lunes, mayo 04, 2009

Tengo el poder...



Aquel verano vinieron mis primas de Estados Unidos y todo fue diferente. Eran unas chicas guapas y extrañas, y no había forma de entenderse o de entenderlas. Yo en cambio, sabía de subir a los árboles, seguir a las vacas, cazar escolopendras amarillas y contar sus anillos.
Mientras en casa, mis padres recibían a unos soldados vestidos de negro, todos llevaban la misma calva recortada y redonda en la parte alta de la cabeza, una insignia blanca en el cuello, y hablaban de amor y de paz en tonos cada vez más bajos y asustados.

A atardecer, cuando las chicharras cantaban frenéticas, se reunían y oían radio BBC para ver qué decían unos países en los que había paz sobre el nuestro, y cada vez decían menos, o nada.


Sólo tuve el poder unos días, quise hacerme invisible y lo logré. A la hora de la siesta recorría la casa y pillaba a las muchachas en el patio hablando de chicos, besos y amor, a mi padre en el cuarto de estar leyendo libros sobre “¿república?,” a mi madre recosiéndome la chaqueta azul para el cole, pero lo que más me maravillaba era espiar a mis primas, eran marcianas.
Entraba en su cuarto me sentaba tras ellas y las oía hablar durante horas hasta que un día, de pronto, pude entenderlas y supe de qué hablaban y dirigiéndome a ellas les pregunté.
— ¿Querer jugar en roca grande en la montaña? Allí tener cabaña.
Ambas asintieron y dijeron a la vez.

— Yes.
No había duda, ya no tuve problemas, hablaban en indio. Perdí mi invisibilidad y nunca la recuperé, pero adquirí otros poderes de los indios y los sigo conservando, uno de ellos, muy poderoso, se llama Coca Cola.

José Fernández del Vallado. Josef. Mayo 2009.






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