabía la posibilidad de que las cucarachas de las que se alimentaba no le sentaran bien. Decidió no comer más. Para purgarse apuró las hojas del macetero de geranios, lo que tampoco mejoró su apariencia. 

   El catorce transcurrió la primera semana desde que tuvo lugar la transformación, y cada vez se encontraba peor. De improviso, alguien, tras llamar varias veces, al no recibir contestación deslizó un sobre bajo la puerta. Debatiéndose entre mordiscos y frenéticos gruñidos, consiguió rasgarlo y comprendió lo esencial. Era Rosa. Le declaraba su amor. Y asimismo, como prueba de afecto, esperaba verlo en el Café Central a las cinco de la tarde. De no presentarse, sabría que él no sentía lo mismo. 
   Se desquició. Requería con urgencia que alguien le abriera para salir, comer y vivir una nueva vida; tal vez con Rosa. Angustiado se recostó en un ángulo habitación y hasta bien entrada la noche, se dedicó a mordiscar el yeso de la pared. Cuando la luna salió y se dejó ver al otro lado del vidrio rallado del ventanuco del ático, aulló unas horas demostrando su profunda tristeza. La casa era antigua, las paredes gruesas, y el único vecino que había tenido: un viejo infeliz y solitario, había muerto el mes anterior. Por lo tanto, nadie pudo oírle. 

    El quince de enero cazó al vuelo un par de moscas... 
   El dieciséis se despertó babeando. Luego se tranquilizó a sí mismo porque pensó que si lograba llegar a fin de mes, tal vez la casera cuando fuera a cobrar, al no recibir respuesta, abriría con la llave maestra librándolo de la prisión en que se había transformado aquel ático. 
   En suma pasó el día tratando de encender el televisor, pues se sentía más humano que de costumbre. Aún así no conseguía dar marcha atrás en el proceso, y menos cuando por fin lo encendió. La desordenada fanfarria de ruidos y colores que aparecieron en la pantalla, apenas significaron nada. 

   El diecisiete despertó sintiendo una engorrosa picazón. Sin dejarse de rascar y mordiscar con desasosiego, comprendió que eran pulgas. Se preguntó por donde habrían entrado. 
    El dieciocho —¡por fin dieciocho!— alguien estuvo forcejeando ante la puerta. Al final se marchó. ¿Volvería...? 
   El diecinueve. Un día más... 
   El veinte ¡Nadie...! 

   Al amanecer del día veintinueve, Luis Amengual no tenía fuerzas para moverse. Con sus cuatro “patas extremidades o protuberancias” extendidas, incapaz de emitir un quejido, permanecía sobre el parqué. 
    Llamaron a la puerta. Estuvieron haciéndolo durante algún tiempo. Luego, empezaron a gritar y a golpear. 
    Cuando la puerta cedió ante el empuje de los bomberos, Luis Amengual expiraba.
   Mientras retiraban su cuerpo, impresionado, un muchacho exclamó. 
 “¡Dios mío que hedor! Parece el cubil de una jauría de... fieras.” 
 “¿Lobos...?” 
    Le inquirió un compañero mirándolo con un rictus afligido. 
 “No, peor aún... Mucho peor. Quizá una especie de...” 
   Los demás, hombres curtidos, insensibles al desaliento, observaron en silencio. 

       José Fernández del Vallado. Josef. Julio 2014.

 

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Reacciones:

64 libros abiertos :

  1. Sé que este también es largo. Pero con mucha razón veréis que resultá indivisible....
    Creo que ha quedado bien.
    Tomaros vuestro tiempo. No debe haber prisa para leer...

    Gracias y un fuerte abrazo
    Y disfrutad de este veranito. Parece que ahora sí viene el calorazo (A ver si es cierto esta vez).

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  2. Realmente cada dia me sorprende tu capacidad, para lograr componer una historia y que te sientas atrapado por ella hasta el final.
    Besos

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    1. Si tú te has sentido atrapada, imagínate yo. Casi acabé convertido en una fiera jajaja.

      Gracias de nuevo.
      Un fuerte abrazo!

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  3. Me ha ocurrido como con el anterior. También decías que era largo. También se me ha hecho corto.
    Un placer haberte descubierto.
    Un abrazo.

