jueves, septiembre 18, 2008

Olvidar.


Llegas a un país desconocido tras recorrer miles de kilómetros. Cansado, emocionado, ansioso, voluble, abierto, deseando encontrarte con la persona que has soñado; deseando más que nada conectar con el alma del ser humano en cuestión. Deseando abrirte de forma incondicional. Deseando buscar la felicidad añorada. Deseando ser tú mismo y mostrarte tal cual. Deseando ser libre de una vez por todas de las cadenas que oprimen tu vida. Deseando no volver a ser el mismo. Deseando no repetir tus errores. Deseando que todo sea diferente. Deseando experimentar un cúmulo de objetivos maravillosos, irrepetibles. Deseando ¿demasiados deseos tal vez...?

Tomas tierra en un planeta diferente. Que funciona de otra forma, son otras las costumbres, otra la mentalidad, otro el ritmo, otros los sonidos, los olores, las sensaciones. Tienes apoyo; el que se te da. Suficiente. Has tomado la decisión. No hay marcha atrás. Existen las ilusiones. Las ilusiones de un viaje conjunto, las ilusiones de descubrir parajes hermosos, las ilusiones de experimentar recorridos, las ilusiones de abrirse caminos, las ilusiones de dar un salto en la vida, las ilusiones de conocer lo desconocido, las ilusiones de encontrar un calor diferente, pero a fin de cuentas, calor. Las ilusiones de no volver a fracasar. Las ilusiones de estar a la altura de las circunstancias. Las ilusiones de encontrar ese amor, en una palabra, el amor. ¿Demasiadas ilusiones, tal vez?

Comienzas a viajar por esas tierras. Y encuentras paisajes que nunca admiraste. Encuentras ciudades inexploradas. Encuentras rutas de una belleza singular. Encuentras gentes de una humildad diferente. Encuentras soledad hacia el sur. Encuentras pobreza en lugares de extrarradio. Encuentras violencia encubierta. Encuentras caminos vacíos de vida y colmados de enorme belleza. Encuentras majestuosidad cercana y lejana. Encuentras un frío que no buscas. Te encuentras solo. No encuentras a la persona. Dejas de encontrar y buscas algo a lo que agarrarte... No encuentras... Buscas, buscas sin saber, buscas sin conocer, buscas hasta agotar tu frontera en una búsqueda sin fin. ¿Demasiada búsqueda tal vez?

La búsqueda se ha terminado. Encuentras un billete de regreso.

Dejas un país desconocido tras transitar miles de kilómetros. Cansado, sin emociones y con todas las emociones estallando en tu interior, voluble, triste, sin comprender, lleno de imágenes abstractas, deseando encontrar la persona que soñaste en tu imaginación. Preguntándote dónde estaba esa felicidad añorada. Preguntándote si podrás ser libre de una vez de las cadenas que oprimen tus sentimientos. Preguntándote si tendrás que volver a ser el mismo de antes. Preguntándote cómo hacer para no repetir los errores. Preguntándote cómo hacer para que todo sea diferente. Preguntándote qué falló o quién ha fallado. Preguntándote si alguna vez podrás experimentar esos objetivos que anhelaste. Preguntándote si cuando vuelvas todo seguirá como lo dejaste. Preguntándote por qué no has tenido el coraje para quedarte. Preguntándote qué hay de raro en que todo funcione al revés, si al fin y al cabo es igual. Preguntándote ¿demasiadas preguntas tal vez...?

Apoyas la cabeza en el respaldo del asiento. Una azafata te descubre y con inquietud pregunta por tu estado. Estás bien, le aseguras. La vida continúa, es ya un eterno carrusel y nunca descansa ni te permite descanso ¿Ha sido un bonito viaje? Sí. Por qué no. Gracias a Dios, si existe. Hasta la próxima.
Cierras los ojos, el avión despega, se aleja, vuela muy alto, hacia tu otra eternidad; quieres dejar de pensar. Dejar de vivir. Dejar de sentir. Dejar de llorar en tu interior y olvidar...

José Fernández del Vallado. Josef. Sept 2008.


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