martes, abril 03, 2012

Crisis Eterna.

Crisis eterna, pensaban los madrileños. No hay trabajo, volvamos a nuestros países, pensaban los emigrantes. Vuélvanse les sugería la derecha. Sin ocurrírseles, que gracias a los primeros, España había llegado a ser por unos meses la poderosa “octava potencia.”
     ¿La octava maravilla?
     No, Ángeles. ¡La octava potencia!
     Ah, y eso ¿sirve para algo?
     Pues para ser octavos... Digo yo.

Hacía frío ese invierno del futuro 2012. Por fin se encontraban en el presente de aquel futuro anhelado.
Cuando los primeros blindados invadieron la ciudad, de su interior solo salieron otros hombres de ojos oblicuos, que sonreían e inclinaban la cabeza con gracia.
Según se afirmaba, habían ocupado Europa en apenas un mes. ¿Cómo oponerse a un ejército formado por trescientos millones de chinos? Aterrorizadas ante semejante masa humana, las naciones abrían sus fronteras y les permitían avanzar.
Pasado un mes España funcionaba mejor que nunca. A quien no daba el callo se le ajusticiaba de un tiro en la nuca. La cifra de parados se redujo a cero y la de penados se elevó a cuatro millones. A los chinos no les importaba el número en cambio sí el género. Las mujeres les resultaban ¿inútiles? De tal modo, más de la mitad de los ajusticiados eran féminas.

Pasados cincuenta años la cosa prosiguió discurriendo con más o menos “normalidad.” Los chinos, instaurados en clase dominante dirigían los designios de la nación. En cuanto a los españoles, mientras trabajaban como chinos, agrupados en ghettos, comenzaron a procrear como ratas.
Transcurridos cincuenta años y pese al régimen de esterilizaciones, la población de España había aumentado de forma exponencial y llegó a quintuplicarse alcanzando el número de doscientos millones de seres.
La revuelta tuvo lugar y los chinos acomodados en los estratos superiores (apenas ochenta millones) rápidamente sofocaron la rebelión.
Hacía frío ese invierno del futuro 2015. El firmamento azul oscuro no aparecía surcado por naves brillantes e iluminadas, tampoco había presagios de invasiones extraterrestres, en cambio y de repente, se divisó a un superhombre o ¡supermujer…! ataviada con un traje radiante y metalizado. Era “Sexsiegacataplines.” De forma fulgurante se precipitó contra las filas de chinos y las barrió como a insignificantes fichas de dominó. Derrotados, los supervivientes se ocultaron en talleres ilegales de manufactura textil.
¿Y España? Nada anormal. Volvió a ser lo que siempre ha sido: Primera potencia del ocio y el jolgorio, por lo menos en Europa. Creo que siempre ha sido así. Los españoles somos maestros en dos artes: Hablar y quejarnos. Pero sobre todo un detalle se nos da extraordinariamente bien: Disfrutar de la vida sin dar golpe.

 José Fernández del Vallado. Josef.


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