lunes, abril 27, 2009

Del Madrid de los Austrias.

La noche de Madrid en verano resulta prometedora. Las mafias más activas y fuertes se marchan a hacer su “agosto” a la costa, los funcionarios reúnen a sus familias, hacen las maletas y sin cesar de gritar consignas a sus progenies parten hacia las ansiadas vacaciones, los taxistas te persiguen como buitres, los ejecutivos dejan sus lujosos apartamentos y sobre todo los vigilantes jurados de las sucursales están más relajados, pues tienen menos trabajo, pero siguen ahí, protegiendo el dinero de los ricos.

Yo soy un madrileño empedernido, siempre lo fui. De los que piensan que Madrid es la ciudad más bella y grande del mundo, y que en Madrid hay más posibilidades que en otras ciudades de España, y están seguros de que los madrileños – si existe en el mundo alguien verdaderamente madrileño – somos grandes personas,y por ello estamos obligados a ayudar a salir al mundo adelante. Soy tan benévolo e hipócrita, como cualquier ciudadano de nuestro planeta, con una gran diferencia: ¡Soy madrileño! Tengo caché y carné con un número no demasiado elevado, lo cual hace que mis posibilidades de éxito se remonten ante aquellos que poseen números excesivos, demasiado llamativos como para salir adelante.

En realidad soy el mejor madrileño que existe, porque sé que Madrid es el centro neurálgico de la octava potencia del mundo, donde vive el rey de España, Señor del Imperio más grande jamás conocido, y quien cierta vez, cansado de que uno de sus hijos de Sudamérica se le rebelase, clamó: “¡Por qué no te callas!” Donde están ubicadas ¡las torres más altas y “bellas” de España! (y casi de Europa… y del mundo) y además, nuestra pobreza no existe y si hay pobres, se les erradica. Ciudadano de un país que una vez fue colonialista y explotador e inventó el esclavismo, y no solo cree, está seguro, porque es prepotente pese a negarlo, que el suyo fue el mejor y más digno imperio regido por adecuados sistemas y leyes – lo mismo piensan, sin razón, los habitantes de las demás potencias europeas – y “asesinó” a millones de indígenas contagiándoles terribles pandemias o masacrándolos como si fueran cerdos con gripe porcina, fundió los objetos de arte de oro de la más bella ciudad de un Imperio culto y refinado que se pasó por los “güevos,” mientras obligaba a besar la biblia a su rey y a sus ciudadanos,que profesaban religiones tan válidas como la cristiana. Y si había que hacerlo, no les importaba aliarse con aquellos a quienes denominaban: “salvajes,” para agredir los intereses de otro gran imperio en Centroamérica, y masacrar en nombre de Dios: su único dios.

Noche madrileña. Me encuentro apostado en la esquina de la calle Serrano con Goya. Buen barrio el de Salamanca sí señor; de ricos, y ¡bonita noche! Claro que un tanto sofocante, casi cuarenta grados y una contaminación asfixiante. Observo con toda atención a los operarios mientras salen con las sacas del banco. Y cómo quiero a María ¡mi amor divino! española ciento por cien. La veo acercarse y pedir fuego a uno de ellos; se descuidan un instante saco el revolver una Magnun 357 y ¡zas! Por supuesto, yo no uso inocentes balas del 38 que sólo viajan a 250 kms/h, por eso vivo en Madrid, capital de mafias y narcotraficantes, sino el calibre 357, lo hacen a 400 kms/h y cuando alcanzan su objetivo lo perforan como a un queso de gruyere. Abro fuego y ambos caen reventados. Llega “El Jaro” con su mercedes Clase S S 65 AMG Largo autom, uno de los diez coches más potentes que se encuentran en el mercado. Cruzo la calle, recogemos las cuatro sacas, y con ellas en el maletero, arrancamos.

La verdad, no hay época en Madrid como el verano. ¿Nadie presenció nuestra jugada? ¡Casi no puedo creerlo! Y para conducir, sin tráfico; ni atascos, ni nadie delante que detenga nuestro imparable avance hacia los casinos de la Costa Azul en Francia. María me besa, me soba, me mete la lengua hasta las mismas amígdalas, se nota, es de Madrid y tiene ganas de follar. ¡Ahora sí podemos empezar nuestro verano! Le sobo una teta y se la lamo con esmero...
Soy un sinvergüenza pensaréis, y un auténtico ¿cerdo? Pues no, cuidadito, que soy ciudadano de Madrid, y además, del Madrid de los Austrias…

José Fernández del Vallado. Josef. 2009. Abril.




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