jueves, enero 15, 2009

Ausencia…

Hacía un atardecer tormentoso, un viento racheado agrietaba los labios en mi semblante petrificando lágrimas de cristal en mis mejillas. Ajeno a la situación, mi organismo parecía gozar discurriendo a tropiezos entre el roquedo del campo. Lo había entrevisto… No, lo presentí hace ya tiempo. Supe que jamás podría presenciar las estrellas junto a ella. Lo comprendí cuando sobrevolé aquel país lejano y agreste, no antes…

viento que acaricias
una suave flor
alojada en mi corazón,
vas sangrando y deshojándome
quitándome los brazos...
vas golpeando el recuerdo,
y la lejanía contra el mar,
rompiendo las olas,
que se agigantan en mi llanto...

Quizá todo se desencadenó cuando ella me envió la carta con la imagen en la cual se abrazaba de forma alegre, casi ingenua, como sólo una madre sabe hacerlo con un hijo, a aquel joven de semblante inmaculado. Sentí vergüenza de mi rácano egoísmo, de mi impotencia, de mi alma de persona envilecida. Pero ya era tarde, una extraña furia de celos se apoderó de mí y comencé a hostigarla sin sentido. En realidad no había motivo y jamás lo hubo...

temblando voy hacia sus manos,
el miedo me hace su esclavo,
me encadena con furia,
me adormece en un sueño profundo
senda inútil y cruel, de árboles agresivos
mi orgullo va diseminado entre ramas,
rasgando tus pétalos...


Luego, cuando más lo necesitaba, no acudí a la cita en aquel café. Se produjo la deflagración, y aún sigo sin explicarme por qué me sentí incapaz de estar en el lugar que me hubiera correspondido…
Fui mezquino, la abandoné cuando mi corazón ardía por ella y de pronto aquel día, de la forma más misteriosa y cruel, pagué mis errores y se desvaneció dejándome solo; vacío y destruido...

me enredo en sus labios
Van derritiéndose mis caminos
Mientras la luna va brillando
Emergiendo entre mis dedos,
La opción de ser libre,
Se ha quebrado en un eclipse
Que hoy nos hace,
Palparnos a ciegas,
Interminables hallazgos
Plenos en penurias,
Hoy el sol no respira en mi,
Exhalan sus rayos en mis poros
Quemándome una vez mas...

Nubes cobrizas se insinuaban etéreas y bosquejaban perfiles grumosos ante un firmamento en declive, un suave velo de lluvia acarició mi rostro lloroso.
Fue un aliento fugaz. ¡Deseé ser ella, volar como ella! Me situé al borde del acantilado, me desnudé, cerré los ojos y extendí ambos brazos. Entonces salté y planeé hasta alcanzar el reverso de la existencia. Nada más verme llegar me hizo hueco a su lado. Al horizonte, divisé una luz eterna, cegadora, ella enfiló en su dirección. La seguí forcejeando, girando, asiéndome a sus frágiles extremidades; desnudándola…
Como un denso torbellino de promisión y bonanza recibimos su luz y nuestras vidas comenzaron a forjarse una vez más…

un túnel eterno,
jugando con la miseria humana
está flameando cerca de mi alma,
entre llamas azules,
desarmado y vagabundo
esta mi cuerpo que cuelga
de una de tus uñas,
vas hilando y destejiendo
mi rasgado destino,
yo solo cierro mis ojos,
mientras guardo la rosa
dentro de mi boca,
se tritura mi lengua
y ahora no podré gritar…


Prosa de Josef, Versos de Ameba. Año 2007. De la página de los cuentos.net.

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