miércoles, diciembre 10, 2008

Grieta.

Un hombre viejo, en el campo, con la cabeza cubierta por un sombrero de ala ancha, avanza despacio, con un saco de esparto ceñido al cinto. Con sus manos rugosas, toma la pértiga y bastonea el olivo para desbrozarlo. Las aceitunas verdes van cayendo como una fina lluvia de simiente. Se levanta y estira los brazos para sacudir la modorra. Al fondo está el cauce del río, seco, con los cantos rodados y pulidos, y al otro lado, las quebradas, presidiendo el horizonte como yelmos roídos. Y detrás una valla de alambre roñoso. Antes no había zonas acotadas, sino campo abierto y hombres que se batían palmo a palmo por una libertad bajo amenaza. Entrecierra los párpados y traga la poca saliva que le queda; una gota de sudor se desliza por su rostro y humedece y sala sus labios. 

Comenzó a ver a su madre de tarde en tarde, le acariciaba la nuca y le pedía que saliera a saludar a los hombres. Pero él no quería ver a nadie, ni comer, ni moverse, sólo distinguía a los milicianos en la grieta, cercados por el ejército fascista, sudando, sabedores de que si los descubrían, estaban listos. “No hay grieta, ni milicia, hijo”. Ella tampoco los veía. Él sí, tan estrecha, como la abertura de una cremallera. “Huid,” les decía. “Escapad,” suplicaba. Pero la noche caía como una tela de tul y allí permanecían, esperando a la muerte o al día siguiente. Cuando la fiebre lo dejó en un estado de somnolencia apareció en la puerta de la habitación, casi translúcido, el padre. “¿Los ves?” Le preguntó el viejo a su viejo. La madre contuvo un sollozo. Arrastró una silla y se sentó en silencio. El padre negó una vez; fue suficiente. De nuevo Navidad. Habría pavo confites y turrón de Mazarrón; bizcochos borrachos y borrachos tambaleándose en las aceras y en la calle. Dentro, un viejo solitario. 

Lo supo esa Navidad, no antes; el doctor vino a verlo. Lo hizo pasar a la cabaña. Se sentó frente a él en la hamaca, lo miró de frente y pidió un vaso de tinto. El viejo empezó a contarle cosas del campo, como decaían los olivos. “Habrá que remover la tierra y dejar el rastrojo. Mis padres me ayudarán...” 
- No hay padres, Don Fabián – le censura el doctor. – Son irreales, visiones suyas. Como lo de la grieta. Vendrá conmigo al hospital. 
Él se vuelve, sus ojos de un azul profundo inquieren llenos de vida. 
- ¿Cuánto…?
- No sé. Días. Tal vez un mes. 
El viejo sonríe. Acoge la mano del doctor y murmura. 
- Suficiente...
Y con voz queda, añade.
- Yo los maté. Tendré tiempo de sacarlos de la grieta y enterrarlos en el camposanto.


José Fernández del Vallado. Josef. Diciembre 2008.



martes, diciembre 09, 2008

Cúspide


Abrió los ojos y lo supo. Sus sueños se habían hecho realidad, estaba en la cúspide, era ¡el mejor.

Tras una puerta blindada una multitud de millón y medio de seres frenéticos, poseídos por un fervor histérico sin límites, se arremolinaban deseando ver aparecer el perfil del mejor de todos los tiempos. Aunque ¿el mejor en qué especialidad? Francamente, en ninguna y en todas a la vez.

A partir de que el suceso diera lugar ya nunca habría nadie equiparable, puesto que todos eran inferiores y su estrella sobresalía con insólito esplendor. Había sido un golpe de mano inconcebible para una civilización en decadencia, en la cual él, el mejor, se había hecho con el monopolio indispensable de la perfección.

No desayunó, puesto que no existe desayuno capaz de saciar perfección con exacta perfección. No orinó, puesto que evacuar o excretar resultan prácticas anacrónicas y a años luz de cualquier perfección. No se duchó afeitó ni arregló, pues un cuerpo perfecto genera células en el organismo por sí mismas, y la purificación de por sí se convierte en innata.

