jueves, febrero 17, 2011

Búsqueda.


Acrilico. Tomado de Internet

Durante el transcurso de los tres últimos años, los sueños de David Llaneras se transformaron en pesadillas. Una mañana fue incapaz de seguir representando que nada sucedía. Hizo las maletas y volvió al mismo lugar en el que veinte años atrás se fraguó su aventura.
Veinte años para un hombre quizá sean mucho tiempo, para la naturaleza apenas representa un breve lapso.
Nada más salir del avión le azotó el mismo clima: Humedad asfixiante alternada con chaparrones copiosos y anárquicos.
Calculaba que su hija tendría veinte años. No sabía y nunca tuvo conocimiento sobre cual era su nombre; ni a qué se dedicaba. Sí... podría tratarse de una hermosa mujer de piel morena y cabellos castaños ¿que viviera del mar? Personalmente a él le habría agradado que aprendiera en la universidad Historia del Arte, y fuera una estudiante digna que sacara sus estudios, más que con sobresaliente, con su esfuerzo. Claro que no se hacía demasiadas ilusiones.

Cuando la guagua lo dejó en la localidad donde todo había sucedido, el corazón le palpitaba.

La ciudad había crecido y tardó tres días en dar con la vieja casa de madera donde ella vivió; pero ya no estaba. Sus habitantes actuales fueron incapaces de recordarla, pues el modesto chalé había cambiado de propietarios – como poco – seis veces.
Merodeó por la población recordando con nostalgia una época que a medida que avanzaba, encontraba más desterrada. Cuantas más vueltas menos entendía qué hacía en aquel lugar.
El único restaurante en pie de los de antes era: El Viejo Marlin. Cenó a solas un plato de cocina criolla y pez espada. Cuando salió – algo ebrio tras unos vasos de ron – sus pasos lo condujeron a una animada sala de baile.
Mujeres y hombres jovencísimos, casi muchachos, tomaban parte en un baile y sacaban a los rollizos y sonrojados extranjeros que presenciaban el espectáculo. Algunos aguardaban llegar algo más lejos... Naturalmente él no pensaba caer en la red.
De forma repentina se encontró danzando con torpeza con una joven chiquilla. Le preguntó su edad y sin titubear ella le contestó – entre orgullosa y feliz – “dieciocho.”
Más tarde su mente apenas le desvelaba que habían ido a un local y luego a otro...
De madrugada se encontró leyendo las páginas de un libro a la joven mientras ella le acariciaba. Oyó su voz pronunciar con un tono meloso: “Todavía eres guapo.” Una absurda mentira que formaba parte del... ¿juego? No. Aquello era algo más que un juego, era una infamia.
Luego ella estaba ¿sobre él? y él, él... su mente se cerraba a los demás recuerdos agradables y... sórdidos.

Se despertó. Estaba solo en la habitación del hotel. Le dolía terriblemente la cabeza. Y... ¿su cartera? No la encontraba. ¿Cómo había hecho para...? Habría cerca de trescientos dólares. ¡Una fortuna!
Oyó pasos; llamaron a la puerta. Se vistió como pudo y abrió. Era la chica de la limpieza. Con vergüenza y humildad, le preguntó.
— ¿Es usted David Llaneras?
Él asintió. Ella dijo.
— Su cartera, señor.
Antes de entregársela, la mujer abrió una vez más la cartera y mirándolo de forma directa a los ojos, añadió titubeando.
— Supongo que está todo. Estaba en el suelo del pasillo.
Se hizo un incómodo silencio. David estuvo a punto de protestar pero ¿protestar por qué y para qué? Cuando la culpa era suya. Y además, le entregaban la cartera y el dinero.
Ella volvió a preguntar.
Así que ¿usted es David Llaneras?
— Sí. Dijo él con nerviosismo. Ella alzó la cabeza, lo miró a los ojos de frente, y añadió.
— Curioso no.
— ¿El qué?
— Mi nombre es Eliana Llaneras.
Él la miró con estupor. Ella siguió.
—En cuanto a ella... La chica que estuvo con usted, es mi hermanastra. Se llama Nadia... Apuesto a que ni recuerda su nombre. ¿Eh papi?
Le entregó la cartera. Sonrió. Giró con soltura y se fue para siempre.

José Fernández del Vallado. Josef. Febrero 2011.
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