miércoles, abril 28, 2010

Las lentes.

El hombre invisible chocó conmigo en el Caprabo sobre las cinco y media de la tarde. Se excusó de no haberme visto porque se encontraba de espaldas a mí. Yo también me excusé; mis gafas estaban sucias. Las toallitas limpiagafas que me cedió eran tan eficaces que al repasarlas mis lentes desaparecían. No volví a ver al hombre, no había forma de verlo. ¿Y si las gafas tenían un defecto de fábrica? Iba por la docena cuando tuve la idea. Encargué a fábrica que el próximo par de lentes las hicieran en tres D.

José Fernández del Vallado. Josef, abril 2010.
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