sábado, agosto 15, 2015

Prostituyéndome....



Una vez, hace ya tiempo, estuve enfermo. 
Por aquel entonces los días transcurrían como una espesa bruma de invierno, las horas volaban, y se disipaban fagocitadas en noches interminables que como manchas de aceite lúbrico y obsceno, comprimían mis deseos en uno. 
Acercarme a la ventana no me interesaba. Mirar a través del cristal, tampoco. Recelaba verme abreviado en una realidad aplazada y en suspenso. En cuanto a las noches, inmerso en mi oscuridad, vivía anhelando alcanzar una ceguera perpetua, y mientras me limitaba a inhalar algo parecido al oxígeno, la llegada del deseo me corrompía y envolvía una y otra vez. 
Estaba preso de mi mente... 
Salía, y en sintonía con el ensueño que representaba, bebía. Exponía mi intención y mi cuerpo y los utilizaba. 
Desde que la encontré, el sexo imaginado se convirtió en realidad y la realidad en quimera. Y en lugar de saborear aquel placer que anhelaba, desnudaba más dolor. Ahora sé algo que nunca imaginé antes: jamás podré recuperar aquel tiempo. ¡Está muerto en mi locura! Y, sin embargo, recordar las esencias a noches de primavera, verano e invierno, y presumir que posiblemente ella vive o aprendió a hacerlo, activa en mí la demencia que entonces me embriagó y me condujo a no ser yo, siéndolo... 

Me veo allí, borracho, en la oscuridad de una noche insondable. Inventando fantasías y asolando mi vida junto a ella. Podía estar loco. Pero ella, desde mucho antes, se encontraba destrozada. 
Era una esclava... 

Sabiéndome seducido, intuí mi enfermedad. Perseguía una entelequia. Mi ideal. Aquello que unos llaman “amor verdadero y otros, felicidad.” A mí la palabra “amor” no quiso nunca escoltarme. En cambio el sexo y el dolor estuvieron siempre a mi lado, convirtiéndose en una sensación reiterada a vida oscura y sin luz, excepto tal vez... las veces en que resplandeciendo ante una luna en cuarto creciente,  sus pechos se proyectaban llenos de color... 
La besaba y follaba para cerrar sus heridas, sin saber que ella hacía otro tanto por mí. 
Ella, lo supe después, no era la clase de mujer que aparentaba. Quizá pareciera banal, pero era lo mismo que cualquiera: un ser humano. Y lo demostró. 

Por eso ahora que he sanado puedo comprender, y la echo un poco de menos. Aún así me pregunto: ¿qué significa “saludable” y quién a ciencia cierta lo está? 
Sigo añorando noches de sexo y placer... No fueron muchas, tal vez un puñado. De todas formas no las olvido. Aquellas que recuerdo han quedado grabadas por una razón: su esencia nunca residió en el sexo, sino en el afecto y en saber de antemano que estaba junto a alguien a quien podría amar. Aunque “Amar” para nosotros fuera ya imposible. Dado que yo estuve siempre tan lejos de ella y su mundo, como ella lo estuvo del mío. 
¿Por qué? 
Hoy, tras unos agradables momentos musicales, la comprendo mejor; la forma en que amaba; su timidez; el miedo falsedad o ironía de su sonrisa, su forma de mirar profundo y en silencio, y lo sé. Ambos no éramos realidad. Estábamos enfermos. 

Oculto en la oscuridad del tiempo, sigo sin recordar su rostro. Si... Nos amamos a oscuras. 
Hay veces en que es mejor prostituirse de noche, y evitar que el amanecer te sorprenda y descubra la indudable turbiedad de tus deseos más luminosos. 


 José Fernández del Vallado. Josef. 14/08/2015.

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