miércoles, mayo 26, 2010

El sueño de Vicente Bernabé.


El miércoles veintiséis de mayo del año dos mil diez, igual que cualquier mañana de un miércoles durante quince años, a eso de las ocho treinta de la tarde, el señor Vicente Bernabé tomó en la estación de Vicálvaro el tren de cercanías que lo conduciría hasta su casa. Llegó cansado, o más bien agotado, cenó, echó un vistazo al periódico y se acostó.

Esa misma noche, Vicente Bernabé tuvo un sueño, era un sueño extraño pero a la mañana siguiente se sintió diferente.
Tuvo un sueño y en su vida había tenido miles de sueños, pero ninguno como aquél. El caso es que soñó que era cantante y cantaba tan bien como los mismos ángeles. Y así fue como Vicente Bernabé deseó ser cantante.

Lo primero que hizo nada más salir de la cama el jueves doce de mayo fue balbucear una canción, y mientras recorría el trayecto que le separaba del baño continuó cantando; y se metió en la ducha cantando, salió y se afeitó cantando, se cepilló y enjuagó los dientes cantando, finalmente se vistió y cuando terminó de cantar la canción que estaba cantando, empezó otra.

Desayunó cantando, salió de la casa fue al garaje y tal como solía hacer todos los viernes montó en su bicicleta y se dirigió a la fábrica, solo que ahora lo hizo cantando, y cuando acabó la canción empezó a cantar otra, y eso hacía cantar sin cesar cuando de pronto algo le hizo detenerse y se detuvo.
Y aunque al detenerse su instinto le indujo a guardar silencio no fue capaz de dejar de cantar, pero si se detuvo, no fue porque quisiera dejar de cantar sino porque de pronto Vicente Bernabé se dio cuenta, de que sólo cantando se sentía acompañado y al tiempo inmensamente feliz, y se dio cuenta también de que algunos de sus amigos más entrañables habían fallecido, y ya no estarían nunca a su lado. Pero sobre todo supo que en el trabajo no le permitirían cantar, tendría que callarse y pasar cerca de diez horas sin poder hablar y en definitiva sin poder cantar. Entonces Vicente Bernabé sintió miedo, dio media vuelta y regresó hacia su casa.

Cuando Vicente Bernabé llegó a su hogar ya se había recuperado del sobresalto, y ahora cantaba todavía más resuelto si cabe. Guardó la bicicleta en el garaje cantando, entró en la casa cantando, fue al baño y orinó cantando; luego se hizo la cama cantando, barrió y fregó cantando, y después llamó por teléfono a un amigo y cuando éste le contestó él le cantó una canción que le decía si por favor podía pasarse cuanto antes, pues tenía unas cuantas canciones que cantar con urgencia. Una vez hubo colgado, Vicente Bernabé pensó cantando que ya había terminado satisfactoriamente con su período de prueba, y sin embargo no podía dejar de cantar, puesto que aspiraba a cantar mucho más correctamente y si dejaba de cantar olvidaría lo cantado y además, se pondría muy triste...

Cuando el amigo de Vicente Bernabé llegó éste empezaba a estar algo afónico de cantar, pero no podía dejar de hacerlo; y le invitó a sentarse cantando, y cuando ambos estuvieron sentados empezó a entonar una hermosa canción que decía:
• Querido amigo Juan la vida es una canción y por eso hoy me he levantado cantando.
• Querido amigo Juan te conozco muy bien y sé que estás preocupado, pero si quieres ser feliz tan sólo habrás de cantar, y si cantar una canción no te consuela sabes que siempre podrás cantar muchas más...
Y así estuvieron cantando y hablando, hablando y cantando, durante horas y cuando su amigo le pidió que le narrara el sueño, Bernabé no supo o no fue capaz de cantárselo, porque ya ni siquiera lo recordaba, y porque un sueño solo es para quien lo sueña y nadie más puede interpretarlo o tan siquiera percibirlo, y aquel sueño le había proporcionado una felicidad tan inmensa que era imposible de contar o describir, ya que si alguna vez se narrara dejaría de ser un sueño fantástico y pasaría a ser un sueño tan corriente como cualquiera, aunque los sueños nunca suelen ser corrientes.
Y así estuvieron uno cantando y el otro hablando hasta que el amigo tuvo que marcharse.

Luego se hizo de noche y Vicente Bernabé siguió cantando; se puso el pijama cantando, vio una película mientras cantaba y sin dejar de cantar cantó las páginas del libro que estaba cantando, apagó la luz y siguió cantando hasta altas horas de la noche. Y no se durmió sino que siguió cantando o tal vez sí se durmió y soñó cantando.

Al amanecer Vicente Bernabé seguía cantando. Vio salir el sol y cantando pensó: “¡qué bello es el amanecer!”, y cantando pensó: “¡qué hermosa es la vida!”, y se sintió feliz, tan feliz, que cantó cada vez más alto y más grave, logrando un derroche de energía tal que su respiración se fue acelerando y el pulso y los latidos de su corazón también. Era consciente de ser tan dichoso y sabía que estaba cantando tan maravillosamente bien que se sentía agitado y después cansado y luego muy agotado...

Aquél mismo amanecer Vicente Bernabé falleció. Pero no lo hizo sintiéndose triste, ni solitario, ni tan siquiera perdido o temeroso. Lo hizo siendo un hombre íntegro y feliz, enamorado de la vida; pero sobre todo, sin dejar en ningún momento de cantar...


Agradecimientos a todos los que me visitais.
Por motivos de tiempo y dedicación a partir de ahora no podré leeros tanto como quisiera. Pero es que sólo idear los relatos me limita demasiado, más trabajos añadidos diarios, estoy hasta el cuello y mi casa es un desastre. Total, tengo muchas cosas que arreglar fuera del mundo de la web, entre otras mi vida personal.
Como es natural no dejaré de escribir, no entra en mis planes.

Abrazos y repito. Sin vosotros, lectores, mi existencia sería... no sé si sería.

josef.


José Fernández del Vallado. Josef. Febrero 2010.
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