martes, febrero 16, 2010

¿Somos conscientes de cómo vivimos?




El día de los enamorados ha terminado y mi amor se ha marchado dejándome ¿triste y abandonado?
¿Por qué? ¿Por qué sin amor uno ha de estar triste y sentirse solo? me pregunto y afirmo: La mayoría de los días deberían ser de amor o de los enamorados. Quizá, ¡pero sin rimbombancias!
Claro que... ¿qué es peor? Vivir en un mundo rosa: Sin muertes, preocupaciones, adversidades, retos ni aventuras; colmado de chocolatinas y dulces y en el que el peso ideal de cualquier humano ronde los ciento cuarenta kilos, a vivir en un mundo activo, humilde, equilibrado y algo más complejo, pero sano. ¿Qué os parece?
A mí que nuestro exiguo y acomodado mundo occidental camina hacia lo primero, mientras el resto del planeta flaquea y agoniza envuelto en las garras de una devastadora hambruna.

¿Somos conscientes de cómo vivimos?
Creo que no del todo.
Aquí mismo, en Madrid, a uno le basta con darse una vuelta por la Plaza Mayor, para comprobar nuestra triste realidad de ciudadanos acomodados.
Basta fijarse en las partidas de turistas españoles y extranjeros para ver que estamos sobrealimentados. Antes los mayores obesos se hallaban en países anglosajones, pero ahora, los españoles nos encontramos en su estela.
¡Bienvenida la crisis! Quizá nos obligue a abrocharnos los cinturones, renunciemos a esos dulces y empecemos a alimentarnos de una forma más comedida y racional, para así poder enviar todo ese alimento sobrante a países o lugares donde en realidad lo necesitan.

Yo espero comenzar a readaptarme y vivir de una forma más adecuada. Pienso realizar diversos recortes – de hecho he empezado ya a hacerlo – con respecto a lo que era mi vida anterior. Utilizaré lo que sea preciso, no malgastaré en agua ni en cachivaches innecesarios, me pensaré más ciertas “manías materialistas” antes de llevarlas a cabo, no haré caso del atronador bombardeo de anuncios al que estamos sometidos, me basta con una comida fuerte al día, la cena la suprimo a cambio de, por ejemplo, un yogurt. Y todos los días algo de ejercicio; lo que cada uno crea necesario o pueda: Caminar con la perra, hacer flexiones, y sobre todo dejar que la naturaleza me golpee con amaneceres fríos, tardes calurosas, noches relajantes, luego una ducha templada y a funcionar, eso es vivir. Encajar los riesgos de la vida, pero sin que la locura se adueñe de nosotros. Manteniendo esa cordura que tan bien conservan nuestros parientes animales, que viven el día a día con la posibilidad de morir y son siempre felices.

Nos hemos acondicionado demasiado, antes los depredadores nos atacaban y devoraban y lo asumíamos adorando a nuestros dioses. Teníamos dioses para todo, igual que soluciones. Hoy quienes nos devoran son las máquinas que creamos. Caemos fulminados como muñecos de trapo en accidentes de automóvil, ferroviarios y de aviación, y eso lo tenemos asumido, pero muchos, no sabemos hacer nada con las manos, ¿acaso masturbarnos de forma más adecuada? ¡Ni eso! Y que nos devore una fiera nos espanta – y debemos eliminarla – cuando debería de ser lo habitual. Durante cientos de años ellos han sido nuestros depredadores.

En cambio, nos matamos entre nosotros por el abollón en el coche, por una factura impagada, por un número de más... ¡y nuestra soberbia! Hay personas que empujan a otras a las vías férreas del metro, muchachos que se lían a tiros con sus compañeros y profesores de instituto; individuos que saltan desde puentes por el mero placer de experimentar un “subidón de adrenalina.” Me imagino lo que pensarían nuestros ancestros si renacieran y vieran el desequilibrio mental que padecemos. Pero en fin, así es la democracia, cada uno puede hacer lo que le plazca mientras no estorbe a los demás. Claro que... ¡ya no vivimos en democracia! Si acaso, los griegos antiguos vivían en democracia. Nosotros estamos atrapados en las redes de una “tecnocracia capitalista” que devora todo a su paso, y aquello que es diferente, no encaja. Y lo que no encaja debe de ser suprimido en el mayor de los silencios. Por el contrario lo que se adecue a nuestro ritmo recibirá el premio capital y de divulgación nacional o mundial.

¿Qué o quién no se adecua?
Todos aquellos que queremos cambiar el sistema y que por ejemplo rogamos que la principal materia prima: el petróleo, empiece a ser sustituido por materias energéticas limpias. Existen y son funcionales, está demostrado, pero las multinacionales petroleras les cierran el paso.
¿Por qué no se adecua?
Somos silenciados porque el sistema predominante no es la democracia. Para empezar los gobiernos actuales son inoperantes, el dominio mundial está en manos de las multinacionales. Y las multinacionales solo piensan de una forma:
“Menor inversión siempre ha de equivaler a mayor dividendo.”
Lo cual significa menos puestos de trabajo o empleos sin apenas remunerar, tal como ocurre en potencias como China, o más maquinaria robotizada y escaso personal, como ocurre en Europa, Japón y Estados Unidos.
De momento está claro que lo más barato sigue siendo la mano de obra humana y a muy bajo coste, por eso las multinacionales explotan de forma eficaz y en silencio al tercer mundo, y ahora, también quieren hacer lo mismo con nosotros. Por eso, África está devastada, zonas de oriente también, y en Sudamérica y la mayor parte del mundo se busca ir por el mismo camino.
¿Por qué hay que luchar contra esto?
Por que si no lo hacemos – y temo que ya sea tarde – dentro de poco todos seremos marionetas exprimidas por la industria de unos cuantos “amiguetes” que vivirán felices y obesos a nuestra costa. Esto está ya sucediendo. Me remito al ejemplo anterior. El occidental anglosajón, nórdico o norteamericano, sobre todo, es obeso e inoperante, tiene salarios exorbitantes, y come demasiado.
Y mañana... ¿seguiremos igual?

Hasta mañana.

José Fernández del Vallado. Josef, Febrero 2010.


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