Tampoco le hizo falta volverse de espaldas a la entrada para diferenciar con nitidez, entre millones, la voz de su manager – desde ese preciso instante ya – su ex manager. Le invitaba a que saliera al balcón y expresara un comunicado de aliento y paz a la humanidad.

El hombre que hasta un día antes se había llamado Carlos Lázaro Proud, renunció a su nombre. Pues ¿puede acaso encarnarse bajo nombre alguno la suma perfección? Miró a donde debería estar el balcón y supo que nunca había existido dicho emplazamiento, puesto que la excelencia no necesita sustentos materiales a los que encaramarse. A continuación extendió ambos brazos, pero de su boca no surgió una sola palabra, pues la perfección tampoco precisa expresarse para comprender y dar a entender cuales son los designios de la humanidad, y lo que la misma requiere, o no.

Se volvió levitando, y lágrimas cristalinas de simetría inigualable, de una pureza libre de cualquier germen de duda, se deslizaron sobre un semblante inmaculado. Y entendió lo que ya entendía.

Lentamente, o tal vez en micro milésimas de segundo, puesto que la excelencia se halla por encima del tiempo, acomodó su voluntad superior sobre la mullida almohada del dormitorio de la impoluta sala donde se hallaba. Entonces las paredes imperfectas se difuminaron, los ángulos se transformaron en rectas infinitas, lo material se hizo inmaterial, sus párpados se cerraron pero su línea visual capaz de atravesarlos, no tuvo que efectuar un solo y vago movimiento más en una vida donde moverse resulta una imperfecta pérdida de tiempo, y donde el tiempo, una y otra vez, se oculta del tiempo.

En segundos, o tal vez se sucedieron milenios, su mente alcanzó un sueño profundo y sublime; tan elevado en su excelencia que ya no le fue necesario despertar durante una eternidad...

Mientras, si acaso hubo un mientras, la humanidad se extinguió. O quizá estuvo sin hallarse nunca del todo presente…


José Fernández del Vallado. Josef. Abril 2007. Arreglos Diciembre 2008.



jueves, diciembre 04, 2008

PESADILLAS.


Es difícil precisar cuándo y por qué va a suceder, pero una noche vuelves a tenerlas, las pesadillas regresan. ¿Has cenado mal?: No. Quizá tomaste algo que no te sentó bien: No. Tal vez la película se enquistó en tu cabeza: No hubo, estuviste leyendo el periódico, nada trascendente, los temas políticos de siempre. Entonces esos sueños extraños ¿de dónde proceden? Ni lo mencionas, pero en el fondo lo sabes. De ti, de algún lugar lejano oculto en la trastienda del cerebro. Son tus creaciones, llevan sello propio y alguna vez pueden llegar a convertirse en reales.



Llevaba tres días soñándola cuando la encontré. Estaba en un desfile de modelos de cierto relieve, no era ninguna de ellas, sólo un maniquí. Logré entrar mediante una acreditación falsa de reportero. Estaba en un cuarto trastero. La sacaron, la pusieron un instante junto al Set de la espléndida modelo brasileña Gisele Bündchen y cuando aquélla pasó a su lado me pareció insignificante. ¿Saben cómo es la Bünchen? Se trata de un bellezón rubio que a primera vista impresiona y a segunda desmonta. Pues bien, al lado del maniquí la Bünchen no tenía nada que hacer. No es tonta, se dio cuenta enseguida y con disimulo ordenó que lo incineraran. Pero yo ya la había descubierto y merced a mi sagaz versatilidad me convertí en incinerador. En diez minutos ella; es decir, el maniquí y yo salíamos por la puerta trasera. Me costó meterla en el coche. Tuve que volverle el brazo izquierdo del revés. Aquello debió de doler, no se quejó, era consciente de su situación.

