jueves, junio 11, 2009

...SILENCIO. FIN DEL TRAYECTO.

Te pones en marcha. Dispones la mochila e inicias el primer movimiento. Llevas esperando demasiado esta circunstancia. Exactamente el intervalo de un empleo absurdo, relaciones transoceánicas que sucumben a manos de una árida e inapelable distancia, y textos publicados en editoriales que no alimentan. No, no volverás a crecer sin moverte. A veces para vivir basta con eso, no con ser un eterno e inmóvil creyente. Por fin encuentras un lugar. El aire sólo huele a madera y la brisa, aunque hoy no sople precisamente del sur, es favorable. Pues impulsa y estimula con suavidad en la espalda. Por el reverso se inyectan algunas de las noticias más agrias; en cambio, uno las expele y depura por las yemas de los dedos. Al teclear con suavidad sutiles notas matizadas de música y tinturas internacionales. Al devolver la armonía a ese griterío altoparlante en que se ha convertido el discurso de las naciones y tal vez de nuestras vidas.

Hay una roca – tranquila – en la montaña. Siempre estuvo así, serena, imperturbable. Acudes a sentarte en los ratos en que deseas aprender del silencio. Es bueno cultivarse junto a el. A veces uno grita, pero al hacerlo por dentro ya es sólo silencio y no violencia descarriada. A veces uno gime, pero si permanece en silencio, no encontrará motivos que le den lugar a proseguir haciéndolo.

No hay que confundir silencio y soledad. La soledad, a veces, es un estado de angustia, desamparo e incomprensión. El silencio, en el peor de los casos, manifiesta desdén o menosprecio. Aunque esa clase de silencio suela dejarse oír como un murmullo y llegué a inducir un martilleo doloroso.
El silencio que uno estima es un silencio pedagógico. Ayuda a reconstituirse, a meditar con claridad por qué está de nuevo sobre la roca mundana; o por qué la brisa es del norte cuando debería ser del sur; o por qué el invierno es largo y duro; o por qué nació en el círculo polar ártico y no en el antártico. O por qué la mayoría de sus amigos son letras: Arial, Garamond, Gerorgia, Times Roman... Y por qué se deja de creer en este mundo tan pronto. Y sobre todo ¿por qué, pese a llevar horas firmemente asentado, la piedra continúa estando fría y se hace de noche y uno sigue sin encontrar la luz?

Te incorporas, continúas el camino. Al fin y al cabo la vida es una eterna búsqueda de soluciones que en el mejor de los casos nunca se hallarán. Porque encontrarlas tal vez pueda acarrear disgustos innecesarios. De modo que lo mejor es dejarse llevar. Abandonarse a las gélidas e incomprensibles corrientes del norte, pues serán ellas, quienes meciéndote como una pluma te transportarán hasta brisas más suaves, que de forma agradable y sin darte una tregua de desidia, te alzarán para depositarte sobre un refulgente y preclaro manto de constelaciones en el más absoluto silencio… Fin del trayecto.


José Fernández del Vallado. Josef.


El autor de este blog se permite el lujo de tomarse unos días de retiro. Dejaré alguna entrada programada.

Volveré recargado. Os doy infinitas gracias a todos aquellos que me visitáis y lo sé. ¡Os debo un montón de visitas! Descuidad. Cuando cambie de energía (seguiré siendo el mismo) vendré y no dejaré piedra sobre piedra. En el mejor sentido de la palabra.

¡Besos y abrazos!



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