domingo, octubre 12, 2008

Acerca de la juventud.

Siempre he sido joven, al menos me he considerado como tal. Primero fui un joven de ocho años, luego de quince, más tarde de veintiocho, después de treinta y cinco y ahora soy un chiquillo que campa por ahí con sus cuarenta y seis tacos.
La verdad es que siempre estuve en el grupo de los jóvenes. En las reuniones me sientan a la antigua mesa de los jóvenes; en las fiestas destaco entre los jóvenes albinos; me gusta la música joven que oigo en viejos vinilos, igual que los jóvenes visto con viejos jeans; desde que nací practico un estilo antiguo de vida a la nueva usanza. Escribo para los jóvenes libros antiguos con historias rebosantes de novedad.
Amo el amor joven, el amor en su fase de insensatez; amo la insensatez milenariamente tierna, e incluso podría decirse que soy tan insensato que pierdo la memoria cada día y vuelvo a nacer de nuevo.
Los jóvenes llevan siglos diciendo de mí que parezco joven, lo cual no me extraña, no saben que todos los días bebo un viejo elixir que me renueva. Mi novia es una joven promesa que espero se haga realidad antes de que envejezca. Mis amigos no son viejos, sino jóvenes rejuvenecidos. Mi casa es la más nueva del barrio porque fue la primera que se construyó. Desde hace treinta años tengo diez perros, ninguno ha muerto, todos están contenidos en una joven y sana perra que se llama Carlota y tiene la edad de siempre. Nunca seré viejo y tampoco moriré porque la vida siempre estará en mí: Activa, feliz, llena de amor y color, como una eterna juventud.

José Fernández del Vallado. Josef. 2008.


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