lunes, noviembre 21, 2011

Paz y matrimonio feliz en Oriente Medio.

Sus ralas y bellas cabezas esbozaron un escorzo imposible; antes de eso, sus miradas se encontraron por primera vez con pasión y lloraron. Incómodo, Netanyahu trató de desabrocharse el botón de la camisa – necesitaba presentarse informal – y la corbata le resultaba demasiado ajustada.
Emocionado, Mahmut casi pierde las gafas, aún así no le dio importancia, llevaba un juego de lentillas de repuesto que Obama, tras insinuar su inconveniente ceguera política, le regaló en la Casa Blanca. En cambio ahora lo veía todo claro. Netanyahu no era la bestia encarnizada que había supuesto, incluso destilaba un cálido aroma a Eau de Rochas. Y se miraban, y no dejaban de contemplarse con arrobamiento, mientras los periodistas asistían al encuentro con aire de desconcierto. Mahmut estudiaba el rostro del “Martillo de Oriente Medio,” pensando en cómo había dejado escapar aquellos detalles de dulzura; de niño, de inocencia infantil de Netanyahu, y el israelí, emocionado, hacía pucheros.
Se tomaron de las mejillas y oprimiéndoselas con ímpetu, se prometieron amor y paz eterna y se besaron en la boca, primero con besitos de piquito, por fin destaparon sus cartas y finalizaron con un beso de tornillo.
Dentro de unos días, a bombo y platillo, se celebrará la boda. No habrá más divergencias. Palestina e Israel serán uno.

José Fernández del Vallado. Josef. Noviembre 2011.    

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