Al cabo de un rato circulábamos tranquilamente por la autopista París – Lyon y comenzó a hablarme, me dijo: “No soy para ti.” La miré con sorpresa y añadió. “Verás tú eres un hombre decente y con trabajo.” No. Estoy en el paro, señalé. Ella se acarició el bucle castaño rojizo del lado izquierdo de su sien y continuó. “Quería decírtelo desde que me metiste en el coche. Yo no soy buena para ti ni para nadie.” La miré durante unos instantes y pregunté. ¿Por qué? Sonrió con nerviosismo y lo dijo sin dificultad. “Porque soy una meretriz.” Ni siquiera miré, solo dije. En resumen eres una puta. Trató de corregir y añadió muy seria: Tan sólo meretriz. Me reí la miré a los ojos marrones y le pregunté. ¿Sabes lo que es una meretriz? Titubeó y dijo: “No.” Proseguí. ¿Conoces su utilidad? “No.” ¿Sabes de qué país son? “No.” ¿Sabes cuántas hay en el mundo? “No.” Te lo diré: ¡Millones! Y corregí. Pero sólo una es un puto y bellísimo maniquí.
“¿Quién?” Tú, por supuesto.
Mientras hablábamos me interné en un camino frondoso y retirado. Detuve el coche. La tomé por la cintura, la abracé y la besé con pasión; le desabroché la faldita plisada y sin mediar palabra la penetré. Nadie se interpondría a mis designios. No protestó y se dejó hacer en silencio, era una puta.
Cuando terminé se había puesto pálida y la nariz le había crecido de forma parecida a la de Pinocho. La miré con asombro y balbuceé un “Qué…” entrecortado. De pronto su mirada era como de cal y se carcajeaba de mí. Dijo: “Te he mentido.” La mire con espanto y le pregunté. Dime la verdad. Dime. ¿Quién eres, qué eres? “Soy una tarántula.” Y se abalanzó sobre mí.

Desperté gritando angustiado, encendí la luz de la lámpara. Sudaba. Salí de la cama, comencé a caminar y de pronto me detuve con terror. Saliendo de debajo del vértice izquierdo del marco del cuadro que había colgado sobre mi cama estaba la tarántula. Pareció advertirme y se detuvo. Salí corriendo a la cocina abrí la alacena y retirando de forma precipitada botes de lejía y detergente, busqué el insecticida mata cucarachas, hormigas, arañas, y demás insectos rastreros. Lo hallé olvidado en un rincón. Cuando volví el monstruo no se había movido de lugar. Temblando, enfoqué en su dirección y disparé. Dio unos pasos y cayó sobre el tomo de Drácula de Bram Stocker que permanecía abierto por la página doscientos diecisiete, aquella en la que se relata como cuando llega el crepúsculo los No muertos pueden salir de la tumba y de sus criptas. Lo cerré y la aplasté sin piedad; cogí el libro y abrí la puerta de acceso al jardín. Hacía una noche de luna llena; salí y lo quemé sobre la hierba. A continuación procedí a extender sus cenizas. Cuando entré de nuevo me di cuenta del fuerte olor a insecticida, entonces volví a abrir la puerta y la dejé unos instantes para que el aire corriera, mientras, me fui a lavar las manos, y me las enjaboné meticulosamente. Cuando volví miré la luna y sentí un escalofrío. Se desencadenó un fugaz vendaval sobrecargado de aromas y tuve la sensación de que algo se introducía flotando en el aire. Asustado, cerré la puerta de golpe, me metí en la cama, me cubrí con las mantas hasta el rostro y me dormí.

Tuve un nuevo sueño. Me encontraba a un niño llorando en una montaña y al preguntarle qué le ocurría me dijo que había olvidado su soldadito de plomo en la cima. Sólo hice que llegar arriba y darme cuenta del percance; había olvidado las botellas de oxígeno. Y sin oxígeno no es posible respirar a diez mil metros de altitud.

No hubo mañana siguiente. Dictaminaron muerte por asfixia e intoxicación. ¿Me excedí en la dosis de insecticida? No, por supuesto, sigo vivo. Cierto, aunque tengo una sensación de encierro desagradable, como si estuviera en el interior de... ¿un féretro? No claro, se trata de una nueva pesadilla... Supongo...


José Fernández del Vallado. Josef. Dic 2008.

miércoles, diciembre 03, 2008

Busco el recuerdo.

Trompetas de guerra,
ejércitos que acechan.
La paz está truncada, murió.
Recorro páramos vacíos
oscuridad gélida de muerte...

Tras las deflagraciones
el sol se oscureció,
y se volvió marrón café.