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    1. Agradezco mucho tus lecturas, Macondo. Y más si te han hecho pasar un buen rato.
      Es unplacer recibirte en mi blog.

      Seguiremos visitándonos, por supuesto.
      Porque cuando te encontré rápidamente me di cuenta de que el tuyo es un blog muy interesante e imprescindible.

      Un fuerte abrazo.
      que disfrutes el calorcito que parece que se avecina finalmente...

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  4. Me gusta mucho como vas creando las sensaciones, desde el agobio,la incredulidad,la magia...es como que danzas con las palabras!

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    1. Gracias querida lunaroja.
      No es nada nuevo decirte que este relato me gusta mucho personalmente. Sobre todo porque, aparte de extravagante, es también una crítica solapada de la situación de encierro y soledad y retroceso mental al que nuestra sociedad- con la crisis y otros problemas sociales y de comunicación- también se ve abocada.

      Un abrazo.

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  5. Increíble cuento que nos adentra en la evolución de un hombre que va viendo, como su cuerpo y sus instintos se asemejan a los de un lobo. Alucinante en verdad. Recordé la película de La Mosca.
    Gracias por buscarme amigo y, sobretodo por el comentario que ha sido más que estimulante y halagador.
    Feliz Verano para ti y abrigado Invierno para mí, que solo deseo que pase pronto, porque necesito la primavera para inspirarme.

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    1. Querida Taty.
      Se asemejan, pero nada más. Y en realidad la transformación se produce ¿físicamente o en su mente? Es la doble lectura que tiene este relato, a la vez crítica de la situación de encierro y soledad que se produce en ciudades pobladas por millones de habitantes.
      Gracias por la visita.
      Desde mi humilde punto de vista, tu poesía ya es una referencia, al menos en la web. Y seguirás creciendo, si no lo has hecho ya...

      Igualmente feliz invierno, aunque sea abrigado. Hoy por aquí parece que empieza a sentirse el calor de verdad; el que nos quema las entrañas....

      Besos!

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  6. Nunca una narración es larga cuando lees y lees, y no te importa el tiempo ya que se pierde la noción de él ,enfrascado en la historia que estas casi viendo de lo bien que la narras.

    Saludos

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    1. Agrdezco tus palabras, por las que deduzco que, cuando menos, te has dejado llevar por la lectura. Y eso tocayo, siempre es bueno.

      FEliz verano!

      Un abrazo!

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  7. Impresionante, Josef. ¡Qué historia!. ¿Acaso el hombre se degrada moralmente en nuestra sociedad? Percibo en tu relato una alusión a la cada vez menos humananización del hombre. Atrapado en su jaula, ya no puede responder al amor que otros le ofrecen y muere en soledad.

    Muy bien narrado, Josef.Mantienes el interés hasta el final y dejas una reflexión interesante.

    Mi felicitación.

    Un abrazo.

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    1. Tu intuición es acertada Fanny. Puesto que así es. Vivimos, cada vez más, atrapados en nuestras jaulas; comunicándonos a través de tecnología y buceando cada día en una mayor desconfianza.
      Pienso que para que una sociedad sea sana, debería ocurrir exactamente lo contrario.
      Me alegra que lo hayas entendido. Eso significa que tu mente todavía ve y piensa con lucidez; y te advierto que, en esta locura de sociedad- cada día que pasa me resulta más difícil hacerlo.

      UN abrazo y cuidado con el calor. parece que aprieta!

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  8. La jauría humana...
    Da qué pensar.
    Original el relato!

    Besos

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    1. jajajaja...
      Pues sí, en realidad tienes toda la razón somos una jauría. Pero cada vez más desconectada entre sí....

      Gracias!
      besos!

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  9. Una buena historia muy llena de imaginación de la cual pasas un buen rato con su lectura.
    Un abrazo

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    1. Me alegra saberlo Mari-Pi-R, que la hayas disfrutado.

      Un abrazo!

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  10. Es un relato ¡impresionante!
    Me agradó mucho verte en casa...
    Besos de anís.

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    1. Gracias Sara.
      En verdad impresiona?
      yo creo que es muy real jeje.

      Besos!

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  11. Ya sabes que me encanta
    como escribes
    y tu imaginación
    se va apoderando de mi.
    Gracias por compartir tu arte
    Josef . Besos

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    1. Querida Xiomara.
      Pues no dejes que se apodere demasiado, o acabarás enloqueciendo como yo jajajaja!
      Me alegra verte siempre por aquí.
      Cuídate.
      Un fuerte abrazo.

