martes, abril 07, 2009

La victoria de N´guema.





Cuando Teodoro Obiang N´guema, tataranieto del dictador Teodoro Obiang N´guema abrió los ojos a aquella calurosa mañana de diciembre, supo que lo que aguardaba impaciente se había hecho por fin realidad. En una conflagración nuclear fraticida de apenas cuarenta y ocho horas, los Estados Unidos, Europa, Rusia y Asia, se habían devastado entre sí, y por lo tanto, conoció un detalle con claridad. El poseedor de los mejores y probablemente únicos pozos de petróleo, era Guinea. Por lo tanto, a partir de ese instante el nuevo rey del mundo o rey del fin del mundo, cabría resaltar, era él.

Mientras desayunaba un opíparo coctel de cabeza de macaco con jugo de pitón y leche de cabra, hizo llamar a su hermano Batana, Secretario de Asuntos Exteriores, y ansioso por comenzar a anexionar territorios a su recién creado Imperio, le pidió pormenores sobre la situación. Su fiel y siempre cauteloso hermano, extendió un mapa con preocupación y comenzó por aclarar.
—Alteza. Nada que decir en cuanto a los territorios de las naciones beligerantes, América, Europa, Rusia, Oriente Medio y Oriente, han sido devastados y están contaminados.
Inquieto, Teodoro preguntó.
— ¿Y Australia y Oceanía?
— Nada que hacer... Casi toda su extensión está desintegrada. Y los que sobreviven se matan entre sí.
Nervioso, partió en dos mitades el cráneo del mono con el machete, y sin dejar de masticar los sesos con fruición, prosiguió.
— ¿Y qué hay del resto de África? ¿Podremos invadirlo?
Dubitativo, Batana alzó la cabeza, y dijo.
— Bueno, hay caos, matanzas indiscriminadas, y el SIDA está en un 98% de expansión...
Sin dejar de mirar el mapa Batana se pasó un pañuelo por la frente y añadió.
— Sí, puede decirse que ya no existe una sola nación en pie. Los gobiernos se han desintegrado. Tal vez bombardeando la jungla con NAPALM venciéramos a los insurgentes que allí se refugian, pero además está la infección...
Teodoro sintió un pinchazo en lado izquierdo de la sien. Le preocupó, más que nada, el coste militar en material que habría que emplear en conquistar unos territorios baldíos. Los hombres, en su mayoría esclavos y prisioneros, no supondrían problema. De no ser por las minas de oro y diamantes, se dijo aliviado. Observó con detenimiento a su hermano, lo encontró demacrado y exhausto. Durante meses lo había mantenido enfrascado en una larga campaña de hostigamiento y captura de insurgentes a lo largo de la Región Continental. Cuanto más alejado y ocupado estuviera mejor, no se fiaba. Sólo entonces consideró las últimas palabras de Batana y se le ocurrió preguntar a qué clase de epidemia se refería.
Bruscamente, la seriedad preocupada y cansada de su hermano se transfiguró en un mohín sagaz rallando el regocijo. Mirándolo de frente, y sin apenas mover los labios, pronunció.
— El Ébola. Se ha transmitido a los macacos del continente y acaba con los humanos.
Sin dejar de mirar los restos de simio que quedaban en el plato Teodoro se detuvo, arqueó las cejas y soltó una profunda carcajada. Y sin cesar de reírse, mirando a Batano con ojos sanguinolentos y un hilillo de sangre que de pronto emanó de su nariz, farfulló.
—Soy prudente Batana, ya sabes. Sólo me alimento de monos de la isla de Bioko.
Batana, inclinando la cabeza ceremoniosamente, añadió.
—Excelentísimo, olvidas un detalle.
Impaciente y casi irritado, Teodoro, disimulando un acceso de sangre, increpó.
— Dime... cuál, ¡perro!
Batana, alzó la cabeza y dijo con seriedad.
— Desde hace tres meses no quedan monos en Bioko. Tus esposas reales tus hijos y tú acabasteis con todos. Desde entonces los traemos de la Región Continental...

A los dos días Batembo N´guema se coronó emperador del mundo conocido: La Isla de Bioko.
Su reinado duró lo que los vientos y la lluvia emplearon en arrastrar las emisiones radiactivas.
Desde entonces la tierra vuelve a estar en paz.

José Fernández del Vallado. Josef.2009



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