Huele a suciedad,
el aire escuece la carne se cuece
con un leve rayo de luz.
El agua envenenada
 los blindados y bulldozers
escupen fuego y metralla
¿en nombre de quién?

Busco a Alexia,
está viva 
en mí memoria.
   Amarla fue fácil
 en las mañanas radiantes
del último verano de paz,
 cuando nuestros corazones
latían despiertos.

Ahora, en soledad
mi arteria reposa aterida.

Recuerdo la habitación azul,
aquellos labios finos,
los ojos concéntricos,
su mirada cálida y azul.

Recuerdo otra vida distinta
 diferente,
anterior a las conquistas,
con cada ser en su lugar,
iluminado por un aura de sol y promisión.
¿Por qué la ambición?

Hicimos el amor en la laguna,
en sus riberas;
y todos los días del año
sin dejar uno sólo al azar.

Los perfiles de la tropa
se difuminan a lo lejos
 avanzan como insectos
por caminos que una vez fueron otros.

En vez de un clavel blanco y hermoso
gobierno un fusil frío y letal.
Desciendo barrancos
y los repueblo de ánimas,
soy la muerte y Satán,
soy el Ángel Caído.

Ahora soy eso,
antes fui una promesa
de felicidad que se marchitó
dejándose vencer por el miedo.

¡La veo!
Una torre de marfil.
Último reducto del ser puro.
Dicen que en ella moran las almas celestes
y todavía habita
la paz mudada de nombre.
Dicen que para quien la tome
será la victoria.

Ya no creo en victorias.
Buscamos victorias, premios, ganancias
y somos efímeros;
buscamos el reconocimiento de seres
que como nosotros
desean ser reconocidos.

Yo quiero ser... nada,
tan sólo busco a Alexia.

Recuerdo las primaveras
en que las flores germinaban,
íbamos al campo
y tomándonos de las manos,
con el candor de dos niños
sonreíamos a la vida.

Recuerdo los zorros blancos y pardos,
el trino del picacanto,
el rugido del sirex,
y sus canciones,
al crepúsculo multicolor e irisado
de las tres lunas de Orión…

Busco el recuerdo,
dulce, salado, inmortal
para siempre de Alexia...


José Fernández del Vallado. Josef. 2008.










martes, diciembre 02, 2008

El mundo empieza diciembre ¡Y CÓMO!


Da pena presenciar y a la vez – con desagrado e impotencia – ser consciente de como mientras en el mundo millones de seres humanos no alcanzan a ganar un euro diario y hay madres con bebés que mueren de hambre en sus brazos, familias numerosas que subsisten con el salario de apenas cien euros al mes, hombres que sobreviven entrando y saliendo del paro, existe otro mundo dentro de nuestro mundo que pese a las crisis, pese a las epidemias y las guerras, continúa acumulando el dinero.

En nuestro primer mundo viven muchas, demasiadas, personas y entidades que ganan en exceso y mantienen fortunas acopiadas y almacenadas durante vidas enteras o simplemente unos días de “pelotazo,” en bancos. Algunos de estos capitales, como tesoros robados, permanecen ocultos en Paraísos fiscales; tales como: Islas Caimán, Andorra, Liechtenstein, Seychelles, Panamá, etc. No negaré que mientras que algunas (fortunas) en su día fueron forjadas con el “sudor de la frente” y años de trabajo, las más proceden del dinero sucio.

Por poner un ejemplo, en España ¿cuántas hay o habrá procedentes de la famosa “burbuja inmobiliaria”? ¿Y de aquellos “Fondos Reservados” supuesto patrimonio de los españoles? ¿Y de la venta de armas, o de banqueros fraudulentos, y de diversas mafias afincadas en nuestro país? Esto es algo que debería investigarse. El dinero fraudulento debería de ser arrancado a los ladrones y utilizado para fines no lucrativos. Pero sobre todo – incluso me molesta e inquieta más – están esas gentes supuestamente “afables y comunes” que se suman al grito de: “Lucha contra el Hambre y las Enfermedades” y sin embargo, no mueven un dedo, y todo, por puro egoísmo acomodaticio. Muchos de ellos son tan cobardes que ni siquiera se atreven a hacer uso adecuado de su abundante caudal, y lo acumulan y recuentan tal como haría Tío Gilito. ¿Alguien “NO” recuerda quién era Tío Gilito? Era el ejemplo del multimillonario avaro y marrullero: Construía edificios y los llenaba con su dinero, en metálico, donde acudía a bañarse.


