jueves, enero 08, 2009

La Endemoniada Virtud del Alcoholismo.

Invierno. Hace mucho frío, menos doce grados bajo cero en Madrid, cuando Ricardo Sadá y Valentín Villa, ambos hombres de la calle, se encuentran o más bien se apiñan en el portal de una sede bancaria sobre las cinco de la madrugada de un amanecer cualquiera.
Valentín Villa, ex atleta, ex estibador, ex ganador de diversos títulos y en definitiva, ex hombre músculo. Ricardo Sadá, ex empresario, ex respetable, ex vox populis, y en definitiva, ex hombre acreditado. Los dos rondan ahora la decisiva cincuentena y sin recursos para bregar en sus diversos caminos y avatares han llegado a ser quienes son: Dos perdedores. Pero sobre todo hoy son ya algo más; dos hombres arruinados por una misma y singular particularidad: El alcoholismo.

Ahora, ambos se escudan y reconocen tras un mismo poder de supervivencia, un elemento que los mantiene sumidos en constante enajenación: La ley del alcohol a bajo precio. Al fin y al cabo, una ley tolerada por la sociedad.
Sin apenas ser conscientes, oprimidos bajo un proceso engañoso y avasallador, con lentitud, de forma infame y gradual, han ido abandonando sus intereses establecidos y han empeñado sus cada vez más escasos recursos en la bebida.

¿Cómo empezó todo? De forma simple en apariencia. En principio vivieron una época de borracheras iniciales con los amigos. Por aquel entonces todo les resultaba no sólo natural y sencillo, sino feliz y... exaltado. Ambos hallaron un mundo en el cual solazarse y hacer partícipes a los demás de sus hazañas y frivolidades; rodeados de incondicionales, emborracharse rendía, era placentero y divertido. E incluso, en alguna de aquellas escaramuzas noctívagas lograron fascinar a más de una mujer, con la cual acabaron primero fornicando y más tarde, evacuando el producto de sus atroces resacas. A partir de ahí, punto y final a la aventura. En cuanto la mujer descubría en su acompañante a un insaciable bebedor, lo abandonaba.

Quizá siendo conscientes, o tal vez sin serlo, pero en el fondo y aunque negándola descubriendo su imperiosa necesidad, a medida que perdieron su capacidad de razonar ambos malograban aquel círculo de amigos no tan “incondicionales” como habían supuesto; y con ello, disminuía su previsible constancia para trabajar y también la facultad para ser razonables consigo mismos y con los demás. Enseguida su situación de estabilidad real dejó de existir y pasó a transformarse en una extravagante parodia onírica, de la cual les resultaba cada día más y más difícil... ausentarse.
Y así, ambos discurrieron por caminos paralelos, hasta encontrarse en aquella tesitura ese terrible amanecer. Sin hogar, sin pareja, sin dinero, sin familia y sin un solo amigo que los respaldara. En definitiva, abandonados a su suerte en el mundo.

Sí, hacía un frío excepcional esa madrugada, y Valentín Villa, ex atleta, ex estibador, ex ganador de diversos premios y en definitiva, ex hombre músculo, aparte de estar congelándose, no disponía de un trago que llevarse al gaznate y sentía un profundo malestar y ansiedad. Lo cierto es que hacía demasiado frío y el lugar resultaba incómodo para ambos, pensaba Ricardo Sadá, ex empresario, ex respetable, ex vox populis, y en definitiva ex hombre acreditado, quien además poseía la única botella de aguardiente en la que todavía se preservaban unos últimos tragos de alcohol. Frío... ¡demasiado frío! ansiedad, pocas palabras y poca o ninguna amistad, pues hasta hablar resultaba un esfuerzo a aquella temperatura. Ese era el breve resumen de su situación. Por ello, Valentín Villa, al descubrir la bebida en manos del otro hombre, no le pidió un trago de forma educada, ni se afligió, ni trató de congeniar, sino que valorando cuan mal se encontraba, dominado por un estado de nerviosismo irascible, le exigió beber de inmediato.
Y el frío, siempre el frío, compañero de males, enemigo de amistades y de aliviar mediante una conversación amigable los problemas... Pero el problema de ambos era ya una dañina enfermedad, si no irremediable, violenta. Pronto pudo descifrarse con claridad la terrible ansiedad y molestia devastando el rostro de Valentín, y más cuando Ricardo le negó el trago con rotundidad. Tampoco intercambiaron una frase al comenzar el forcejeo; una total ausencia de vocablos o exabruptos acompañó la disputa desde el principio, y cuando los brazos aún poderosos de Valentín rodearon y atenazaron el cuello de Ricardo con potencia hasta asfixiarlo, sólo hubo un gemido, un hondo suspiro, una leve convulsión; eso fue todo...

De momento Valentín Villa había ganado la partida. Con manos temblorosas destapó la botella y bebió. Estaba muerto de frío. Pero sobre todo la ansiedad el malestar y el frío glacial... dejó de existir y se convirtió en placentera y cálida riada deslizante que se precipitaba ard
iente por su garganta. De pronto, se halló calzando sus viejas zapatillas de deportes en el magnífico estadio de verano, aclamado por más de cinco mil almas en las gradas. Se vio situándose en la salida y arrancando con potencia endemoniada, sin cesar de sudar un solo instante ni consentir en ser sobrepasado por sus rivales, venciéndolos en la recta final. Pero sobre todo, a su encarnizado enemigo el americano Michael... ¿Michael Ricardo Sadá? A continuación, desde el podio, saludó sonriente y se inclinó para recibir la medalla que acompañó con ¡un delicioso trago de ron! De repente, sus movimientos se ralentizaron y se empezó a sumergir. ¿Dónde y por qué se hundía? Estaba atrapado. Un manto de fango lo succionaba y sucedía, ¡estaba sucediendo! Sin embargo, no sintió miedo dolor o ansiedad. No, todo eso se había terminado para él. Cayó, siguió despeñándose en el profundo y agradable letargo...

Ese mismo amanecer, sobre las siete, un funcionario del banco halló los cadáveres. Los retiraron enseguida y los depositaron en una fosa común.
Al día siguiente, apenas hubo un breve recordatorio sobre sus vidas en los diarios. Dado que en una nación muchos son los problemas que se deben de afrontar; y además, a diario, hay cantidad de fallecidos, y encima más ilustres a los que hacer referencia que a un par de miserables... ¿enviciados?

José Fernández del Vallado jun 2006 josef. Arreglos dic 2008.

Reacciones:

72 libros abiertos :

Post más visto

Otra lista de blogs