martes, diciembre 20, 2011

Desde La Butaca.

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Me acomodo en la butaca, frente al ordenador. Entro en youtube y la busco. Está ahí, alta delgada y preciosa. Envidio y adoro su éxito.
Y su voz... acaricia mi sien y me cautiva. Está ahí, vestida de negro, sus melodías idílicas y su mirada extraviada en un lugar indefinible. Un espacio invisible nos distancia y separa. Su voz, eterna, hurga en mi cerebro, remueve mis emociones y las moldea en partículas inmaduras. Juega conmigo, me hace suyo, me libera, se sincera por mí y para mí. La deseo, quiero que comprenda, oiga, mire... Una mirada suya y me consumiría...
Nunca aprendí su idioma pero la entiendo, sé lo que dice y como... Sé a quién o qué se refiere. Es la clase de hechizo que anhelé cuando las ilusiones vagaban en mí...
La admiro desde la butaca. No estoy solo. Mi blog, mi perra, los sueños, la vida... Hay vida dentro de mí. Qué más quiero, ¿qué necesito? A ella. Su voz, sus gestos, sus ilusiones junto a las mías...
Su voz...
Emerge de la nada, se alza, y alcanza cimas desconocidas. Tiemblo... no es miedo, sino placer, energía vital y belleza; intensidad, sed de vivir alimentándome de un deseo glorioso, inalcanzable, acariciando mis neuronas. Y ella. Está ahí, alta delgada y preciosa... Envidio y adoro su éxito. La quiero, sé que es así...  
Un detalle me entristece y me hace ser diferente, me ayuda a seguir adelante. Ella nunca llegará a saberlo. El día en que amé su voz, su imagen e incluso, la idolatré.

Entonces ella fue religión, único dios...

José Fernández del Vallado. Josef, diciembre 2011.



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