martes, abril 10, 2012

¿Cómo ocurrió?

Cómo ocurrió. No tengo la más leve idea, pero sucedió.

Fue un día cualquiera, antes de despertar... ¿Estaba despierto o continuaba acostado cuando regresé? Sí. Volví a la oscura caverna donde mis atávicos ancestros me vieron nacer. Recuerdo que escapé de la civilización y recorrí kilómetros mientras rompía esquemas sin importarme mi dolor interior o el dolor del futuro que rehuía, o el dolor de unos pies antes siempre calzados y ahora, sin calzar...
Escalé un camino perdido y enlodado y al alcanzar su término, allí estaba la estrecha oquedad. Aguardaba silenciosa y olvidada. Me interné. Vagué por lúgubres pasadizos a tientas, y guiado por un instinto maternal, descubrí la cámara protocolar y una vez allí, sugestionado por un extraño poder, lo hice: Difundí el conjuro nunca olvidado del amor y la vi.

“Pude ver mi pasado caminar con pies alados en un insólito valle iluminado por un cielo azul marino intenso, y donde se suponía que empezaba la tierra, había una bruma amarilla como de manzanilla. Se  deslizaba y recogía sándalo, diente de león, muérdago y flores de malvarrosa. Percibí el aroma dulce proveniente de ella y entremezclada, la suave brisa litoral de un océano jamás intuido por el hombre. Caminaba con pasos suaves y a la vez decididos, moviéndose en un mundo de fino algodón hilado. Alargué mis brazos hacia ella y mis sienes estallaron de felicidad solo de pensar en rozarla. Cuando por fin nos dimos las manos, un calambre tensó mi corazón...”

Caminamos juntos, pendientes el uno del otro. Durante días semanas, meses y años crecí con ella. Un día ella se acercó a mí. Sus labios se entreabrieron y articularon una agradable melodía en un idioma jamás estudiado ni oído y que sólo yo pude interpretar.
De pronto se volvió y me miró con aquellos ojos grandes y oscuros, sumidos bajo unas cejas prominentes, me estudiaba con profunda curiosidad y alegría, sin sonreír en su exterior y haciéndolo en su interior.
Y descubrí su belleza irreal, una belleza jamás sospechada por el Homo Sapiens, el atractivo de mi antepasado más cercano de mi hermandad en la vida. El de una mujer Neandertal...


José Fernández del Vallado. Josef.


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