miércoles, enero 22, 2014

Amor Supremo.


¿Estoy en un taxi…? No recuerdo nada, excepto el taxi. ¿Cómo he llegado? No puedo moverme ni ver y me ahogo. ¡Hay algo en mi boca! Lo noto, ahí, apelmazado. Me obliga a dar arcadas y no me deja hablar. Su textura es blanda. Su aroma está dentro de mí pero soy incapaz de reconocerlo. Resulta... sugestivo, enloquecedor. ¡Han atado mis muñecas y piernas! Están entumecidas y duelen, pero todavía más la cabeza. Mi nariz palpita y parece dormida. Un sabor acre se mezcla con la saliva de mi garganta. ¿Es sangre? Creo que voy a vomitar... 
   ¿Cómo he llegado aquí y por qué no recuerdo? Veamos... Haz memoria. Un esfuerzo puede ser decisivo... 
   Sí... 
   Recuerdo unos ojos color miel y el lunar junto a su iris. Una mirada irónica. Se detiene y escudriña cada partícula de mí cuerpo, como pasando revista. Después ríe. Es una carcajada abierta y especial, con un destello en la dentadura que reluce en su semblante como un marfil puro. Me señala y entrega su mano. Ahora, acomodados en un mullido sofá en un reservado, brindamos con champagne. Leo unos versos... ¿Mis versos? ¿Soy poeta, escritor, o me hago pasar por ello? Escucho una música de fondo. Es jazz. Sublime jazz. No puede ser... ¡Claro! Es Coltrane. Interpreta “Amor Supremo.” Estoy en el «New York's Five Spot», la vieja sala. De hecho, ahí estamos los dos... 
   Todo resulta confuso y pesado de nuevo, como mi dolor de cabeza y un sopor que me vence. Pero sobre todo está el aroma ¡me perturba hasta el delirio...! 
   Unas manos ¿las suyas? Calientes, ágiles, flexibles, trabadas sobre mi espalda, desgarran y acarician mi piel. Y esas inspiraciones profundas... despiden un vaho que se funde y cristaliza en la bruma de una noche de hielo. Ella y yo fornicamos en una angosta calleja. Lo entiendo. Pero no sé quién es ni por qué... 
   Y además... ¿por qué allí? Cuando podríamos estar en cualquier otra parte. En un lugar seguro y adecuado. ¿De qué me oculto o nos ocultamos...? 
   Una voz. Su voz, se abre paso en mis recuerdos y me dice: 
—Sabes, no estás mal para ser un haragán. Eres realmente atractivo. ¿Quieres follar? —sonríe veladamente y continúa—. “Ya sabes... Quien lo ha propuesto has sido tú. Yo no soy tan insolente y además, todavía no te he contestado. 
   Estira sus piernas. Sus muslos se abren y acomoda sus pies sobre mis nalgas. Ahora estoy dentro de ella. Jadeo a un ritmo acompasado y en el instante del orgasmo todo es precioso, brillante y ardiente y soy poderoso. Ya no hace frío. Ahora somos uno y la amo... Amo a una mujer que no puedo recordar con claridad... 

   Sus manos vuelven a acariciarme. No... Me apresan de forma brusca y violenta. Barras, quizá porras, golpean mi cuerpo. Siento una luz. ¿El resplandor de una linterna? Traspasa la tela que cubre mis ojos. Atan algo a mis piernas. Gimo de dolor, me quejo, suplico. 
   Una voz gorgotea impasible—:“¡Abajo con este hijo puta!” 
   De repente me siento libre. No hay nadie ahora que ponga sus sucias manos sobre mi cuerpo. Nadie que me inmovilice. Puedo sentir la brisa fresca de la libertad acariciando mis sienes ¿Soy realmente libre? 
   El planchazo de espaldas sobre el agua helada arranca de mi interior un alarido de espanto y dolor. Se desvanece en el momento en que mi boca se encharca. Unos segundos y todo es paz y silencio. Algo pesado succiona mi cuerpo y recuerdo a la negra Ricca, la preferida de Sam Giancana.* Y la veo, allí, frente a mí. Deposita sus brazos delgados y relucientes —del color del café— sobre mis hombros, y acaricia mi nuca, sonríe frívolamente y musita a mi oído. 
—Estoy cansada de ser la esclava de ese asqueroso italiano. Ni siquiera es elegante como tú, un negro fuerte y apuesto —se retira un momento, echa un desconfiado vistazo a su alrededor, y añade—. Hoy está lejos. Este lugar no le agrada. Demasiados Niger* por aquí. Y con desprecio concluye—. Prefiere “La Voz*” sin voz de Sinatra. Ya sabes...—sus labios coloreados se dilatan y gorjea una dulce y agradable risa. 
   De forma precisa reconozco el aroma que me enloquece y mi nombre—me llamo Slater y hasta hoy era uno de los escoltas de Ricca— es el penetrante olor de su sexo. Está impreso en sus prendas de ropa interior embutidas en mi boca como mordaza. 
   Inexplicablemente no tengo miedo. Obtuve mi premio. Cuando empiezan las convulsiones me siento genial. Como si otra vez me encontrara abrazado a Ricca, y a la vez que la penetro, le diera un beso eterno, voluptuoso, inmortal... 
   
José Fernández del Vallado. Josef. Enero 2014. 

   Sam Giancana:* Salvatore Giancana (nacido Salvatore Giangana; 15 junio 1908 hasta 19 junio 1975) más conocido como Sam Giancana, fue un estadounidense mafioso y jefe de la mafia. 
   Niger:*Adjetivo niger ("color negro"). A menudo se utiliza despectivamente. 
    La Voz:* Apelativo con el que fue conocido Frank Sinatra.


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