Estoy en Haiti... He querido ir allí, desplazarme a un lugar que no me cuesta imaginar porque una vez estuve cerca, muy cerca. – Y veo muerte – Podría decirse que estoy junto a los haitianos, esas mujeres y hombres que veo trabajar confinados en las plantaciones de caña dominicanas, castigados por la vida, con las manos llenas de espinas, sudando sangre, comunicándose mediante un francés casi ininteligible. – Y veo muerte – Aquellos antiguos cimarrones que se rebelaron contra el poder del blanco y lucharon con valentía a las órdenes de su primer liberador y gran hombre: François Dominique Toussaint-Louverture – Y veo muerte – viven hoy azotados por la desgracia de la piel oscura: El racismo; plaga imposible de erradicar. ¿Por qué los pueblos negros son pobres en un mundo de blancos? Extraña pregunta que cada vez me suena menos, ¡y menos, extraña! – Y veo muerte – No es culpa de ellos, como muchos alegan, sino de nosotros que les cerramos el paso y les impedimos progresar. Nosotros tenemos las llaves y podemos ayudar a quien nos plazca. ¿Por qué África es un caos y Oriente no? Lo sé, puedo verlo. A muchos les habría gustado que los chinos, japoneses, coreanos, se murieran de hambre... todo con tal de predominar. – Y veo muerte – pero ellos, “los amarillos” ja, escaparon a nuestro control. ¡Hicieron bien! Genial. Ahora hacen lo que quieren. Somos una raza depredadora. Quizá todas las razas lo sean, pero nosotros, los blancos, tenemos la clave para promover esa igualdad y en su lugar nos cubrimos de lodo y vergüenza... Y veo muerte. ¡No! Ya no hay excusa posible. Han sido demasiadas veces y siempre sobre poblaciones de indígenas, negros y orientales. Todas las razas han sufrido nuestra lacra. Yo, desde luego, esta vez no pienso lavarme las manos y mirar a otro lado. Ayer envié CIEN euritos que para mí apenas son nada, pero allí es todo un dineral. ¿Y vosotros: Magnates, Empresarios, ¡ciudadanos todos! cómo ayudáis? Os diré una cosa: Haced lo que os plazca. Al fin y al cabo estáis en vuestro derecho... siempre habéis hecho lo que os sale de... ¡Allá vosotros!José Fernández del Vallado. Josef 2010.
Hacía una mañana gélida y permanecía allí, de pie, mientras de mi boca afloraba un vaho vertiginoso... Trataba de no pensar, pero lo hacía. Desde hace tiempo mi alma estaba vacía. No sentía. No escribía, no hablaba, no buscaba emociones, no expresaba nada nuevo, no trasmitía, ¿había perdido el carisma? No sabría indicar cuando empezó a ocurrir, la tristeza y una soledad machacante y opresora me invadieron lentamente. No. Nunca, jamás, había pensado en la posibilidad de que me sucediera algo así.¿Le había cerrado el acceso a la vida? No lo entendía. Antes sabía disfrutar y ahora necesitaba volver a hacerlo de nuevo. Respirar aire puro en una playa, en la montaña, o en cualquier lugar apreciado. Y aquellas noches de amor, pálpitos, y sentimientos de belleza ¿dónde quedaban? Y la mirada de Adela, la mujer que amé durante cuatro años y medio. ¿No era ya capaz de recordar? No, ya no quedaba nada. Estaba solo. Había llegado al final del camino, a un punto sin vuelta de hoja.Dubitativo, di un paso al frente. Entonces oí la voz y descubrí al albañil. Estaba sentado sobre una viga de acero; bajo sus pies, el vacío. Parecía tranquilo, casi diría feliz, mientras degustaba un bocadillo de calamares. Observándome con una mirada honrada, me dijo.— ¿Qué hay señor? ¿Mal día por aquí arriba, verdad?— Me tambaleé sobre la viga y aterrado, asentí.Él prosiguió.— Yo, en cambio, aunque usté no lo crea, siento un gustirrinín... Sabe, hace años que trabajo en esto y no es para gente de letras, ni de la calle. A casi nadie le gusta “pateá” las vigas de acero a cientos de metros del suelo. Así que me ha “extrañao” su visita... Pero supongo que le darían ganas ver que hay por estos “laos” ¿no?Permaneció inquisitivo.Hice un esfuerzo y progresivamente logré observarlo. Llevaba un mono azul raído, un casco amarillo, y su semblante arrugado aparecía surcado por las estrías de la vida. Sus manos grandes, con dedos poderosos – como llaves inglesas del diez – apresaban el bocadillo.Volví a mirarlo sin responder. Me hizo una seña y con voz de rata afónica, chilló.