HOY MISMO, hace tan sólo unos días, un señor Bush “¿asustado?” autorizó un paquete de dinero para un solo banco que se desploma sumido en la vergüenza de otra gran estafa: La especulación: El poderoso Citigroup. La suma ascendía a la aberrante cantidad de ¡326.000 millones de dólares! Lo que está sucediendo supone un reto y un ejemplo vergonzoso en nuestro mundo. Sobre todo si miramos hacia atrás y tenemos en cuenta un detalle.

El 14 de noviembre del año 2005 este mismo Bush firmó una ley que autorizaba una cantidad de sólo: 20.900 millones de dólares de ayuda exterior. Sobre todo para África, y luego, parte del mundo. Observad de qué forma se constituyeron los destinos y el reparto:
- Israel: ¡Recibió 2.300 millones de dólares en ayuda militar! Lo que supuso un aumento de sesenta millones de dólares sobre los niveles de 2005, y 240 millones de dólares en ayuda económica.
- Egipto: Recibió1.300 millones de dólares en ayuda militar y 495 millones de dólares en ayuda económica, a condición de que emprendiera “reformas económicas y políticas significativas adicionales a las que fueron emprendidas en años fiscales anteriores.”
- Jordania:Recibió la miseria de 250 millones de dólares en ayuda económica.
- Cisjordania y Gaza: ¡Nada! Sólo dos millones de dólares. – una burla – en ayuda al desarrollo para programas que serían administrados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo /Internacional (USAID). ¿Se los concederían realmente? Lo dudo.
La ley proveía también 430 millones de dólares para Afganistán (supongo que para arreglar el costoso gasoducto que lo atraviesa y no para otra cosa más digna) más del doble que en 2005.
- 300 millones de dólares en ayuda militar para Pakistán. (Siempre, fíjense, la ayuda militar, con la contrapartida, supongo, que se les compre siempre a ellos: los USA, su armamento obsoleto, está claro.)
- 70 millones de dólares para ayuda al desarrollo de Sudán.
Y 10 míseros millones de dólares en apoyo económico para los estados de la ex Unión Soviética. Nada.

PROGRAMAS DE AYUDA MUNDIAL

- ¡Tan sólo: 791 millones de dólares fueron para ayuda a la migración y a los refugiados, que son muchísimos y, sin duda, es uno de los problemas más importantes del Planeta! Ridículo y vergonzoso de nuevo.

- 477,2 millones de dólares para control de narcóticos y aplicación de la ley, y 734,5 millones de dólares para apoyar actividades contra drogas en la región andina de Sudamérica. ¿Y cuánto dinero estimáis se obtiene con su venta?: ¡Billones de dólares! Total, los narcóticos, una importante fuente de ingresos para los EEUU.
- 410,1 millones de dólares para apoyar la no proliferación, el antiterrorismo y el desminado. No les interesa demasiado detenerlo. Excepto cuando les tiran las Torres Gemelas.
- 322 millones de dólares para el Cuerpo de Paz. ¿Cuerpos de paz? ¿Para qué? Debe pensar, y piensa, el país más armado de la Tierra.
- 95 millones de dólares para promover la democracia y fomentar mejoras en la gobernabilidad, los derechos humanos y los medios informativos independientes en las economías en vías de desarrollo. ¿La democracia? ¿Qué democracia? Desde luego la suya, NO.
- 80 millones de dólares para el Fondo del Medio Ambiental Mundial, que ayuda a los países en desarrollo a financiar programas relacionados con la biodiversidad, el cambio climático, las aguas internacionales, la degradación de las tierras, la capa ozónica y los contaminantes orgánicos persistentes. Se ve claro. Ellos, a lo suyo. No les importa que el mundo se vaya al carajo. Mientras hagan negocio...
Y sólo cuatro ¡¡cuatro millones!! de dólares para programas que atienden las necesidades y los derechos de las personas discapacitadas en los países en desarrollo. Nueva vergüenza.

