jueves, julio 23, 2009

A los escritores no se les paga, se les cortan las manos.


Ahora, apenas escribo como antes. Antes era un escritor pasional pero ahora... ¡debo desprenderme de toda esa basura! me recomienda Alex, mi profesor de narrativa, mientras repudia como ridículos y falsos mis relatos y da un trago a su jarra de cerveza.
Tomarse un par de copas y escribir estúpidos tópicos de borracho sin ideas no es escribir. Tampoco hacerlo sobre crímenes pasionales que quedan impunes, ni temas que versan sobre la mafia en el suburbio de la ciudad. ¡Basta ya de alucinar! Hay que ser realista. Y la realidad es una: La ciudad, nuestra ciudad, no sólo es hermosa, es el lugar donde se aúna la sabiduría y la ciencia de la humanidad. En una palabra, en un lugar como Madrid puedes encontrarte con los hombres más ilustrados del planeta y más, donde ya no hay suburbios ni pobreza. ¡Ha sido erradicada! Doña “Espe y el Gallar” han cumplido. Madrid es una ciudad de futuro. Sin suburbios, pobreza, ni incultura; con Universidades, grandes museos y parques cada vez con menos polución y también, menos árboles.


Pero es cierto. Ahora apenas escribo como antes. Los parques rebosan de pulcras parejas de enamorados –nada de maricones – las calles están limpias y los empleados de la recogida de basuras, entre parada y parada, leen a Proust y degustan puros habanos. Tchaikovsky y Schuman suenan por la radio y el Real Madrid gana todas las ligas y copas de Europa. La cultura occidental ha demostrado, por fin (era obvio), ser la mejor. Las calles están limpias de negros y orientales y el ciudadano medio utiliza polos marca Lacoste, zapatillas Nike, está informatizado y vota al PP. Ah... Y menos hablar de guerras; nada de rescatar la memoria histórica y esas pamplinas. ¿Para qué queremos resucitar a los muertos? Los muertos están muertos, enterrados panza arriba y desnucados en sus bellas zanjas, que ahí es donde deben de estar. Los muertos ni se tocan...
La pregunta es absurda: ¿Hubo exterminio en la época franquista tal y como se entiende en la legislación moderna emanada de la Declaración de Derechos Humanos? Según ciertos amigos de “la Espe” no se debe volver al pasado.
Según cifras avanzadas, la cifra de víctimas ascendería a unas 130.000, a falta de profundizar más en la investigación de la mitad del territorio nacional. Lo que interesa destacar y me sobresalta – no, ¡ya no escribo como antes! – es el número de personas que quedaron sin inscribir en el registro y de cuya muerte no quedó una sola huella. ¿Misterio? ¿Tenemos matriz para un relato? Se sabe lo siguiente: Fueron detenidas ilegalmente, asesinadas y enterradas por lo general en fosas anónimas abiertas en los cementerios, en el campo, e incluso en fincas particulares.
Pero hoy también sabemos otra cosa: Donde triunfó el golpe militar encabezado por el “enano bigotudo” se aplicó de inmediato un calculado plan de exterminio que los sublevados tenían previsto desde el principio. ¿Le agradó la idea de Hitler al enano? Se ve que sí: ¿Solución final? No la llamó así, pero hoy sabemos que, de no ser por los americanos e ingleses (señores y dueños de nuestra sabia cultura occidental) jamás habríamos llegado hasta donde lo hicimos con el enano...

Por eso ya no escribo como antes porque en cierto modo aborrezco a los “sajones,” maestros en exterminios. Veamos... ¿A cuántos millones de indígenas exterminaron en el Oeste americano? Ni se sabe. Aunque presiento que ellos lo saben. Luego vino la segunda guerra mundial y fueron: SEIS millones de judíos y dos bombas atómicas. Insatisfechos, nos dejaron al “enano bigotudo” para que prosiguiera con su labor... de exterminio...

Desde luego creo que es cierto, apenas escribo como antes. Me he vuelto ¿partidista... político, defensor de la justicia o hipócrita?
Amigos, yo no sé vosotros, pero creo que entre el cansancio diario que este verano me produce, el calor y la desidia, todavía trato de conservar un gramo de racionalidad en un mundo puramente irracional y ¿eso es malo? Puede... y hasta contagioso tal vez.
De modo que pido otra jarra de cerveza, sonrío levemente a la cara complaciente de Alex, y se la estampo en la cabeza.
Ya no me importan los sajones, “mientras nos dejen vivir”, valoro más una buena sonrisa y una pradera verde e inculta lejos de la ciudad, donde recostarme y echarme una siesta veraniega a los pies de un buen pino.
Y no lo sabré –no lo sabré – mejor no saberlo y para qué recordar lo que pasó cuando quizá bajo mis pies repose (de mala manera) un pariente mío lejano al que le descerrajaron un tiro en la nuca...
Me levanto y me voy sin pagar. Invita la Espe. Creo que tiene razón. Después de lo visto, ya no merece la pena escribir, ni lo de antes ni como antes, ni nada. A los escritores no se les paga, se les cortan las manos. ¿Está claro?

José Fernández del Vallado. Josef. Julio 2009.








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