domingo, abril 11, 2010

Cronos.



Después de un día agotador y caluroso de lucha contra Ofión, el malvado Titán serpiente, me acomodé en silencio en el lecho, abrí un ánfora de vino y comencé a sollozar...
La mujer entró por la ventana abierta, se acercó a mí y sin mediar palabra me besó. Permanecí mirando sus ojos brillantes de diamante, su cuerpo estilizado apenas rozaba el suelo al caminar, sus manos acababan en dedos como ventosas, que se adherían a mi piel, sus cabellos rojos eran flamas ardientes.
En un instante la soledad que me había atenazado durante meses se redujo hasta desinflarse y desaparecer absorbida en su piel reluciente. Mientras me acariciaba de su boca de fuego perfecta, con labios como hilos de seda, surgió un murmullo similar a las olas del mar. Me tomó de las manos y enmarcados en la luz de las constelaciones, deslizándonos por el marco del ventanal, caminando entre arcos y capiteles, alcanzamos el agua, nos zambullimos e hicimos el amor...
Semanas después, mientras rastrillaba mi playa, la limpiaba de algas y medusas, y daba de comer a los meros y morenas del estanque, una noche de luna llena, Rea, la Nereida que me enamoró, cantó para mí hermosas canciones y me hizo partícipe del nacimiento de nuestro hijo varón, Poseidón.

José Fernández del Vallado. Josef. Abril 2010.
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