lunes, enero 23, 2017

Amor Supremo...

AMOR SUPREMO. 

Apenas... recuerdo nada ¿excepto el taxi? ¿Cómo he llegado...?
Tampoco estoy seguro. Algo sella y rellena mi boca. Puedo sentirlo apelmazado. Rasca, me provoca arcadas y no me deja hablar ni respirar. En cambio, su textura es blanda, y su aroma... permanece dentro de mí.
Aún así, mi memoria sigue vacía...
Sin embargo, sin saber exactamente el porqué, hay algo respecto a su olor: es sugestivo, arrebatador…
Por otra parte, me resulta imposible moverme, y no alcanzo a ver.

Oh... Mis brazos y piernas, sí... Están entumecidas y duelen. ¡Atadas con fuerza! Peor es la cabeza. Parece un molinillo con el engranaje roto y chirriante, y mi nariz, palpita dormida, y un sabor acre se mezcla con saliva en mi garganta.
Tal vez ¿sangre..? Creo... Voy a vomitar...

Y... ¿cómo he llegado aquí? Vamos… Un... esfuerzo.
Sí...

Recuerdo la mirada irónica, los ojos color miel y el lunar junto a su iris.
Se detiene, escudriña mí cuerpo y se ríe. Es una carcajada abierta y desenfadada, quizá vulgar. Como un destello, su dentadura resplandece entre un semblante oscuro y marfileño. Me entrega su mano y la beso.
Ahora estoy... Estamos acomodados en un vetusto sofá. Brindamos con champagne y leo versos. ¿Soy poeta, escritor...? Una melodía endulza el ambiente  un sabor que reconforta y entristece. ¿Soul? ¿jazz? Claro. Cómo no: sublime jazz. Y ahí está, sobre el escenario: ¡el viejo Coltrane! Interpreta “Amor Supremo.”

Mi mente bulle y se abre un poco más.
Estoy en el «New York´s Five Spot», la vieja sala. De hecho ahí estamos... los dos.

Todo resulta agotador y confuso otra vez.
El dolor y el sopor me vencen, e imponiéndose, el aroma: me aturde y... enloquece.
Unas manos —¿las suyas?— cálidas y flexibles, se aferran a mi espalda y la acarician y desgarran. Inspiraciones profundas, despiden un vaho que cristaliza en la bruma de una noche escarchada en abismo de hielo.
Jadeamos, fornicamos en un callejón emboscado.
Ella... No sé quién es ni por qué... ¿Por qué allí y no en un lugar adecuado y caliente?
¿Por qué...?
Una voz. Su voz, se abre paso:
—¡Vaya! Para ser un haragán no estás mal. Eres guapo. ¿Quieres follar?—. Sonríe de forma velada—. Ya sabes... Quien lo insinuó fuiste tú. Yo no soy tan insolente, y además, no te he contestado...
Estira sus piernas, sus muslos se abren, sus botas de cuero y tacón de stiletto rodean mis nalgas.
Ahora estoy dentro. Resuello a un ritmo desenfrenado, y en un intervalo efímero o quizá interminable y profuso, como un versado y brillante oleaje de placer, todo resulta perfecto. Ya no hace frío. Somos uno y la amo. Arrullo a una mujer que apenas conozco ni recuerdo con claridad.
¿Y acaso importa?

Sus manos regresan, vuelven a acariciarme.
No.
Me toman de otra forma. Es... una actitud diferente e incluso... ¿violenta...? Barras, quizá porras, me golpean. Percibo un resplandor. ¿La luz de una linterna? Traspasa el tejido que cubre mis ojos. Alguien amarra con firmeza mis piernas.
¡Gimo, me quejo, suplico...!
Una voz impasible, gruñe —: “¡Abajo con este hijo puta!”

