viernes, octubre 03, 2008

Sentí que no era como Siempre...

Hoy tuve un sueño. Hacía un día diferente, olía distinto... Abrí la puerta y pude ver como frente a mí se extendía una gran lengua de fuego invitándome a seguirla. Era una lengua de deseo, y comprendí que anhelaba salir, y perseguir el camino hasta adentrarme en un paraje desconocido y diferente donde el tiempo deje de existir y presionarme, y así desprenderme del peso de su inexorable yugo de encima. Un lugar donde el sexo sea, además de un juego placentero, mucho más; y el amor una relacción sin más consecuencias que las de la honestidad, sin mentiras, ni odios encubiertos. Un lugar donde hablar con los animales y conocer cómo piensan a fondo. Donde las asignaturas pendientes con la vida lleguen a buen término. Donde privarse de la vista, el oído o el habla, no suponga mayor inconveniente que perder un mechero barato. Donde una sonrisa no tenga precio y un gesto de dolor signifique placer. Donde la palabra arma esté bajo una severa condena y la palabra paz deje de ser un vano pretexto. Donde las enfermedades incurables sólo sean un mito. Donde los seres desnutridos y analfabetos se nutran de inteligencia. Donde los empachos de arrogancia y poder desemboquen en vertederos. Donde los emigrantes sean emigrados y los emigrados emigrantes. Donde una enseña nacional incolora luzca el lema: “De ninguna lugar y de todos a la vez.” Donde el grito “Patria y libertad” sea corregido por el de “Pan, ocio y libertad”. Y la dictadura quede reducida a “docto.” Y a la incultura se le de un significado escultural. Y la vida deje de ser una peregrinación sin sentido. Y nosotros muñecos rellenos de trapo. Y la muerte no sea más que un bello velo de tul. Y la tierra en lugar de un queso gruyere uno de bola. Y el cielo un infierno de pasiones encendidas. Y el infierno una estufa de calor. Y xenofobia sea igual a seno. Y el odio se transforme en una canción de sosiego. El sitio donde en lugar de comernos los unos a otros alimentemos al lugar...


Hoy tuve un sueño diferente, y cuando desperté olía diferente, veía diferente, sentía diferente y necesitaba vivir de una forma diferente.
Así que hice mi equipaje. En conjunto todo consistía en mí mismo y unos cuantos pedazos de tela para cubrir mi desnudez. Abrí la puerta y salí. Me fui lejos, muy lejos. Nadie me volvió a ver jamás y solo unos cuantos supieron que yo estaba allí. Había cruzado las puertas de la vida.



José fernández del Vallado. josef 2008



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