domingo, mayo 31, 2009

Claro de Luna.



A mi hermano le gustaban los bichos, los libros de Edgar Allan Poe y reírse; era su forma de ser. A mí me gustaba la música de Mozart y Beethoven, sobre todo el “Claro de Luna.”
Pese a nuestras diferencias, aquel verano achicharrante, nos compenetramos. Caminábamos por el monte, yo sin separarme de mis partituras y él con su caza mariposas. Yo le enseñé a dar el Do de pecho, y el me enseñó que las salamanquesas son hombres que de mentir encogieron, hasta perder la vergüenza y el color, por eso se esconden y nunca tienen el mismo matiz.

Cansado de que no lo dejaran tranquilo, un año decidió irse a otro mundo o a dondequiera que esté.

Un día, Daniel Barenboim iba a interpretar el Claro de Luna de Beethoven. Yo no tenía edad para asistir ni dinero para las entradas, e instantes antes de que comenzara, desesperado, mentí.

Una vez en la sala comprobé que todas las butacas estaban ocupadas. No me importó, disponía del techo para mí. Cambie del rosa avergonzado al blanco sereno y el “Claro de Luna” fue un azul intenso del cielo, una luna llena y rotunda. Los ojos de una salamanquesa me miraban. Serpenteando se acercó a mí y me dijo.
- Tenías razón. El Claro de Luna resplandece incluso en las noches sin luna de Edgar Allan Poe.

Era mi hermano.

José Fernández del Vallado. Josef. Julio 2008. Arreglos mayo 2009.




Reacciones:

45 libros abiertos :

Post más visto

Otra lista de blogs