INSTITUCIONES FINANCIERAS INTERNACIONALES

- 950 millones de dólares para la Asociación Internacional del Desarrollo (IDA), entidad del Banco Mundial que provee donaciones y préstamos a largo plazo exentos de interés para los países en desarrollo más pobres. Esto es algo muy serio qué significan 950 millones de dólares para un país como los EEUU y qué significado tiene ayudar a los países en desarrollo. Pensadlo. Yo he llegado ya a una conclusión: Lo es todo para nuestro Mundo. Nueva vergüenza.
- 100 millones de dólares para el Fondo Asiático de Desarrollo, 3,64 millones para el Banco Africano de Desarrollo, 135,7 millones para el Fondo Africano de Desarrollo y 1,74 millones de dólares para la Iniciativa del Fondo Multilateral para Inversiones en las Américas. Tenían que decirlo. También ¿ayudan? al continente Sur.
Para aumentar - ¿o desestabilizar? - la seguridad militar la ley provee 30 millones de dólares para Filipinas, tres millones de dólares para Mongolia y un millón de dólares para Indonesia, Bangladesh, Tailandia, Sri Lanka y Camboya respectivamente. De este modo, alegan que ¿ayudan? a Asia.
Los legisladores redujeron a 61 millones de dólares los fondos para programas de reconstrucción en Iraq, alegando que todavía queda dinero del que ya había sido autorizado para Iraq. La administración había solicitado 459 millones. Natural. De Iraq solo les importó una cosa: ¡El petróleo!
La medida provee también 65 millones de dólares para la venta, reducción o cancelación de deudas contraídas con los Estados Unidos por países pobres calificados.
La ley estipula que no se proveerá financiación alguna para pagar por abortos como un método de planificación familiar. Su deseo es claro: Eliminar los abortos. Y qué de aquéllas mujeres menores violadas o con problemas por enfermedad ¿tienen derecho a abortar? Está claro. Según el gabinete del señor Bush: ¡NO!
El Banco de Exportación-Importación recibirá 100 millones de dólares, OPIC recibirá 20,28 millones de dólares y la TDA 50,9 millones.

Así fue el reparto. Esto sucedió ¡en el año 2005! Estamos a 2008, envueltos en la crisis de: “Los niños mimados”: Las financieras. Y no hay visos de que vaya a haber ayuda semejante. En cambio, los que acumulan siguen siendo los mismos. Pensadlo bien. Para un solo Banco: ¡326.000 millones de dólares! Para toda África, un continente: 20.900 y ni siquiera alcanzó a ser esa cifra porque en su día dijeron que fueron sólo 10.000 millones…

José Fernández del Vallado. Josef. Diciembre 2008.





lunes, diciembre 01, 2008

Una vez... En el Paraíso.

¿Por qué narrar esto si no lo he hecho nunca en dieciocho años de existencia? En el fondo no lo sé. Lo he pensado otras veces y me avergonzaba, o a lo mejor no deseaba compartir. En cambio hoy deseo hacerlo y que percibáis lo que es sentirse bien y disfrutar de la vida, y sobre todo como es vivir esos momentos para los cuales, pienso, vinimos al mundo.

Una mañana de un mes de marzo del año de mil novecientos noventa estaba lejos de mi vida habitual y de mi casa. Lo había conseguido, viajar a un lugar fascinante: a un lugar del Caribe. Me desperté muy pronto, mis dos amigos dormían, mi intención no era despertarlos, por lo que silenciosamente me vestí y salí de la casa.
Desayuné un café con leche en un bar cercano, junto a un parque ajardinado y a la sombra de un árbol del pan. Un grupo de lagartijas marrones y grises con el abdomen azulado llamaron mi atención, tomaban el sol y se perseguían a escasos metros por encima de mí, iban de los muros de piedra caliza de un antiguo convento a un Ficus de considerables dimensiones. Finalicé y me dirigí a mi coche de alquiler, un pequeño Isuzu blanco de cristales ahumados.
Apenas llevaba medio mes en la isla, Minerva y yo nos habíamos conocido la noche anterior en un local pequeño, cuando durante una tormenta muy fuerte nos acurrucamos bajo su soportal. Fue advertirnos y quedar transpuestos uno en el otro, atrapados en la misma celada de amor. No hubo truco, leí en sus ojos sinceros la profundidad y el deseo.