— ¡Pero véngase pa cá! No se quede ahí parao...Su voz imperativa me obligó a acercarme hasta donde se encontraba. Haciendo aspavientos con las manos y tiritando de miedo, me senté junto a él.Me dio una palmada en la espalda y me dijo.— Así me gusta. Ties cojones...Dio un nuevo bocado a su bocadillo. Abrió la mochila a su lado, sacó una petaca, y me dijo.— Verá, esto está prohibido. Pero como llego el primero, me doy el gustazo. ¿Me acompaña...? Me pasó la petaca, y sin siquiera preguntar, di un buen trago. Un calor abrasó mi garganta. Llevaba diez años sin beber y casi me caigo de la viga. En cambio, lo que se me cayó fue la petaca.El albañil, con expresión de sorpresa, la siguió hasta la acera. Se volvió y me gritó.— ¡Pero qué hace! ¿Quiere que acabemos chafaditos ahí abajo o rompiéndole el coco al jefe? Y añadió. ¡Llega en cualquier momento!Me observó durante unos instantes con cara extraña y dijo por fin.— ¡Ah! Ya sé. ¿Usté es de ésos...? Ha venido a saltá...Lo miré silencioso, sin vocalizar una frase. Él siguió.— Claro. Ustede, lo estudioso, se pasan el día pensando en como subí y al finá, lo más que deciden, es romperse la crisma aquí arriba.Me dio unos golpecitos en la espalda y me dijo.— Le voy a decir una cosa: ¡No piense tanto y dedíquese a viví!Y prosiguió. Vaya que hay por ahí unas señoritas... que para morise mejó un infarto! Y su voz, precisa y exacta, me susurró al oído: ¿Ya no se acuerda de su novia? ¿Y de lo bonito que es sentir la emoción de saberse vivo cada día? Pruebe a ver...Sucedió de repente, volví a pensar en algo agradable y me sentí a gusto en aquel lugar. Allí estaba Adela, delante de mí, imponente, sus piernas largas y estilizadas de puro ébano, sus cabellos de seda negra y brillante, sus labios carnosos pintados de rojo, y yo, ¡estaba en la cima de la vida! Sin temor me incorporé, la abracé y pude sentirla viva y palpitante recibir mis caricias temblando de emoción. Ya no sentía miedo; de ella ni de nadie, había dejado de estar asustado y me sentía fuerte envolviéndola. Él albañil, sin dejar de observarme, había hecho otro tanto y se había incorporado. Comencé a caminar con soltura meciéndome de viga en viga, saltando como si fuera un espléndido equilibrista. Sin hablar, al albañil le costaba acompañarme, pero allí estaba, siguiéndome sonriente y voluntarioso. Hice cosas en aquellas alturas que jamás en la vida había pensado que fuera capaz. Me tumbé de espaldas sobre una viga perdida, escalé como si fuera un orangután de las alturas, y canté, canté una dos y tres canciones, mientras el hombrecillo me aplaudía feliz.Luego, me acompañó hasta el ascensor, me ofreció su mano y me dijo.— Recoja usté la petaca y se la lleva. ¿De acuerdo?Asentí. Cuando por fin puse los pies en el suelo supe que seguía teniendo el control de la vida en mis manos y que algunos, como aquel albañil, viven naciendo cada día y yo no quería vivir muriéndome, sino volver a nacer.Encontré la petaca. Todavía estaba medio llena. Fui a dar un trago y me detuve, ¡no lo necesitaba! El alcohol tampoco era un remedio. Arrojé la petaca a un cubo de basura, saqué el móvil de mi bolsillo y marqué un número con apremio, una voz femenina todavía adormecida, me respondió.— ¿Sí?— ¿Adela?— Sí— ¿Estás con alguien?— No, estoy sola.— ¿Te importa si te hago ahora una visita?Dudó unos instantes y dijo.— Vaya... y esto ¿a qué viene?— Bueno, si tú lo deseas no iré.Se oyó una risa nerviosa y a continuación.— No... bueno sí, sí ven te... esperaba.— Cómo. ¿Desde cuándo?— ¿Podemos hablar de eso cuando vengas?— Sí, por supuesto, y de todas las cosas que quieras. Ahora estoy dispuesto.— Ya... ¿Y por qué antes no?— Antes no había conocido a una persona. Trabaja a doscientos metros sobre el suelo y...— ¿Cómo?— Nada. Tonterías...— Cariño. Ven ahora mismo, no puedo esperar más.— Allí estaré. Allí estaré. Tenlo por seguro... ¡Te quiero!Casi todos nuestros problemas están dentro de nosotros. Si nosotros queremos y nos hallamos en la disposición adecuada, podemos solucionarlos sin tener que caer en la desgracia que muchas veces nos creamos. Hay una expresión magnífica que debe acompañarnos y nunca debemos olvidar en nuestro azaroso camino, dice lo siguiente:“La vida es bella.”José Fernández del Vallado. Josef. Enero 2010. 
