miércoles, septiembre 23, 2009

Sensaciones al borde del tiempo...


Desde un principio tuve una sensación; quien conducía no era yo. Había vehículos cuyos haces de luz se concentraban y formaban extravagantes trazos de rutas sin orientación ni sentido. Era un amanecer diferente. Una luz ocre y opal envolvía el firmamento de un matiz que desataba nostalgias fáciles, de origen netamente desconocido, diferente a otras veces. No, esta vez nada era igual. Todo resultaba incuestionable y anodino, de una tristeza absurda y sentimental, como un amor soberbio lo es en su recta final...
Quien manejaba era yo o quizá no; aunque en el fondo daba igual, pues sabía que mi vida no estaba ligada a mis manos, nuca lo estuvo. La ruta se adentró en un pasaje encerrado en árboles ralos y enfermos, ascendió colinas yermas, recorrió explanadas como desiertos calcinados de temperaturas mortales, hasta alcanzar la estructura de poliuretano sintético en la cual se introdujo.

En su interior vehículos tripulados por un solo conductor, por lo general trajeado y cuando no exhibiendo un gabán blanco mate, se arremolinaban y giraban sin aparente sentido. Miles de haces de luz brillaban en una procesión solemne, distante y angustiosa, que se prolongó por espacio de días, semanas, años...
Agobiado por una sensación de pérdida, olvido y sinrazón, alcancé el núcleo central y me di cuenta. Tanto mi vehículo como yo éramos absorbidos en una espiral que lo devoraba todo. Entonces lo hice. Metí segunda, pisé a fondo el pedal del freno y ¡logré detenerme!
Los demás hicieron lo mismo. Y aquella nave gigantesca, de millones de metros cuadrados, por primera vez en decenios se paralizó en el más absoluto silencio. No así los faros de los autos que seguían encendidos contemplándose; y tras sus lunas, los rostros crispados de tripulantes que ni siquiera se atrevían a moverse.

Temblando, me decidí. Abrí la portezuela me encaramé al capó del auto y divisé el mar de carrocerías. El grito surgió de mi interior, descomunal, desgarrado. Con un extraño matiz de estupor y de rabia engendrada a través de generaciones habituadas a funcionar con la precisión de relojes; generaciones sometidas al oscuro rencor del trabajo sin conocer el porqué; sometidas al lema del produce y obtendrás. Viviendo bajo terminologías necias, ansiosas, como: Tala, esquilma, extrae, obtén, aprovecha, promueve, remueve, detenta, toma, coge, quédate, posee, tuyo, puede ser tuyo, no te detengas, sigue, corre, despierta, la vida puede ser tuya… ¿Qué vida?

Por eso grité y vomité:

Hasta aquí he llegado. ¡Basta ya de hacer el idiota! ¡Hoy es mi cumpleaños!

Y el imparable avance de la humanidad se detuvo. El planeta conocido como Tierra se detuvo. El Sistema Solar se detuvo. El Universo se detuvo. Y ya nada tuvo sentido, excepto la inexistencia de una nada irreconocible.

Y en efecto, hoy es mi cumpleaños jajaja…

José Fernández del Vallado. Josef. 23 septiembre 2009.


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