Arranqué y me fui a buscarla a su casa. Estaba en la pequeña localidad de La Romana, según me explicó vivía en una calle llamada: Padre Ayubere.
Antes me detuve a echar gasolina en el único depósito de la villa y Pedro Cabrales, un buscavidas avispado, se las arregló como siempre para sacarme unos pesos de más. Le pregunté por la calle sonrió y me deslizó: “Buscas a tu niña.” Y en realidad así era, pues apenas tenía veintiuno recién cumplidos, en cuanto a mí, con mis veintisiete, era a su lado un adulto.
Su casa era un desconchado chalé de color verdoso, era de familia pobre. Pero cuando amas a alguien con la espontaneidad y el espíritu de la juventud todo parece brillar y la riqueza o la pobreza no existen. Como aquella mañana soleada y cálida, yo no sentía calor, sino felicidad. No sentía ninguna molestia porque me sabía afortunado de haberla conocido y además era joven y mi cuerpo respondía con eficacia y plenitud a mis exigencias. En realidad vivía un sueño de hadas. Hasta entonces nunca creí que semejante circunstancia fuera posible; es decir, verlo todo con los ojos de la belleza. Es más, los cuentos me parecían cursilerías fantásticas y nunca creí que te pudieran involucrar en la realidad, y sin embargo, está comprobado, su origen nace en el contexto de los enamoramientos, y así me sentía, tocado por una varita de gracia.

Cuando la llamé me miró con ojos de asombro, pienso que ni ella misma creía en la posibilidad de verme otra vez. En realidad nuestro amor estaba sellado y con fecha de caducidad. Su fin, el día en que me fuera, transcurrido un mes, los dos lo sabíamos, pero procurábamos ignorarlo y ansiábamos ser felices juntos.
Aquella mañana representamos muy bien; la vida estaba de nuestro lado y, por el momento, el tiempo contaba para nosotros.
Cogimos las toallas, la sombrilla, y nos pusimos en camino. Todo, y cuando digo todo, me refiero a cualquier reacción, hasta el mínimo roce, significaba sensualidad en nuestra relación. Entramos sonrientes y abrazados en la farmacia para comprar preservativos; todavía no habíamos hecho el amor pero estaba claro como el agua que lo haríamos. Las señoras que había allí se ruborizaron, las farmacéuticas fueron más profesionales; de todos modos no entiendo como a alguien le sigue enrojeciendo algo tan universal como hacer el amor.

Arrancamos, puse una cinta de música y la carretera envuelta en un vergel de selva brilló en todo su esplendor. Estaba en una de las zonas más bonitas de la isla y Minerva era uno de sus tesoros. Recuerdo aquella ruta de una forma especial porque era espectacular. Sobre todo el puente que atraviesa el río Chavón emplazado en un abrupto cañón cubierto de vegetación, sobrevolado por bandadas de fragatas con los buches rojos e hinchados al sol.
Me llevó hasta una playa que en sí misma era un sueño. Supuse que playas así ya no existían, pero por aquel entonces había una, aquélla. La arena blanca y pura deslizándose hasta un agua de una transparencia sin límites; cocoteros inclinados a ras del agua; un cielo azul marino delimitándose frente al turquesa del océano, y nosotros, completamente solos...
Nos tumbamos sobre una arena caliente y viva, ella sobre mí, cerré los ojos y transcurrí en ese estado un límite incierto de tiempo, sin cesar de amar un solo instante, pues aquel mes me pareció perdurar años de vida en plenitud.
Cuando la dejé mi corazón me dolía y todavía me duele pensarlo y cuando alguien se pregunta como será el Paraíso y si existe, yo convengo que sí. Existía. Este mundo era un paraíso. La pregunta consiste en descifrar ¿qué hemos hecho de el?

No he vuelto a ver a Minerva probablemente era un ángel en el Paraíso ¿Y yo? Su demonio.

José Fernández del Vallado. Nov 2008.


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