lunes, enero 04, 2010
Hielo
Por la tarde, la tormenta de nieve navideña barrió la ciudad con la eficacia de una escoba limpiadora, dejando sus calles blancas, cuajadas de finos cristales de hielo...Awaché estaba solo. Ya no tenía un tipi como antes, ni mujeres y críos que le proporcionaran el calor necesario, y menos perros de los que alimentarse o con los cuales salir a cazar.En treinta años, el lugar que una vez fue un amplio bosque floreciente en las riberas del río Icho, se había transformado en la ciudad de sílice, y sus dioses blancos moraban felices creando hogueras dentro de sus cuevas de piedra e intercambiando papeles verdes, creados por ellos y entre ellos...Caminó hasta la Torre de Hielo, pagó por entrar con sus últimos dos dólares y medio. Dentro del elevador, excepto el ascensorista, no había nadie. Subieron sin intercambiar palabra. Cuando las puertas se abrieron una oleada de frío glacial invadió el interior del recinto. El hombre miró con indiferencia al viejo y haciendo un gesto con la mano lo invitó a salir.Las puertas se cerraron a sus espaldas.Awaché caminó cinco pasos, se encaramó a las escaleras metálicas y comenzó la ascensión. Lánguidamente su figura se difuminó en el blanco eterno del firmamento hasta convertirse en invisible.Nadie lo echó de menos...José Fernández del Vallado. Josef. Ene 2009.
Estos últimos domingos al presenciar el programa de Jesús Calleja me he dado cuenta de lo rápido que pasa el tiempo y lo certeramente que... ¿involucionamos? Recuerdo hace años – finales de los setenta (siglo pasado) – cuando una pelí tocaba el tema de las emisiones televisivas en directo y las mostraba como un despreciable asunto del futuro. El film trataba como captaban en directo las últimas semanas de un hombre aquejado de cáncer. La persona que lo acompañaba – una vez ganada la amistad o el amor del protagonista – se hacía instalar una cámara en el globo ocular. De tal forma el personaje principal no podía saber nunca que estaba siendo filmado en directo, y delante de millones de personas, iba desgranando sus sentimientos más íntimos hasta llegar a la agonía. Por cierto, lamento No recordar el título de tan espléndido metraje.En la actualidad los “Reality Show” (Chous Reales) son un hecho de tal magnitud que muchas de sus emisiones se cuentan entre las más populares de nuestra masificada sociedad. ¡Aviso! Para quien no se haya dado cuenta a “estas alturas:” Ya estamos en el futuro. Y el morbo, la muerte en directo, las peripecias por las que nunca seremos capaces de atravesar debido a nuestros físicos laxos, mentes débiles, y mal preparadas en nuestra distorsionada actualidad, nos atraen igual que a las moscas la mierda.Es más, soy de los que creen que tras presenciar el programa del Señor Calleja habrá una serie de lamentables casos que espero no se traduzcan en muertes irresponsables. Debido a que quienes presencian dichos programas no están, para nada, involucrados en su realidad; sino dulcemente recostados sobre un sofá tomando una ración de Telepizza con Coca Cola, patatas fritas y palomitas. Temo que tras presenciar la aparente desenvoltura con la cual nuestros héroes culminan sus hazañas, creyendo asimilada la lección que el Señor Calleja nos imparte, algunos, de forma irresponsable, decidan lanzarse a la aventura por sus propios medios.Aviso: ¡La montaña no es moco de pavo! Y más cuando yo mismo, de forma irresponsable, me apunté a escalar un volcán de sólo: 2.845 metros en Chile, en el que si no fallecí en parte se debió a una gran dosis de fortuna.Así pues me limito a recomendar a quien de repente le entren las inusitadas ganas de vivir una aventurita, antes de nada, se inscriba en un buen club de montaña y permanezca, como mínimo, un par de años preparándose con personas experimentadas. La realidad no tiene que ver con los Chous Reales.Finis coronat opus: “El fin corona el esfuerzo realizado.”Un abrazo.Ahora también podéis descargar el Ebook de mi libro SIETE LLAVES Y EL TEMPLO GRATIS!!. Pinchar en la imagen de la portada del libro que se encuentra a la derecha del blog, y accederéis a la venta del ebook. Una vez accedais, fijaros en el lado de la derecha donde pone: "Descargar" Pinchar ahí y descargar.José Fernández del Vallado. Josef 2009.
