lunes, febrero 02, 2009

Ya no siento más.


No sé cuanto tiempo ha transcurrido, no hay relojes, ¿suenan todavía en mi cabeza? quedan tan lejos... Tal vez estén fuera, en el exterior o enterrados aquí dentro, abajo o arriba ¿estoy en algún lugar? todo es inodoro. No hay nadie a quien recibir, nadie con quien hablar. No hay lugar para el amor, ni a quien besar o abrazar… ¿y hacer el amor? Tampoco. Los besos quedaron lejos, aparcados en el tiempo, congelados. Me llevó mucho tiempo, si así puede llamársele, alcanzar este estado y permanecer enclaustrado en mi interior. Hoy soy férrea prisión de mí mismo y ya no sé cómo escapar...

Me gustaría volver a salir... reconocer el olor de una rosa, degustar el sabor de un asado, acariciar algo suave y sentirme palpado por las manos del alguien distinto a mí, de alguien de otro sexo... Acomodarme a la orilla del mar, dejar humedecer mis pies, y sentirme acariciado por la tibia brisa marina mientras contemplo un cielo azul celeste en lo más alto, y oscuro en el firmamento, donde se funde con un océano salvaje y palpitante de vida...

No sé cuanto es necesario vivir para tener el presentimiento de que estás muerto; de que todo ha acabado, de que solo hay silencio en torno a ti; de que los días felices pasaron y se volvieron espuma en tus brazos... Y cuando trataste de impedir que escaparan y ser libre de nuevo, la decepción volvió a ti, porque ella se fue para siempre. Sin avisar, sin siquiera aprender a hablar tu idioma, sin aceptar un solo ramo de flores...

Vivo entre cuatro paredes y no sé cuales son, dicen que estoy loco y no recuerdo otra locura que un profundo amor, unos labios rojos abiertos ante mí, una espalda ondulada y vuelta del revés, sus cabellos densos y revueltos, y aquellos ojos, como ventanas de vida. Estelas abiertas escrutando sin sentir amor por quien amó durante un tiempo incierto en un lugar incierto y en una estación incierta de un año bisiesto que nunca terminó para mí, porque el tiempo no existe, es pura invención del hombre, no así de la naturaleza con la que una vez conviví en delicada armonía y felicidad...


Ya no siento más...
Todo ha acabado…
No sé cuanto tiempo ha transcurrido...


José Fernández del Vallado. Josef. Febrero 2009.

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