jueves, diciembre 03, 2009

Sigo caminando.




El jueves, salgo a dar una vuelta. Hace una gélida pero reconstituyente brisa del norte.
Camino decidido por un altozano que mis ojos reconocen de siempre. Nada ha cambiado excepto matices. Los árboles parecen más viejos. ¿Son los mismos o cayeron tras el último incendio? Tal vez no, siempre renacen. Da igual, es imprescindible caminar...
Sucede en un instante; me despisto, me enredo en unos matorrales, estoy fuera del camino. ¿Dónde estaba el atajo? Me inquieto y en seguida me doy cuenta: No pasa nada. No hace falta fijarse una ruta y tampoco es necesario atajar. Es cuestión de olfato e intuición.

Sigo caminando mientras degusto aromas a libertad, creo que – justo ahora – estoy en una época adecuada para disfrutar; justo cuando el mundo se queja del mundo. Es cierto. Nunca pasé una temporada tan a gusto como hoy al saberme a solas conmigo mismo.
¿Hay crisis? Se me olvidaba. Bien... Nos abrochamos el cinturón y tiramos para adelante. Después de todo, nada es tan grave como vivir una conflagración, dentro de lo que cabe ni siquiera me ha tocado aguantar la cruz que soportaron mis abuelos. Ahora vivimos cómodamente instalados en la paz de un bullicio actualizado. Además, hace tiempo que no discuto con nadie, claro que casi nunca tengo a nadie que aguantar; es raro... ¿verdad? Y aún así las cosas se presentan ¿difíciles? Y qué es la vida sino un manojo de dificultad.

Sigo adelante. Me detengo unos instantes y disfruto del aroma de un arbusto de tomillo.
No... Quizá lo parezca pero tampoco estoy enamorado aunque el amor esté cerca, me ronda, puedo intuirlo detrás de cada nueva fragancia. Tampoco hay que ponerse histérico por no encontrar el amor deseado. A fin de cuentas, luego acabas atado.
Ahora puedo ser plenamente egoísta y disfrutar de mis recuerdos, alimentar ilusiones y viajar con las manos dentro y fuera de mis bolsillos, sin agarrarme a la cintura de nadie. Me gusta la soledad, me costó empezar a disfrutarla. Al principio me quejaba de ella, mi vida era demasiado social. Ahora soy un ser libre que campa a sus anchas sin que nadie le tome una sola fotografía escribe y el día menos esperado se perderá en las páginas de un libro.

Estoy solo y amo la vida, me gusta observar a la gente y estudiar sus reacciones.

Descubro una pradera llena de florecillas sin pisotear y avanzo con cuidado por ella. Soy el primero en llegar a este curioso edén de la naturaleza.
Pienso en lo que dejé atrás con la tranquilidad de saber que cerré una etapa de mi existencia y que la vida continúa.
Tal vez cuando muera siga caminando por el mismo prado inviolado. A lo mejor la vida no consiste nada más que en eso, en sentirse uno mismo completo y sin fisuras, compacto y seguro, mientras avanza en libertad recorriendo las vastas extensiones de la historia...
Mañana tal vez no salga el sol. Es igual, buscarlo donde quiera que esté es y será mi misión en la vida.

Hasta siempre.



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José Fernández del Vallado. Josef. Dic 2009.



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