viernes, septiembre 26, 2008

ARCOIRIS.


Los niños jugaban a atrapar la luz del arcoiris. Sucios de barro, ascendieron una nueva colina y tampoco lo hallaron. Kiwana se sentó sobre una roca y se preguntó: ¿por qué no se deja atrapar? El estallido de un trueno, seguido por un destello de chispeantes hilos en el horizonte, rasgó el silencio y provocó que alzara la cabeza. Su hermano Kiwa, echó a correr colina abajo, desapareció tras un matorral. Una manada de antílopes inició una estampida. A su lado, descubrió unos ojos amarillos; la observaban. No se movió y lo entendió. El Dios león acababa de cazar el arcoiris...



José Fernández del Vallado. josef. Sept 2008.



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