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  12. ciertos despertares son toda una pesadilla que se vuelve realidad sobre todo cuando nos convertirnos en seres exagerados de nosotros mismos.

    un fuerte abrazo y buen fin de semana.

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    1. Tienes razón Draco.
      Porque lo cierto es que hay amaneceres diarios, y amaneceres descomunales en los que el día se transforma en pesadilla!!!

      Abrazos!
      Disfruta igualmente...

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  13. José aunque no entro desde hace días en los blogs por falta de tiempo esta parada en el tuyo es obligatoria por la calidad de lo que nos dejas, Luis Amengual no pudo ver completa su transformación pero si supo que era amado por alguien.

    Un abrazo,

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    1. Te comprendo perfectamente, a mí me ocurre algo parecido. Es difícil estar en todo. hay prioridades siempre.
      Me gusta tu crítica porque sacas el lado positivo. Realmente supo que era amado por alguien, y eso es muy importante...

      UN fuerte abrazo.
      PD: Cuidado con el sol que aprieta!

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  14. No me ha parecido nada largo, al contrario, me he quedado con ganas de más. Mucha gente se queja de las lecturas largas en los blog porque buscamos la inmediatez en todo. Lo he disfrutado mucho, me ha encantado como nos adentras en el interior del personaje, en ese cambio y ese crecimiento de su bestia interior, la soledad y la monotonía que muchos padecen.

    Un abrazo grande,
    Eva.

    Gracias por tus visitas a mi blog.

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    1. Gracias María Eva.
      Me alegra que lo hayas disfrutado.

      un fuerte abrazo.

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  15. Da la impresión de que lo mató en conflicto entre la parte humana civilizada y su instinto animal, que impidió completar la transformación. Deseó revertirla y el precio de lograrlo fue la muerte.
    Me baso en que no hubo revancha contra ese jefe, que lo despidió y acosó a Rosa.

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    1. Más bien, fue realmente algo así. No pudo resistirlo.

      abrazos!

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  16. QUÉ HISTORIA TAN BIEN COMPUESTA Y ESTRUCTURADA. UNA VERDADERA TRANSFORMACIÓN DE LUIS HASTA ESE PUNTO EN QUE NO PUDO VER SU TOTAL METAMORFISIS.

    MUY BUENO MODERATO.

    ABRAZOS
    CARLOS

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    1. Gracias Carlos Alberto.
      El proceso acabó con él o viceversa...

      un abrazo.

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  17. Don Amengual parece sufrir el mismo padecimiento que Samsa, aunque no de forma súbita sino como proceso. O quizá, sea nuestro lento regreso a la barbarie. Un abrazo.

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    1. Desde luego, muy parecido y sí, como un proceso...

      Abrazos!

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  18. Una manera, un tanto descorazonadora, de existir. Es cierto que es extenso, pero no podía ser de otra manera para poder describir ese estado tan turbador. Una historia que atrapa.
    Besos y feliz semana.

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    1. Así es Aurotratis.
      Gracias por la lectura.
      Un fuerte abrazo!

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  19. Profundo relato, es el mal de estos tiempos, la soledad, somos tan individualistas que a veces no conocemos ni a nuestros vecinos; qué triste final para Amengual y para Rosa. Un relato que conmueve porque nos sumerge en la problemática que viven muchas personas solas y desamparadas. Puede que esté equivocada y no haya entendido nada de lo que tú has querido transmitir, pero lo que sí te puedo decir es que haya o no haya captado tu mensaje, es un relato que te atrapa.

    Un fuerte abrazo José.

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    1. La soledad puede hacer con nosotros lo que ella desee Mª Rosa. He aquí un botón de muestra en forma de relato.
      Gracias nuevamente y que disfrutes estos días veraniegos!

      Besos!

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  20. wow que buen relato!! tienes un blog hermoso asi que ya te sigo, ojala puedas pasarte por mi blog & si te gusta quedarte!! un beso<3

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    1. Gracias Fernanda. Pronto irá a visitarte.

      Un abrazo!