Ahora soy libre. ¿No hay nadie?
Nadie sobándome con sucias manos de matón estibador. Nadie que me inmovilice y puedo sentirla: la brisa. Un soplo de libertad que acaricia mis sienes, las abanica y restablece. ¿Soy realmente libre?
El azote sobre el hielo doblega mi alma y extrae de mí un alarido de facto inhumano.
No dura mucho. Ahogándose en el momento en que mi boca comienza a encharcarse. Segundos...
Todo es paz y silencio. Algo sólido y violento me succiona, y en tanto mis sienes empiezan a estallar, recuerdo a la negra Ricca, la preferida de Sam Giancana.*
La veo allí, frente a mí.
Deposita sus brazos de matiz de café sobre mis hombros; acaricia mi nuca y con voz frívola y dulce, musita. —Estoy cansada de ser la esclava de ese italiano. Ni siquiera es elegante. En cambio tú... un negro fuerte y apuesto —echa un vistazo celoso, y añade—. Hoy está lejos. El cuchitril no le agrada. Demasiados Niger* aquí —con un gesto de desprecio, concluye—. Prefiere “La Voz*” sin voz de Sinatra...
Sus labios teñidos se amplían, gorjea una dulce risita.
De forma precisa reconozco el aroma que me enloquece, y mi nombre —: me llamo Slater y hasta hoy era uno de los escoltas de Ricca— es el penetrante olor de su sexo impreso en su ropa interior embutida en mi boca.
No entiendo a ciencia cierta, pero no me encuentro asustado. Por una vez, solo una vez, dejo de tener miedo y sé bien el porqué.
He triunfado. Obtuve el premio...

Cuando las convulsiones empiezan, me siento genial.

Una vez más me encuentro abrazado a ella y fornicamos.
Oprimo mis labios sobre su boca y la beso una, dos, tres, cuatro veces, y no ceso de hacerlo con una intensidad desmedida, voluptuosa e inmortal...

José Fernández del Vallado. Josef. Versión Enero 2017.

Sam Giancana:* Salvatore Giancana (nacido Salvatore Giangana; 15 junio 1908 hasta 19 junio 1975) más conocido como Sam Giancana, fue un estadounidense mafioso y jefe de la mafia.  

Niger:*Adjetivo niger (“color negro”). Se utiliza despectivamente.

La Voz:* Apelativo con el que era conocido Frank Sinatra.
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Reacciones:

11 libros abiertos :

  1. Caray....como siempre me has hecho discurrir por tu mundo de letras con el alma en un ay...
    Lo has hecho entre golpes de música y de los otros, eso otros que hasta aquí parece haber llegado el dolor, el aroma, el sabor sanguinolento....ufff
    Muy bueno, para no variar.
    Un beso.

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  2. Mas que bueno, has tocado la música, nombrado a personajes conocidos, bajado a los bajos fondos, desmontado las relaciones de personas, y culminas la historia pasando por el racismo, la violencia que incita y todo con un fondo de intriga. Mi aplauso y un abrazo

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  3. Como siempre un sublime relato lleno de misterio hasta el final. Te aplaudo por tu siempre genial rubrica.
    Besos

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  4. Yo solo me dejo llevar a esos mundos y siento y vivo... lo que el escritor con su creatividad comparte y aunque ya lo haya leído, retomo tus palabras," pero nunca es exactamente igual..."Un beso José.

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  5. Hacía mucho tiempo que no te leía, me imagino que has escrito mucho en este tiempo, así que te deseo que tus publicaciones vaya adelante.
    Tu relato de hoy muy apasionado.
    Un abrazo.

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  6. Hacía tiempo que no disfrutaba de tus magníficas letras, y hoy día fue un lujo poder detenerme y gozar con esta magnífica narración llena de realismo e intriga.
    Mi aplauso y un abrazo.

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  7. Hace mucho que no entraba y como siempre y para no perder las costumbres, me dejas con la boca abierta, siempre es un placer leerte

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  8. Tanto tiempo sin leerte y nuevamente llego a tus textos, me has envuelto.

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  9. Después de mi larga ausencia,leerte sigue siendo un placer!

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  10. Un gran relato, para compensarnos de tu larga ausencia.
    Saludos.

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