Siete Llaves y el Templo narra la controversia que se desencadena en la ciudad de Toledo (España) y más allá de las fronteras, por acceder al Templo –secreto – de Hércules. El cual está protegido, en primer lugar, por la Iglesia; en segundo, por la hermandad de los Discípulos de Hermes, que pese a haber sido denunciada y perseguida en tiempos pasados por el Santo Oficio (inquisición), muestra el mismo interés – tiene sus razones – en que el Templo no salga a la luz. Interviene de forma activa un chico que se queda en el paro y trata de ayudar a una de las fieles adeptas de la hermandad por quien se siente intrigado. En tercer lugar tenemos a la Policía Científica, que desarrolla un papel fundamental en su labor por desentrañar los crímenes que la secta maligna: Los Hermanos de las Tinieblas, cometen.Dicha congregación tiene como objetivo capturar las siete llaves (cada persona representa una llave) que preservan las puertas del templo, mediante ritual sacrificarlas y extraer sus claves ocultas... Ahora también podéis descargar el Ebook de mi libro SIETE LLAVES Y EL TEMPLO GRATIS!!. Pinchar en la imagen de la portada del libro que se encuentra a la derecha del blog, y accederéis a la venta del ebook. Una vez accedais, fijaros en el lado de la derecha donde pone: "Descargar" Pinchar ahí y descargar.
El jueves, salgo a dar una vuelta. Hace una gélida pero reconstituyente brisa del norte. Camino decidido por un altozano que mis ojos reconocen de siempre. Nada ha cambiado excepto matices. Los árboles parecen más viejos. ¿Son los mismos o cayeron tras el último incendio? Tal vez no, siempre renacen. Da igual, es imprescindible caminar... Sucede en un instante; me despisto, me enredo en unos matorrales, estoy fuera del camino. ¿Dónde estaba el atajo? Me inquieto y en seguida me doy cuenta: No pasa nada. No hace falta fijarse una ruta y tampoco es necesario atajar. Es cuestión de olfato e intuición. Sigo caminando mientras degusto aromas a libertad, creo que – justo ahora – estoy en una época adecuada para disfrutar; justo cuando el mundo se queja del mundo. Es cierto. Nunca pasé una temporada tan a gusto como hoy al saberme a solas conmigo mismo. ¿Hay crisis? Se me olvidaba. Bien... Nos abrochamos el cinturón y tiramos para adelante. Después de todo, nada es tan grave como vivir una conflagración, dentro de lo que cabe ni siquiera me ha tocado aguantar la cruz que soportaron mis abuelos. Ahora vivimos cómodamente instalados en la paz de un bullicio actualizado. Además, hace tiempo que no discuto con nadie, claro que casi nunca tengo a nadie que aguantar; es raro... ¿verdad? Y aún así las cosas se presentan ¿difíciles? Y qué es la vida sino un manojo de dificultad. Sigo adelante. Me detengo unos instantes y disfruto del aroma de un arbusto de tomillo. No... Quizá lo parezca pero tampoco estoy enamorado aunque el amor esté cerca, me ronda, puedo intuirlo detrás de cada nueva fragancia. Tampoco hay que ponerse histérico por no encontrar el amor deseado. A fin de cuentas, luego acabas atado. Ahora puedo ser plenamente egoísta y disfrutar de mis recuerdos, alimentar ilusiones y viajar con las manos dentro y fuera de mis bolsillos, sin agarrarme a la cintura de nadie. Me gusta la soledad, me costó empezar a disfrutarla. Al principio me quejaba de ella, mi vida era demasiado social. Ahora soy un ser libre que campa a sus anchas sin que nadie le tome una sola fotografía escribe y el día menos esperado se perderá en las páginas de un libro.Estoy solo y amo la vida, me gusta observar a la gente y estudiar sus reacciones. Descubro una pradera llena de florecillas sin pisotear y avanzo con cuidado por ella. Soy el primero en llegar a este curioso edén de la naturaleza. Pienso en lo que dejé atrás con la tranquilidad de saber que cerré una etapa de mi existencia y que la vida continúa. Tal vez cuando muera siga caminando por el mismo prado inviolado. A lo mejor la vida no consiste nada más que en eso, en sentirse uno mismo completo y sin fisuras, compacto y seguro, mientras avanza en libertad recorriendo las vastas extensiones de la historia...Mañana tal vez no salga el sol. Es igual, buscarlo donde quiera que esté es y será mi misión en la vida.Hasta siempre.Ahora también podéis descargar el Ebook de mi libro SIETE LLAVES Y EL TEMPLO GRATIS!!. Pinchar en la imagen de la portada del libro y accederéis a la venta del ebook. Una vez accedais, fijaros en el lado de la derecha donde pone: descargar pinchar ahí y descargar.José Fernández del Vallado. Josef. Dic 2009.