lunes, enero 24, 2011

Pareja de Jotas. Trío de Ases.



Imagen: Philippe Berthier

A primera hora de la tarde descubrí a Noemí en las vistillas. Era enero, hacía un frío espantoso, y hasta los gorriones sucumbían a la helada.

Nos conocimos hace unos años, en una reunión de escritores.
Entablamos conversación en el auditorio, proseguimos durante el almuerzo, y terminamos haciendo el amor.

Luego, volvió a su país…

Ella residía en Melbourne, yo subsistía en Madrid. Ella escribía poemas, yo los completaba con prosa. Ella llamaba de lunes a miércoles, yo de jueves a sábado. Ella descansaba los domingos, yo intentaba seguir escribiendo. Ella se bañaba en enero, yo lo hacía en agosto. Ella era hija de familia numerosa y solidaria, yo de familia antigregario y solitaria. Ella cantaba en un orfeón, yo contaba cuentos a niños lisiados. Ella había nacido un veintiuno de julio, yo un once de septiembre. Ella amaba la vida, yo la cosecha de vid. Ella era hija del sol, yo de la luna. Ella quería tener hijos, yo una camada de cachorros de lobo. Ella era tres años mayor, yo menos mil noventa y cinco menor. Ella había tenido más de un amor en la vida, yo más de diez desamores. Ella era rubia platino, yo anhelaba la plata. Ella montaba a caballo, yo jugaba a los caballitos. Ella tenía un descapotable, yo me cubría con paraguas la capota. Ella podía viajar todos los días que quisiera, yo viajaba todas las noches que quería. Ella era dotada y altiva, yo desprovisto de todo, excepto de un amor que guardaba en mi corazón bajo llave...

Y así transcurrieron cinco años; sin vernos, conectando siempre por Messenger. Yo sin ir a Melbourne, ella sin ir a Madrid. Proclamando nuestro amor sin ambages, haciendo del ciber amor, creyéndonos ideales y ahora, si no me equivocaba, ella estaba allí. Sin mí, de la mano de otra mujer.

No recuerdo cuanto tardó en suceder, hasta que sentí la espina clavada.
Las aceché durante toda la tarde y luego la noche.

En cada local en el que se internaban yo brindaba con whisky anhelando tenerla, y ellas lo hacían con champán. Yo me retorcía nervioso y ellas carcajeaban bulliciosas y canjeaban besos por cigarrillos. Yo las espiaba en el reservado, y ellas se acariciaban con dulzura sus partes más íntimas. Yo me excitaba con ellas y ellas se amaban, hablaban entre susurros y deslizaban estribillos de amor y arrebato...

Sobre las tres de la madrugada salieron ebrias a la calle y en una pared sellaron inflexible su compromiso de amor.

Luego fueron al hotel, yo las seguí con sigilo.

Pidieron las llaves y se perdieron en un ascensor que se detuvo en el séptimo... cielo...
Detrás entré yo. Un par de billetes y obtuve su número, me hospedé en la estancia contigua y escuché sus resuellos de anhelo, sus clamores de ardor y lujuria, sus íntimas confesiones...

Sobre las cinco el cansancio doblegó sus voluntades; sobre las cinco y media entré en la sala en penumbra; sobre las cinco y treinta y dos minutos estaba a los pies de su cama; sobre las cinco y cuarenta y cinco acalorado contemplaba el fastuoso espectáculo: Cabellos suaves y sueltos; cuerpos desnudos y esbeltos, revueltos, entrelazados, sudorosos y rebosantes de voluptuosidad.
Sobre las seis menos cuarto, con cautela y emoción, me acomodé entre ambas y el sueño venció mi alteración...
Sobre la nada, una lengua me acarició el paladar y me volvió de un sueño a otro sueño, unas manos mimaron mi pecho ruborizaron y cosquillearon mi piel... Y aquellas risas de náyade, llenas de candor y alegría. Nos fusionamos en un trío de pasiones mutuas, sincronizadas y entretejidas...

A primera hora de la tarde me descubro en un ático de las vistillas. Es agosto, un semestre más tarde. Hace un calor espantoso y hasta los gorriones sucumben a su sofoco.
Ahora Noemí escribe poemas, yo los completo con prosa, y Talia les imprime vida, y el color de un bello paisaje inmortal...

José Fernández del Vallado. Josef. Enero 2011.
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