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  21. ¡A veces dan ganas de convertirse en fiera, pero, desde luego, en otro hábitat más acorde.
    Salu2, Moderato.

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    1. jajaja, desde luego el hábitat es esencial para una fiera. sobre todo si se trata de una nueva especie....

      Abrazos!

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  22. Sólo puedo decirte, que de talento para escribir, andas más que sobrado.

    Un abrazo.

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    1. Esto no es talento Rafa. Es en lo que yo me convierto en ciertas noches de luna llena. En una fiera voraz y despiadada jejeje.

      Un abrazo!

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  23. Eres un escritor genial, tus letras siempre consiguen engancharme en cuestión de segundo, y luego eres capaz de, guiándote de una prosa excelente, encauzar el relato para que concluya de manera magistral.
    Un relato estupendo, un abrazo, y gracias por compartir tus geniales letras.

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    1. Muchas gracias Jorge... hago lo que puedo y cuando puedo.

      UN fuerte abrazo!

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  24. Magnífico relato, perfectamente hilados los pasos de la trama.
    Relatas de una manera magistral la decadencia del hombre.

    Abrazos

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    1. Así es Esmeralda: la decadencia del hombre... o de la humanidad en sí...
      todavía está por ver...

      besos!

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  25. Muy buen relato, desarrollado para mantener la atención del lector
    Abrazos

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    1. Ciertamente, ese es uno de los objetivos, pero no siempre el esencial. Para mí es prioritario que el lector saque sus propias conclusiones, a la vez que, por supuesto, lo disfruta...

      Un abrazo.

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  26. Tienes un don, eres un escritor nato.
    Nos has mantenido encerrados en esa habitación con este hombre lobo tan peculiar esperando conocer el resultado de esa evolución y sigo con la duda. ¿Qué habría sido de él de prosperar? Y el amor, poderoso amor, no ha conseguido detener al menos la transformación o mejor aún retrotraerlo.
    ¿Ese será el final de esta especie de humanos-fiera en que nos estamos convirtiendo?

    Besos y besos.

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    1. Nato jejeje. Y eso que no puedo tomar nada de nata porque si no... jajajaja (chiste malísimoooo!)
      Me alegro de que hayáis seguido tan de cerca el relato.
      En cuento a la pregunta: ¿prosperar? Acaso creéis que realmente estaba prosperando el pobre. Y sobre la última cuestión: Pues sí hacía allá vamos y además, lanzados!

      besos y más besos!

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  27. Excelente.
    (cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia)
    No podía dejar de leer.
    Un gusto.
    Saludos.

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    1. Hummm... ¿de verdad? ¿Pura coincidencia? cReo que la relidad está cada día más cerca de cosas así de desquiciadas....

      Besos!

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  28. Siempre me quejo de lo largo y al final se me hace corto.
    No sé que está mejor descrito, si la transformación o el desespero.

    Beso y cafelito.

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    1. Gracias Censura!
      Venga es cafelito, que hoy me hace mucha falta!


      Un fuerte abrazo!

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  29. Me agradó mucho José. Hay una transmutación muy bien trabajada que atrapa y acorta el relato impulsando a buscar el desenlace. ¿Te interesaría enviarlo con el correspondiente "detrás" para incluirlo en algún próximo programa de "Paracuentos"? Gracias. Un abrazo

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    1. Por supuesto que me interesa. Si no te he respondido antes es porque he estado fuera y el internet que tenía no servía para nada!!!
      Voy a ver si te lo envío.
      Muy agradecido siempre.
      UN fuerte abrazo!

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  30. Hay que tener cuidado con lo que se desea...

    Un abrazo!

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    1. A veces los deseios nos pueden creo yo jajaja.

      Graciaas por la lectura.
      UN abrazo.

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  31. Pensé en Gregorio Samsa, te lo juro.
    Muy bueno, José.
    Un fuerte abrazo.
    HD

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  32. Pues sí Humberto. Aunque en el caso de Gregorio despierta ya convertido en cuca. En mi relato se trata de un proceso que, d eforma intencionada, no dejo claro si es físico, o solamente mental...

    Gracias por la visita,
    Espero qu todo te vaya bien.
    UN fuerte abrazo!

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  33. De total acuerdo contigo, Obat Infeksi Amandel Untuk Anak dan Dewasa Herbal.
    Gracias por venir y comentar.

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