miércoles, diciembre 24, 2008

Mi Único Público.

Hundía el talón hacia arriba saltaba y machacaba el aro sin compasión, y el tablero, hecho trizas, saltaba difuminado en mil pedazos: Ése era mi sueño.
Eran muchas horas de práctica y soledad. Mi único público, mis abuelos, observando desde su porche, sentados en sus hamacas, y yo sin ir a saludarlos.

Todas las tardes salía del autobús del colegio, me cambiaba, cogía el gastado balón de cuero de baloncesto y me ponía a hacer fintas imaginarias a mi propia sombra y al gran Brabender, les echaba partidos y los derrotaba. Al poco de estrenadas, destrozaba las zapatillas. Mi madre empleaba muchas horas en remendarlas antes de comprar unas nuevas.
Un día, por fin, mi profesor de deportes me lo dijo; contaba conmigo. Me seleccionó para jugar la final del campeonato de baloncesto con el equipo del colegio. Me cambié, estaba más nervioso que un flan, y cuando salí todavía más. Las gradas estaban repletas de gente. Me senté en el banquillo, tiritaba de nerviosismo y espanto. Pasó el primer tiempo y a inicios del segundo, el profesor me indicó que saliera. Por primera vez de verdad había público y coreaban mi nombre. Yo siempre había deseado tener público, muchísimo público, y ahora que lo tenía sentí mucha vergüenza.
El primer balón que me pasaron me quemó en las manos y lo perdí; el segundo, un pase adelantado, también se me escapó; el tercero me escapé en solitario y con la canasta a mi disposición salté esmaché y el balón salió propulsado hacia fuera; el cuarto balón se me estampó en las narices; no hubo quinto, me retiraron.
Lástima que nadie llegará a saber lo buen jugador que fui, excepto mis abuelos. Aquel atardecer cuando llegué mis padres no estaban, desconsolado, no quise salir a entrenar. Llamaron al teléfono, atendí de malhumor, era mi abuela. No me preguntó por el partido, en cambio, me dijo.
“Pepe es hora de entrenar. Nosotros, tú público, como todos los días, esperamos con ilusión que aparezcas.”
Instantes después estaba con el balón bajo el brazo, visitándoles. Me invitaron a un chocolate con churros. Años después me convertí en un gran experto en baloncesto; hoy sé mucho de ese deporte y de otros. Pero sobre todo sé que para ganar es fundamental aprender a disfrutar de muchas y buenas derrotas...

José Fernández del Vallado. Dic 2008.




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