viernes, noviembre 14, 2008

La Estatua de Afrodita.


Ella, esbelta, sosegada. Ojos incisos, incrustaciones de almendro anegadas en almíbar. Palpar, apresar sus senos blancos y grises, destellos de luna sesgada. Suspiros. Sus piernas entrelazadas desvelan un perfil torneado en gasas de tul. Semblante suave, cavila y sugiere... alienta. Arrebato, borrachera de humor radical. Labios de pulpa cautivada, cabellos intrincados e intrínsecos, mirada de trueno. Suplica caricias que ensalzan un creciente temblor inenarrable. Mis brazos se extienden mientras trato de erigirme sobre su monte de venus. En cambio ella, continúa esbelta, fría, alzada en su pedestal de Afrodita. ¿Sigue sin desearme?




Cielos, otra vez ¡no! Me doy la vuelta, el rostro demacrado, los ojos semi cerrados, con la pintura corrida. Desciendo de la escultura. He vuelto a fracasar. Ella nunca romperá su mutismo y dejará de ser esfinge para volver a mí, a su amor más fiel: su marido.

Yo, Hefesto, llevo buscándote desde el siglo V antes de Cristo. Primero, nada más contraer matrimonio, tuve que luchar contra quienes quisieron arrebatarte. La primera vez me pretendiste dejar por Ares a quien sorprendí en la cama y atrapé mediante una red de finas cadenas. Luego Adonis, a quien logré castrar y dar muerte convirtiendo a su rival, Ares, en jabalí. Y finalmente al implicarte en el juicio de Paris provocaste la ira y la guerra de Troya. Pero desde que el maldito Pigmalión – todos creen que tú infundiste vida a una estatua que creó, y fue él quien te transformó en estatua – vago buscándote a través de una maraña de siglos, para encontrarte hoy aquí, instaurada y tristemente abandonada, en el Parque de Bagatelle, en París.
Estoy ya sin fuerzas, mañana volveré...

II
Tras una agradable noche en El hotel Résidence Bassano, en el famoso barrio de los Campos Elíseos, me despierto con nuevas energías, pues sé que el día decisivo ha llegado. Tras algo más de veintiséis siglos de espera, hoy voy por fin a recuperarte.
Llamo a recepción y encargo que me suban, junto con el desayuno, el diario Le Monde. Pues hace poco acaba de ascender al puesto de Presidente de Francia un tal Nicolás Sarkozy y deseo informarme de cuales son los proyectos de este hiperactivo hombrecillo de la derecha francesa.

Un botones, trajeado de llamativo “bleu” se encarga de servirme un carrito bien surtido, me entrega el diario en mano, y con una buena propina, silencioso, se retira.

Desdoblo el diario y en efecto, allí en primera página, veo la noticia o… ¡las noticias! Porque encuentro dos que merecen mi atención.
Hay una foto en primera plana, en la que el Presidente Sarkozy aparece, sonriente, acompañado por una hermosa dama. Según leo, se trata de una ex modelo y cantante llamada Carla Bruni.

Pero mi corazón da un pálpito cuando me traslado a la segunda noticia en el margen derecho del periódico. Su enunciado dicta: Robo de la estatua de Afrodita del Parque de Bagatelle.
A continuación enuncia una serie de pistas, todas sin fundamento, del posible robo. Al instante lo sé. De alguna forma, mi Afrodita ha vuelto a resucitar. La cuestión es saber ¿dónde estará? 
Doy un sorbo a mi café y me atraganto. Pues de forma instantánea mi pregunta obtiene respuesta mientras examino y reconozco los ojos gélidos y hermosos, pero llenos de codicia, de la mujer que acompaña, un paso por detrás, al mandatario. No hay duda, ha vuelto a hacerlo, se ha reencarnado: Afrodita es ella: ¡Carla Bruni!

José Fernández del Vallado. Josef. Nov. 2008.



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